Después de la intensa lluvia vespertina, llega el joven a casa y dice: “Vengo pasado por agua”. Me pongo a analizar el significado de lo que acaba de afirmar y encuentro que ‘pasar por agua’ tiene más de un valor: referido a la lluvia, alguien está ‘pasado por agua’ cuando se ha mojado en exceso y está empapado; pero, en la cocina, la locución indica que algo se cuece a medias, por ejemplo, un huevo.
Además, en el plano de los negocios o asuntos a los que se debe dar solución, si han quedado ‘pasados por agua’ significará que han quedado inconclusos. El vocablo ‘agua’ forma parte de innumerables locuciones, con los significados más diversos.
Así, todos hemos oído hablar del ‘agua bendita’ y del ‘agua blanda’, para aludir, respectivamente, al agua sacralizada, mediante un rito, y usada en diferentes ceremonias, o, en el segundo caso, a un agua con pocas sales.
En el ámbito marino, la locución interjectiva ‘¡hombre al agua!’ significa una advertencia de que alguien ha caído en las aguas del mar.
Si se trata de límites, no es lo mismo hablar de ‘aguas jurisdiccionales’ que de ‘aguas internacionales’: las primeras nombran la zona marítima adyacente a la costa, hasta doce millas marinas; en ellas los estados ejercen soberanía plena. Las internacionales aluden a la zona marítima exterior.
Muchos hemos disfrutado con la obra de Laura Esquivel, Como agua para chocolate, en la cual la autora vincula sentimientos y elementos culinarios; el título está tomado de la locución homónima, con valor adverbial, usada en Colombia, Costa Rica, Cuba y El Salvador; significa “en actitud colérica”.
¿Por qué nos ‘ahogamos en un vaso de agua’? La expresión, (también ‘ahogarse en poca agua’), tiene el valor de afligirse por algo poco importante. Existen algunas locuciones verbales, no demasiado usadas en nuestro país, con connotaciones originales: cuando cesa de llover, se dice que ‘el agua se alza’; y cuando se afirma que ‘le baila el agua a alguien’ se querrá decir que se hace para esa persona, por cariño o por adulación, lo que se supone que ha de resultarle agradable.
Otra locución no demasiado conocida es ‘bañarse en agua rosada’: alguien se alegra mucho del bien o del mal ajeno, o se regocija al ver el desengaño o el perjuicio de otro que no aceptó sus consejos o que no le obedeció.
Si trabajamos en vano, podremos afirmar que ‘tomamos agua en cesto’; si algo fluye abundantemente, usamos la locución ‘como agua’: “El dinero le llegaba en grandes cantidades, como agua”. Cuando una persona nos brinda una explicación absolutamente entendible, diremos que fue ‘claro como el agua’.
Si un asunto es de poca importancia o de consistencia liviana, se dirá que es ‘de agua y lana’.
Al poner una persona todo su empeño para conseguir algo, se dirá, metafóricamente, que ‘echa toda el agua al molino’, en clara alusión al molino que usa la energía cinética del movimiento del agua.
También el molino aparece asociado al agua en otras frases: ‘llevar alguien el agua a su molino’ significa que esa persona dirige en su provecho exclusivo aquello de lo que puede disponer: “No hace las cosas en beneficio de todos, solamente le interesa llevar agua para su molino”.
‘No va por ahí el agua al molino’, expresión hoy en desuso, equivale a indicar que lo que alguien propone no resulta adecuado al fin perseguido. Si se dice de alguien que ‘se echa al agua’, se querrá significar que se decidió a enfrentar un peligro.
Y si decimos que ‘le entra agua al bote’ aludiremos a un asunto que se torna difícil. Por otro lado, hay una expresión que significa falta de definición, en un asunto, por reserva o cautela: ‘nadar entre dos aguas’.
También, la falta de decisión, de energía o de personalidad queda reflejada en la locución ‘ser agua tibia’. Cuando usamos la locución ‘escribir en el agua’, equivalente a ‘escribir en la arena’ estaremos dando a entender que se enfrenta un asunto con poca firmeza o que la duración va a ser efímera.
Existe una locución que da cuenta del apuro ante un peligro inminente: ‘estar con el agua hasta la boca’ (el cuello, la garganta); y de un proyecto se dice que ‘hace agua’ cuando se presenta débil o da indicios de fracaso.
En cambio, si se obtienen resultados positivos cuando no eran esperables, se dirá que ‘se sacó agua de las piedras’.
Finalmente, así como la fiebre puede aminorarse colocando paños fríos sobre la frente del enfermo, una situación dificultosa puede aliviarse mediante alguna solución atenuante.
Entonces, se dice ‘poner paños de agua fría’. Lo contrario, ‘poner paños de agua tibia’, es haber recurrido a un remedio totalmente ineficaz. Quisiera hacer una observación de índole normativa: el sustantivo ‘agua’ es de género femenino, pero antepone el artículo masculino ‘el’ por razones de eufonía, por ser su primera sílaba tónica y no resultar adecuado el encuentro de la ‘a’ del artículo y de la ‘a’ inicial del sustantivo.
Lo mismo sucede con ‘arma’, ‘aula’, ‘arpa’ y con sustantivos que comienzan con ‘ha-‘ tónica, como ‘hada’ y ‘hacha’. Cuando en cualquiera de estos casos, el acento se desplaza a la sílaba siguiente, el sustantivo volverá a ser precedido por el artículo femenino pues desaparece el problema al que aludimos. Entonces, diremos ‘la agüita’ o ‘la aulita’.
Pues bien, a pesar de ser ‘la agüita’ la forma correcta, existe una locución adverbial registrada en el diccionario académico en la cual ha quedado plasmada la forma masculina para ‘agüita’.
Se trata de ‘como el agüita’, locución usada en Ecuador, con el significado de “al dedillo”. Puede el usuario realizar la búsqueda como ‘agüita’ (“infusión de hierbas u hojas medicinales, que se bebe después de las comidas”) y verificar esta afirmación.