22 de marzo de 2013 - 22:54

El Papa hace milagros, pero no todos

En palabras, gestos e incluso algunos hechos, el naciente papado de Francisco parece haber producido buenos cambios sobre la Presidenta. Pero el Papa no podrá mejorar la economía.

Todavía incipiente, el papado de Francisco ya opera milagros, al menos en Argentina, sobre todo en la Presidenta, pero también -salvo excepciones, y por tal, contadas- entre los seguidores del modelo inaugurado hace una década.

Después del trago amargo que en privado tuvo que superar ni bien conocida la elección de Jorge Bergoglio, Cristina Fernández adoptó un comportamiento público de jefa de Estado, acomodándose al nuevo escenario. Nada objetable, después de todo: tiene raigambre y formación política en el peronismo, un movimiento que en mucho, aunque no sólo por eso, debe su supervivencia a su capacidad mutante, su oportunismo. Superado a nivel continental únicamente por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), hoy de vuelta en el poder de México que ejerce desde hace un siglo, con el único interregno de la oposición de derecha, la última década.

Pero el acomodamiento presidencial a la irradiación de Francisco en los días inmediatos a la elección papal tuvo una profundización gestual y verbal en las jornadas que siguieron, tras la reunión-almuerzo con el Papa y su presencia privilegiada en el acto de entronización. Desde entonces Cristina busca parecerse más a la Madre Teresa de Calcuta que a la Dama de Hierro de su sexenio en la Rosada.

El acto con el que el viernes encabezó el 37 aniversario del último golpe de Estado estuvo pleno de mensajes de ese cambio. "No nos vamos a pelear, nos vamos a entender los argentinos de una buena vez por todas"; "no podemos tener la soberbia de pensar que nunca nos equivocamos"; "que aflore únicamente lo bueno y lo mejor", y "dejar de lado lo malo, lo feo, el odio", fueron frases inimaginables en la boca de la Presidenta. Pero esos dichos también estuvieron acompañados por hechos: al acto en el ex centro clandestino de detención de "Mansión Seré" fueron invitados los integrantes vivos de la Conadep, la comisión que en 1984 recogió los testimonios sobre las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura, entre ellos algunos críticos de su Gobierno.

Todo un cambio, en ese sentido, respecto de la suerte de apropiación del tema de los derechos humanos que había hecho el kirchnerismo y que tuvo su punto máximo cuando en el acto de recuperación de la Esma, el entonces presidente Néstor Kirchner llegó a ignorar olímpicamente el gran mérito de Raúl Alfonsín: los juicios a las juntas militares.

¿Mero oportunismo presidencial? ¿Síntomas del "milagro" operado por Francisco? Por lo pronto puede arriesgarse que hay un intercambio de mensajes entre el Vaticano y la Rosada. La Presidenta parece corresponder a la desaparición del fantasma que más temía: el jefe de los obispos argentinos, monseñor José Arancedo, le confirmó que la agenda del Papa no incluye visitar la Argentina antes de las legislativas de octubre. Sí, en cambio, estará tres meses antes en el encuentro mundial de jóvenes de Río de Janeiro. Cualquiera sea el mensaje que pueda dar allí el Papa argentino, buscará ser entendido como un mensaje preelectoral, a favor o en contra, tanto por el kirchnerismo como por sus opositores, aun cuando no vaya a ser esa su intención.

Las encuestas de los últimos diez días post elección de Francisco coinciden en que el hecho tendrá consecuencias político-electorales sobre el Gobierno. De suceder así, la pregunta que surge es si las distintas vertientes de la oposición están en condiciones de capitalizar esa pérdida. Nada indica que así ocurra, a juzgar por la dispersión. El único polo de atracción dentro del peronismo que representaría Daniel Scioli con su promesa de "continuidad con cambios" en 2015 no parece prosperar, pese a los amagues.

El dinero que la Rosada le niega a Scioli se lo da con autorizaciones para emitir deuda a Entre Ríos y Chaco: el gobernador Sergio Urribarri suena en Olivos como el continuador del proyecto kirchnerista, con el reservado hombre de mayor confianza de Cristina, Carlos Zanini, secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, como segundo; el plan alternativo en caso de que el panorama emergente de la legislativa de octubre no le alcance para impulsar una reforma constitucional pro re-re.

Pero todo dependerá, esta vez más que en las anteriores elecciones de la década, de la economía. La disparada del dólar paralelo no es más que un síntoma de los desajustes no atendidos, o mal atendidos, de los últimos años. Por supuesto, las diferencias sobre cómo afrontarlo quedaron expuestas en la semana: la titular del Central le tira la culpa al de la Afip, que se la devuelve. Los recursos a los que apelará la Presidenta en los próximos días (apertura de importaciones para bajar precios en alimentos; búsqueda de un acuerdo sindical-empresarial con el mismo fin) apuntan a llegar a octubre sin hacer ajustes. Después, quizás los haga. Por desgracia, en los problemas de la economía, el Papa no hace milagros.

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