"El individuo y el pueblo que se han inhabilitado para verse los defectos, se han inhabilitado para corregírselos"
Agustín Álvarez. "Manual de Patología política" (del año 1899).
"El individuo y el pueblo que se han inhabilitado para verse los defectos, se han inhabilitado para corregírselos"
Agustín Álvarez. "Manual de Patología política" (del año 1899).
El kirchnerismo pasará como pasa todo, pero sus prácticas políticas más criticables no desaparecerán tan fácilmente porque ninguna de ellas es de su propia invención, sino que obedecen a patologías que anidan en nosotros, algunas de forma permanente y otras ocultas circunstancialmente por algunas ráfagas renovadoras de la historia pero siempre esperando renacer apenas aparezca la ocasión propicia.
Eso no quiere decir que no sepamos mejorar nuestras costumbres más defectuosas, con muchas lo logramos, pero existe un núcleo que parece no querer abandonarnos jamás. En esta década ellas han reaparecido con todo su frenesí y no parecen disgustarnos por la bonhomía con que las asumimos, aunque de la boca para afuera digamos estar en desacuerdo. He aquí un pequeño listado de incorrecciones, o, como diría Agustín Alvarez, patologías políticas argentinas.
Hiperimitadores. Alguna vez nos hemos referido a Zelig, el desopilante personaje creado por Woody Allen, cuyo afán desesperado de agradarle a todo prójimo que se le acercara, lo llevaba a transformarse en ese prójimo de modo literal. Si bien eso significaba la pérdida absoluta de su personalidad, al menos la imitación que lograba era perfecta. Otros imitadores más inteligentes copian de los demás aquello que necesitan, pero dejan de lado lo innecesario. Sin embargo, nosotros no somos ni una ni otra cosa. Hipercopiamos, vale decir exageramos en la copia. Ni siquiera nos alcanza, como sí a Zelig, transformarnos en la copia literal del otro, sino que lo hacemos en su versión extremista.
Si no vean lo que hizo Menem con el neoliberalismo, que lo sobreactuó tanto que frente a él Reagan, Bush y Thatcher parecían moderados. En la época de la dictadura militar algunos de sus testaferros económicos decían que como EEUU e Inglaterra estaban más avanzados en las privatizaciones que nosotros, nosotros debíamos hacerlas más rápido y con mayor profundidad para poder equipararnos a ellos.
Imitadores de lo peor. El kirchnerismo quiso adoptar política y culturalmente un modelo que rescatara la parte más transgresora del primer peronismo, la más "revolucionaria", y tornarla compatible con la principal herencia que reivindica: la setentista de izquierda. Sin embargo, o no pudo encontrar nada bueno por izquierda en el peronismo de Perón o copió mal, pero lo cierto es que sus grandes rescates culturales son más reaccionarios que progresistas: el culto a la personalidad, el odio al periodismo y el adoctrinamiento cultural. No las cosas buenas del peronismo, que fueron muchas.
Néstor, Néstor, qué grande sos. En efecto, nunca desde el primer peronismo se cubrió tanto la escena pública nacional con homenajes, personalizados esta vez en Néstor Kirchner, poniéndole su nombre a todo lo que se tenga en mano. Y no se trata de una especie de culto popular como era en los 50, sino de una mera religión oficial de burócratas que son los únicos que impulsan esos reconocimientos, porque ningún sector social, ni siquiera los más humildes, los reclaman como hacían con Perón o Evita. Arturo Jauretche, uno de los peronistas más admirados por el kirchnerismo, le criticó siempre a Perón el culto a la personalidad, tanto que terminó muy mal visto en los últimos años de los gobiernos justicialistas.
La prensa o es oficialista o es canalla. El odio al periodismo, según el brillante ensayo en que Silvia Mercado ("El inventor del peronismo") investigó que Néstor Kirchner se inspiró en el secretario de comunicaciones de Perón, un admirador del nazifascismo llamado Raúl Apold, que compró con dinero o prebendas a la élite artística de ese tiempo y a quien no pudo comprar lo censuró. Apold sostuvo su política cultural en la adhesión de las estrellas famosas al peronismo. A radios y diarios los hizo oficialistas y al resto directamente los clausuró.
