Del otro lado del mundo, también pasaban cosas. Corea del Sur estaba amaneciendo cuando en Los Ángeles comenzaba la ceremonia de los Oscar. En el lunes de Seúl (la capital), en los edificios de oficinas céntricos solo se sentía una cosa: la transmisión de la gala, que solo pudieron ver a través del streaming. Cuando "Parásitos" ganó, el fervor fue masivo. El presidente surcoreano, Moon Jae-in, inició su reunión de personal con una ronda de aplausos para Bong Joon-ho. Durante la gala, los canales locales intensificaron los flashes de noticias.
Baek Young-hoon (50, cinéfilo) le dijo a un enviado especial del New York Times: "Francamente, no tenía grandes expectativas, porque pensaba que (la Academia) tomaba decisiones conservadoras al seleccionar los premios Oscar". Así se refería a la sabida norma de Hollywood de premiar a cineastas blancos que cuentan historias sobre gente blanca. "Así que esto es una gran sorpresa agradable para los coreanos. Hemos estado esperando el reconocimiento mundial de nuestras películas", completó.
Jae-in felicitó a todo el equipo públicamente en Twitter, y reconoció que los premios "pueden atribuirse a los esfuerzos acumulados de cada cineasta coreano en los últimos 100 años" (en referencia al centenario que acaba de celebrar el cine coreano). En la misma línea, continuó: "'Parásitos' conmovió los corazones de las personas de todo el mundo con una historia coreana única".