17 de mayo de 2014 - 21:58

Más palitos chinos, por favor

Sin enredarse en ninguna de las disputas, EEUU trata de dilucidar cómo respaldar a Vietnam y a Ucrania en sus luchas con sus gigantescos vecinos.

Por un accidente del itinerario, estuve en Kiev y Hanoi en las dos últimas semanas, y ha sido accidentalmente revelador en extremo. Ucrania es una potencia mediana que vive junto a un oso gigantesco; lo mismo que Vietnam, solo que éste vive junto a un tigre enorme. Ucrania batalla con cómo tratar con una Rusia en declive, que busca dignidad en todos los lugares equivocados –como en Crimea–, y Vietnam con una China en ascenso, que busca petróleo en todos los lugares equivocados, como en las aguas territoriales vietnamitas. La actitud de Rusia hacia Ucrania ha sido: “Cásate conmigo o te mato”. Y la de China hacia Vietnam, una variación del diálogo de “There will be blood”: “Tengo un sorbete muy largo, así es que creo que me beberé mi malteada y la tuya”.

Entre tanto, Estados Unidos trata de dilucidar cómo respaldar a Vietnam y a Ucrania en su lucha con sus gigantescos vecinos, sin enredarse en ninguna de las disputas. Y en mi letargo por el desfase horario, todo lo que he tratado de hacer es asegurarme de no pedir Pollo Kiev en Hanoi y Rollos Primavera de Pollo en Kiev.

Ambos conflictos nos dicen mucho sobre el mundo en la posguerra fría. Ni la intervención de Rusia en Ucrania, ni la de China en las aguas territoriales de Vietnam están basadas en una grandiosa ideología o en una aspiración mundial. Se trata del control regional, incitadas por el nacionalismo y la competencia por los recursos.

Otra similitud es que Rusia y China no han participado en las tradicionales agresiones transfronterizas con sus vecinos, decidiendo, en su lugar, operar tras siluetas. Rusia usó “hombrecitos verdes” en Ucrania -gatilleros camuflados prorusos, cuyas identidades no se han aclarado- y China desplazó una flotilla de 70 embarcaciones civiles y solo unos cuantos navíos de la marina al mar del sur de China.

Remolcaron una enorme plataforma para perforación en mar profundo, a 130 millas náuticas de la costa de Vietnam, dentro de la plataforma continental de Vietnam pero también de las islas Paracel que están en disputa y China dice que son suyas y que, por tanto, tiene derecho a controlar el amplio arco de aguas que las rodean.

La televisión vietnamita ha estado transmitiendo una reconstrucción animada de la confrontación: cuando una patrulla de la marina vietnamita desafió a una embarcación china más grande, ésta la embistió y resultaron heridos seis marineros. Luego, otro barco chino utilizó un enorme cañón de agua para ahuyentar a los barcos vietnamitas. Es una enorme historia aquí, en Hanoi.

En ambos casos, Rusia y China usaron tácticas lo suficientemente firmes como para salirse con la suya, pero calibradas para no provocar que la comunidad internacional reaccionara demasiado. El momento que escogió China, no obstante, justo después de una visita del presidente Barack Obama a la región -cuando criticó los expansivos reclamos marítimos de China- se asemejó al disparo de una pistola de agua dirigido a la cara de Obama.

“Ha sido una verdadera conmoción en toda la región”, me dijo Ha Huy Thong vicepresidente del comité de relaciones internacionales del Parlamento vietnamita. “Utilizan embarcaciones civiles, y luego, si los atacas dicen: ‘¿Por qué atacan a nuestros civiles?’”.

Sin embargo, Vietnam tiene opciones limitadas. China “es una potencia en ascenso. La cuestión es cómo podemos lidiar con eso”, agregó Thong. “No es solo la violación de nuestro territorio sino de la ley internacional”.

La única forma de desviar a tales potencias regionales cuando intimidan a un vecino es con una coalición de todos los vecinos. Sin embargo, es difícil construir esas coaliciones cuando la amenaza solo es contra un país, es de un nivel relativamente bajo y cuando el país que amenaza (China o Rusia) controla tanto comercio con el resto de Asia, en el caso chino, y tanto gas para Ucrania y Europa, en el ruso.

“Tenemos un dicho en Vietnam”, agregó Thong: “Es fácil romper dos palitos chinos pero muy difícil romper un montón”. Mientras no se construya una coalición así, ahora Vietnam –como ironía de la historia– recurre a Estados Unidos para tener mayor protección de su depredador histórico, China.

Cuando estuve de visita en el campus universitario, Le Duy Anh, de 24 años, un conferenciante de la FPT Escuela de Negocios (FSB) de Hanoi, me comentó que cada vez que China le hace algo a Vietnam, la gente va a la embajada estadounidense en Hanoi y hace un mitin.

Durante tantos años los vietnamitas pelearon una guerra con los estadounidenses “para tratar de sacarlos y ahora nos manifestamos para que intervengan. No queremos un derramamiento de sangre, así es que necesitamos que alguien más le diga que se calme”.

Los estadounidenses podemos pensar que perdimos influencia en el mundo pero la verdad es que muchas personas aquí quieren nuestra “presencia” más que nunca antes. Esto es especialmente cierto para quienes viven en las fronteras de Rusia y China, que están mitad adentro y mitad afuera del sistema de globalización actual, beneficiarios de sus regímenes comercial y de inversiones, pero revisionistas cuando se trata de jugar según todas las reglas de nuestros propios vecindarios. Es posible que no estemos tan interesados en el mundo, pero gran parte del mundo sigue interesado en nosotros y dicen: “Yanquis vengan aquí” más que “Yanquis váyanse”.

No vamos a la guerra en ninguno de esos frentes. Y Rusia y China también tienen reclamos e intereses que conllevan consideración. Sin embargo, si hemos de persuadir a Moscú y a Pekín para que resuelvan estas disputas fronterizas en forma pacífica, no unilateral, es claro que necesitaremos unos cuantos palitos más en nuestro montón. Razón por la que la capacidad de Estados Unidos para construir coaliciones es vital hoy, como el ejercicio de su propio poder.

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