21 de junio de 2015 - 00:00

Papá en pantalla grande

Es uno de los temas favoritos de los grandes directores: la relación padre-hijo. Aquí, una selección de los títulos que -según nuestra óptica- mejor abordaron ese complejo vínculo detrás del patriarcado.

Cada lector tendrá su preferida: El film noir “Camino a la perdición”, de Sam Méndez ; la comedia inglesa “Un gran chico”, de los Weitz ; la animación de Pixar “Buscando a Nemo” ; “El verano de Kikujiro”, de Takeshi Kitano ; la dramática “The Road”, de John Hillcoat; “Big fish” de Tim Burton o “Kramer Vs. Kramer”, de Robert Benton. Y la lista puede ser interminable.

Como todos los temas universales, lo cierto que desde el comienzo mismo de la industria del cine, el patriarcado se ha desarrollado desde innumerables puntos de vista y en casi todos los géneros y nos ha permitido observar diferencias generacionales y la idealización sobre los límites reales e imaginarios del concepto de ser padre a lo largo de las décadas.

A continuación, nuestras preferidas:

"El Padrino", de Francis Ford Coppola, 1972. En su esencia, en el film de Coppola subyace la resistida lucha por parte de un hijo por aceptar el legado de su padre. Michael Corleone se niega a seguir sus pasos. Él quiere otra vida, no la de los "negocios".

Quiere algo más noble, más honorable y durante la resolución de su dilema, le toca conocer por primera vez a su padre en la intimidad. 
Es muy tierno cuando padre e hijo comienzan a fortalecer su relación casi sin usar palabras.

De todas maneras, hay un montón de ideas desarrolladas sobre la paternidad en toda la trilogía. Vito Corleone en un momento le dice a Michael: “Un hombre que no pasa tiempo con su familia nunca puede ser un hombre de verdad”.

En la secuencia final, cuando Michael termina sentado en el mismo sillón de su padre, podemos ver la expresión de decepción de Kay Adams, al comprender que ahora la transferencia de poder es completa y la puerta se cierra delante de ella con música de Nino Rota. Un clásico.

"Nebraska", de Alexander Payne, 2013. Un anciano alcohólico, Woody, inicia un viaje en camioneta de Montana a Nebraska junto con su distanciado hijo David para reclamar un supuesto premio de un sorteo.

Con esta mínima línea argumental, esta road movie se abre al desolador historial de penas y rencores con el mismo expresionismo frío en que se extienden los paisajes de las llanuras heladas y espectacularmente fotografiadas en blanco y negro.

Sin perder condimentos de humor, la historia se va ajustando al drama, hacia aquellos lugares escondidos donde las heridas del pasado ya no se pueden curar simplemente porque ya es demasiado tarde.

Inolvidables Bruce Dern y  Will Forte en sus roles en este relato sencillo y conmovedor  sobre ese momento de la vida en que los hijos comienzan a transformarse de alguna manera en los padres de sus padres.

"Los Principiantes", de Mike Mills, 2010. Tras la muerte de su esposa, Hal, de 74 años (Christopher Plummer), se asume como gay frente a su hijo Oliver (Ewan McGregor). Le ha sido siempre fiel a su mujer pero ahora quiere divertirse, incluso termina enamorado de un hombre más joven.

Esta explosión de sinceridad comienza a repercutir en la relación con Oliver , que no hace otra cosa que sumar fracasos amorosos hasta que conoce a una actriz francesa que lo confronta con sus inseguridades.

“Tomar el camino de la verdad siempre es preferible, incluso si uno sabe que puede resultar riesgoso para nuestros sentimientos”, le dice Hal a Oliver.  Ambos son principiantes en eso de enderezar sus vidas con honestidad brutal, lo que les permite mejorar sustancialmente como personas.

La comedia dramática de Mills es sobre el legado, sobre lo que nos dejan nuestros padres, esos bienes intangibles que sólo vamos a tener el valor de reconocer y aceptar en el transcurrir del tiempo.

"Los dueños de la calle", de John Singleton, 1991. El film sigue a un grupo de amigos vecinos que van creciendo en un complicado suburbio de  Los Angeles.

Aquí lo interesante, más allá de su valor como película independiente gestada desde la comunidad afroamericana, es la relación entre padre e hijo, los Styles.

El padre (Laurence Fishburne ) es un hombre inflexible, riguroso, intransigente, que se enfrenta a un hijo rebelde, indómito, aunque nunca deja de brindarle un amor ejemplificador, con la esperanza de que su primogénito aprenda a sobrevivir en las peligrosas calles de su barrio.

Sin embargo, a su hijo Tre (Cuba Gooding Jr.) no le importan estas lecciones y es en ese punto en que el poder de identificación de estas dos figuras enfrentadas refleja a quienes alguna alguna vez han experimentado la amargura de la confrontación.

La encrucijada final de la cinta no puede ser otra que dramática y su brutal tono realista, nos explota en la cara con una veracidad implacable, como si todo el relato estuviera ocurriendo ya mismo. A la vuelta de la esquina.

"Un oso rojo", de Adrián Caetano, 2002. Oso (un inolvidable Julio Chávez) es un ladrón peligroso.  Al salir de la cárcel tras varios años en prisión a causa de un atraco fallido, intentará reconstruir su relación con su pequeña hija Alicia, o al menos redimirse de algún modo. Pero de ninguna manera será una tarea fácil para una persona nacida y criada en el mundo de la delincuencia.

Oso comienza a negociar despacio con su ex para compartir más tiempo con la nena. Las adorables escenas de sus paseos por las ferias tienen algo de Favio, de De Sica, aunque el relato vuelve a redirigirse al policial/western y entonces Alicia, se le va escapando de sus manos. Es lo que hay.

Es imposible no reflejarse con Oso. El film de Trapero presenta una versión actualizada del estereotipo de padre argentino de clase marginal que sabe que a pesar de que le resulta prácticamente imposible torcer su destino, el amor por su hija siempre va a estar por encima de su propia vida.

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