27 de diciembre de 2014 - 00:00

Para la crítica, fallido e impersonal

La nueva película de Tim Burton desembarcará en los cines argentinos en febrero de 2015. Fue bastante mal recibida por la prensa especializada.

Que las películas de Tim Burton tienen un sello estético y narrativo que las identifica y las encuadra en esa dudosa categoría que es el llamado “cine de autor” es bastante evidente.

Sin embargo, su película más reciente, “Big Eyes”, no parece responder a esos postulados estéticos y la crítica de los países en los que se estrenó la recibió como “la más impersonal de todas las realizaciones de Tim Burton hasta la fecha” y hasta como “una historia plana y aburrida”.

La película, que llegará a los cines argentinos el 19 de febrero próximo, se centra en la historia real de Margaret y Walter Kane (interpretados por Amy Adams y Christoph Waltz), famosos en los Estados Unidos por unos cuadros pintados por ella pero que él se atribuyó durante mucho tiempo.

Los cuadros retrataban a personajes de grandes ojos -de ahí el título del film- que se hicieron muy populares en los años cincuenta y convirtieron a Walter en un pintor muy conocido hasta que se descubrió el engaño.

Sin embargo, y siempre según la crítica estadounidense, la historia está contada con una sencillez poco habitual en los films del director, y de forma muy lineal, enfatizando más la relación entre los protagonistas que la falsa trama montada alrededor de los famosos cuadros.

Todo el peso recae pues en los hombros de la pareja protagonista, que no puede sobreponerse a una historia convencional y poco original. En el caso de Adams, está tan bien como es habitual en ella aunque le falta la brillantez de otras de sus interpretaciones.

Y en el de Waltz, le sobra histrionismo para un personaje de equilibrio complicado. Pese a ello, ambos están nominados a los Globos de Oro.

La falta de convicción de los actores se une a una narración fílmica que no sobresale por nada y en la que Burton ha buscado tanta sencillez que el resultado es una historia humana pero plana.

Un intento quizás de cambio de registro que, supuestamente, le ha salido mal al realizador, que se ha encasillado tanto en su estilo barroco y excesivo que hace muy difícil creer una historia simple, colorida y brillante como es “Big Eyes”.

Y termina cayendo en la misma falsedad que las miles de personas que compraron los cuadros de Keane, creyendo que era arte original cuando eran obras de otra persona y además copias multiplicadas del mismo motivo.

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