23 de mayo de 2014 - 22:52

Hay otras cartas que se juegan en silencio

En vísperas del mundial de fútbol, la política argentina se mantiene cauta pero no por ello inmóvil. La economía, la Justicia, las precandidaturas, son peleas que nada ni nadie frenará.

Cuando todo hacía presumir que las relaciones entre el Gobierno nacional y la Iglesia sufrirían un serio deterioro, con derivaciones a un ríspido status político e institucional, el episodio de la “carta trucha” del papa Francisco a Cristina Fernández pasó rápido a la instrascendencia. La carta era auténtica y el Vaticano, aunque tarde, la asumió como tal. Ahora quedará en el anecdotario, pero sirvió para mostrar reflejos conciliatorios en ambas partes.

Lo que sí ha pasado a ser un factor con gravitación excesiva en la política argentina es el inminente Campeonato Mundial de Fútbol. Muchos imaginan que el evento será una especie de telón detrás del cual se ocultará en forma temporaria la realidad, o que los hechos serán menos relevantes porque todos vamos a estar mirando fútbol por televisión. En consecuencia, hay quienes postergan sus agendas y planifican acciones para después del Mundial, cuando todo vuelva a ocurrir.

Otros, en cambio, tienen planes diferentes. “Es el momento justo para hacer y avanzar en cuestiones sensibles para la sociedad”, afirma un funcionario de alto rango en la Casa Rosada. No hace falta mayor indagación, porque es obvio que el hombre se refiere a temas relacionados con las dos áreas que más preocupan hoy a la cúpula del gobierno: la marcha de la economía y el ida y vuelta que el kirchnerismo tiene con la Justicia que no le es adicta.

La pulseada

En materia económica está todavía pendiente parte del ajuste que comenzó a aplicarse en enero, y la instrumentación de correctivos en las políticas monetaria y cambiaria para no seguir sosteniendo en las alturas la tasa de interés que pone frenos al consumo interno. Esa discusión, que enfrenta los criterios del ministro Axel Kicillof con los del presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, no está resuelta. Tuvo que intervenir la Presidenta y ordenarles que dejen de ventilar sus diferencias por los medios.

Pero son voceros muy cercanos a ambos funcionarios los que alimentan el pleito con información de primera mano y además vaticinan que en corto tiempo uno de los dos optará por alejarse o recibirá de Cristina la invitación a hacerlo. Ya no se trata sólo de una cuestión técnica. Hay en el medio recelos generacionales con un trasfondo ideológico cada vez más marcado.

Aseguran los allegados a Kicillof que su destino está pendiente de cómo le vaya desde este lunes en Francia con su negociación con el Club de París. Allí mismo podría reunirse con la titular del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, para intentar un acuerdo de supervisión. Si lo logra, sus acciones se revalorizarán ante la Presidenta y su futuro podría cambiar.

El otro terreno resbaladizo por el que atraviesa el Gobierno es el de la Justicia. Cada día recibe desde allí un nuevo disgusto en las causas que involucran a figuras notables. El vicepresidente Amado Boudou, el ministro de Planificación Julio De Vido, el jefe del Ejército César Milani y el titular de la Unidad de Información Financiera, José Sbatella, entre otros, están atrapados en trámites tribunalicios que no les son favorables para nada.

Fue muy comentada en los despachos judiciales una supuesta conversación reciente entre la Presidenta y la Procuradora General. Alejandra Gils Carbó habría dicho a Cristina que no sólo ya se hace más difícil sumar funcionarios a la organización kirchnerista “Justicia legítima”, sino que se registran numerosas deserciones. Un síntoma del fin de ciclo.

La interna

También ese final anunciado impregnó el clima de la última reunión de la agrupación Carta Abierta, el núcleo de intelectuales que se pretende referencia ideológica del kirchnerismo. Lo novedoso fue la taxativa ruptura con la idea de que Daniel Scioli sea finalmente el candidato del oficialismo para remplazar a Cristina el año próximo. Esto no adquiere relevancia cuantitativa en el debate político oficial por la casi nula representatividad del grupo, pero revela que la bomba de fragmentación interna está activada.

A pesar del avance de otros precandidatos como el gobernador entrerriano Sergio Urribarri, el ministro del Interior Florencio Randazzo o el presidente de la Cámara de Diputados Julián Domínguez, Scioli es el que mejor mide para el sector en las encuestas nacionales. Se potencia, además, con el apoyo de buena parte del peronismo.

Cerca del gobernador bonaerense aseguran que Scioli está convencido de que Cristina, siendo neutral en la interna, lo favorecerá y que él, con tal de ser presidente, está dispuesto a aceptar que las listas de candidatos de todo el país se armen como ella lo desee… y todavía más.

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