Según el último informe publicado por el IDR sobre fruticultura no tradicional, en Mendoza el 80% de la producción frutícola, descontando el desarrollo vitivinícola, está concentrado en cuatro grandes cultivos: olivos, ciruela, durazno y pera. En general, en la provincia hay pocos emprendimientos con especies frutales no tradicionales, y estos son de poca extensión en cuanto a la superficie cultivada.
Datos del último censo frutícola indican que en la provincia hay un total de 16,5 hectáreas de castaño; 23,2 hectáreas de pistacho; 36,4 hectáreas de higo y 17,7 hectáreas de granada, las especies más relevantes entre las no tradicionales.
"La fruticultura en Mendoza ha sido variada. La provincia siempre ha tenido en su cultura una concepción sobre enriquecer el pool de especies que cultivamos", dijo desde el IDR Alfredo Baroni, uno de los encargados del informe.
Para Baroni, la superficie que existe todavía es muy chica e incipiente, sin embargo, la mayoría de ella tiene menos de diez años, lo que habla del interés por probar otras opciones. "Es una alternativa más que tienen los productores. El problema es que no existe mucha información disponible sobre estos nuevos cultivos, lo que muchas veces hace que sea el productor el que tiene que invertir y realizar su propio estudio".
Granadas, una alternativa
Mendoza, parece ser un lugar ideal para el desarrollo del cultivo de granada. En este sentido, el INTA ya se encuentra investigando algunas variables.
El granado se cultiva en Mendoza tradicionalmente como un frutal de consumo familiar. Existe el cultivo en forma aislada básicamente, si bien actualmente se implanta con fines comerciales. Sus condiciones de tolerancia al estrés hídrico y salino lo convierten en un cultivo atractivo desde ese punto de vista.
"Actualmente no existen datos de rendimiento en ensayos. Recién se ha implantado un ensayo de distancias de plantación en la EEA Junín INTA con el objetivo de conocer el comportamiento del cultivo en distintas densidades. Se estima que por los antecedentes de plantas aisladas su comportamiento será adecuado, pero se precisan resultados para validar estas presunciones", dijo el técnico Antonio Weibel, del INTA EEA Junín.
Para Weibel, la floración tardía del granado (octubre) sería una ventaja en relación a otros cultivos. Además, se estima que requiere entre un 20% a 30% menos de agua que cualquier otro frutal, ubicándolo en una posición privilegiada. Su alta tolerancia a la salinidad también lo adaptaría a nuestras condiciones y a aquellas áreas hoy marginales.
Se estima que su rendimiento oscila los 30.000 kilos por hectárea.