9 de marzo de 2013 - 00:49

El plan de los Castro para quedarse con Venezuela ya está Maduro

Chávez se fue y con su muerte se cierra un capítulo en la historia de toda la región. Los millones de venezolanos que lo despiden de buena fe, con muestras impresionantes de amor mezcladas de angustia y un dolor desgarrante, eclipsan la verdadera saga de jugadas políticas que se desarrollan entre Caracas y La Habana.

La internación en aquella capital insular fue una decisión motivada principalmente en la posibilidad de mantener todo en el más absoluto secreto. El régimen cubano sabe bien de este tema por conocimiento y prácticas propias y por la herencia soviética.

Para los hermanos Castro se les abrió además una posibilidad casi única. Se les alinearon varios factores: el mito de su medicina de alta calidad, su condición de mentores del chavismo y la elección de Maduro, uno de sus más fieles seguidores, como sucesor y encargado de toda la transición. Así las cosas desde hace varias semanas están tomando importantes decisiones sobre Venezuela y su futuro.

La historia demuestra que estos dos aristócratas cubanos devenidos en líderes revolucionarios saben aprovechar bien las oportunidades. Derrocaron a Batista y rápidamente se aliaron al enemigo del amigo de su enemigo, la Unión Soviética. Con gran pragmatismo acordaron en nombre del socialismo y la revolución con el muy conservador régimen que gobernaba desde Moscú. Una vez que este imperio colapsara después de la caída del Muro de Berlín, sobrevivieron como pudieron hasta la aparición salvadora del mismo Chávez y su petróleo. Ahora tienen la oportunidad de ejercer un control mucho más fuerte a través del Vicepresidente en ejercicio allá en Caracas.

Nicolás Maduro, ex dirigente del PC, claramente representa dentro del chavismo a los grupos más pro castristas en contraposición a Diosdado Cabello, que encabeza al componente militar y a la boliburguesía que creció al amparo de la enorme renta petrolera del país. Estos dos últimos sectores ven con preocupación y algo de recelo la expansión de esta nueva influencia cubana en el epicentro mismo de la revolución bolivariana.

En este sentido, suena al menos extraño cómo todas las decisiones importantes de los últimos tiempos referidas a la salud del comandante y a su sucesión en el poder fueron tomadas por los venezolanos en La Habana con la atenta supervisión y consejo de los líderes cubanos.

El plan contempla el sostenimiento de Maduro en el poder a toda costa, aun a riesgo de violar nuevamente la Constitución Nacional y su posterior ratificación por la voluntad popular. Algo que no parece difícil si se tiene en cuenta que las elecciones serán en pocas semanas, cuando el dolor y la angustia de la pérdida se sientan todavía muy fuerte, lo que sumado a la fábula conspirativa de la inoculación de la enfermedad permita ir conformando un escenario en donde el espíritu de Chávez pueda aún sacar más votos que los obtenidos por él mismo en octubre pasado.

Los últimos discursos del Vicepresidente se notan mucho más extremistas que los del propio fundador del bolivarianismo. Casi como los de los combatientes de antaño de la Sierra Maestra. Algo peligroso hoy en día, si se tiene en cuenta que casi la mitad de los venezolanos no adhieren a ese proyecto.

Los Castro una vez que llegan no se van. Salvo por la edad o la enfermedad. Aunque ya ancianos y cansados, sus ansias revolucionarias expansivas siguen casi intactas. Mucho más si se trata de un país enorme y extremadamente rico como Venezuela. Su plan ya está en marcha y parece estar Maduro.

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