Perón me ama, Néstor también. Evita me mima, Cristina también. El adoctrinamiento cultural y educativo fue otra de las peores rémoras del justicialismo que parecían haber terminado para siempre, sin embargo hoy son permanentes las denuncias de teatralizaciones escolares partidarias, o libros y programas de tevé con bajadas de línea en las escuelas, como hace Paka Paka con Sarmiento. Así como hay periodistas militantes, abundan los maestros militantes.
Quizá el logro más apabullante de este adoctrinamiento -no tan feroz como en el primer peronismo pero aun así muy criticable- haya sido la aparición de una mutación sociológica tras la figura de Casey Wander, el chico de 11 años que recita el catecismo K. No buscamos criticar al pibe sino expresar un dato sociocultural de hoy: en cualquier otra época los niños prodigios con un coeficiente intelectual superior al promedio se lucen mostrando conocimientos avanzados de matemáticas, ciencia o historia. O luciéndose en programas de preguntas y respuestas de cultura general.
Pero que un niño con talento especial se dedique a repetir simples consignas partidarias y que para colmo se las festejen los que piensan igual, es algo que causa extrañeza cuando menos, que nos habla de una época en que son valoradas como positivas cosas que en otro clima más normal serían muy criticadas.
La inflación que amamos tanto. La inflación es una patología en sí misma, que, lamentablemente, ya parece haberse incorporado a nuestra naturaleza nac y pop de un modo carnal imposible de extirpar. Todos los países que sufrieron hiperinflación luego cayeron hasta en el exceso contrario para no tenerla nunca más. Nosotros, en cambio, en vez de combatir el mal lo incorporamos a nuestra naturaleza. Normalizamos la enfermedad, gozamos con el vicio y logramos que nos deteriore permanentemente pero que no nos mate. Por eso una inflación del 40% nos parece algo tolerable.
Los pacientes alcohólicos con ganas de sanarse se aplican el remedio de no tomar. O sea, sacan del cuerpo la enfermedad; nosotros, en cambio, adaptamos nuestro cuerpo a la enfermedad a ver si podemos seguir tomando aunque sea un poco, viviendo mal, sí, pero con el vicio que nos da placer inconfesable. No existe ninguna posibilidad de que el Indec nos haya mentido alevosamente tantos años sin que nuestras quejas no hubieran terminado con él. Alguna complicidad, inconsciente, debemos tener con la inflación.
Leyes con nombre y apellido. Agustín Álvarez critica el exceso legislativo nacional, el hacer y hacer leyes que jamás se cumplen, que son meras abstracciones leguleyas porque no responden a nuestra naturaleza cultural. En los últimos meses el gobierno ha lanzado una verdadera andanada de leyes, decisiones y decretos que más que no responder a nuestra naturaleza, son medidas hechas para fines individuales. O sea, se legisla en general para premiar o castigar a alguien en particular, por lo cual el daño que se le hace al sistema institucional es mucho mayor que el de meramente hacer leyes incumplibles.
Así, para salvar a Amado Boudou echan a medio Poder Judicial.
Para no pagarles a los buitres le declaramos la guerra a Obama (menos mal que éste nos ignora y no se dio cuenta). Pero para que los buitres no investiguen a Lázaro Báez, parece que ahora le queremos pagar lo que no le queríamos pagar. Sin embargo, como hicimos leyes para no pagarles, tendremos que derogarlas y hacer otras leyes para poder pagarles.
Para destruir a una empresa nacional pero enemiga del gobierno como Clarín, se le pretende entregar el sistema comunicacional entero del país a empresas telefónicas extranjeras y ultraoligopólicas. Para atacar a Clarín se hace la Ley de Medios que desconcentra, pero para defender a las telefónicas se hace la Ley de Telecomunicaciones que ultraconcentra; nada más contradictorias que ambas leyes entre sí.
Para que se vayan las privatizadas extranjeras las obligan a no aumentar las tarifas. Ellas se van pero nos hacen un juicio internacional y al final les tenemos que pagar todo actualizado, a la vez que debemos importar toda la energía que antes producíamos en el país y que perdimos al subsidiar por igual a pobres y ricos, con el fin de ganar votos de pobres y ricos. Así nos va.