Había tomado la decisión de explorar otras temáticas luego de mis últimas dos notas consecutivas en Los Andes referidas a nuestra problemática del ser nacional. El problema fue que a la cúpula eclesiástica católica se le ocurrió elegir Papa al cardenal argentino Jorge Bergoglio. Entonces, casi que la actualidad me obligó a completar esta trilogía. Como no hay dos sin tres, una vez más a la realidad le gusta las simetrías.
Es que esta elección papal me hace pensar inevitablemente en nuestro país y esta nueva chance de acercarnos al mundo. Un mundo del que parecíamos cada vez más alejados, donde el clima de crispación, enojo y disentimiento nublaba nuestras posibilidades de progreso porque, además, la percepción era que estábamos perdiendo el tiempo ante unas posibilidades enormes que no dejaban de abrirse.
Mientras nosotros desaprovechábamos esa coyuntura, otros vecinos se subían al tren de ese nuevo sistema que empezó a reinventarse en esta parte del planeta, uno mucho más justo y solidario, uno con verdaderas posibilidades de inclusión real y duradera.
Hablé en mis notas de esa Argentina de hoy pero en pasado, pero ahora quiero resaltar esta oportunidad de volver a empezar a partir de Francisco I y su mensaje. Justamente ese mensaje de diálogo, de consenso, de construcción y de integración, nos devuelve a nuestra época de gloria. La época de nuestros abuelos, la de cuando los destinos de las corrientes inmigratorias de Europa eran Buenos Aires o Nueva York.
La de la Argentina que daba cátedra sobre cómo integrar comunidades. La de la Argentina con un sistema de educación pública ejemplar, ésa en la que el mismo Bergoglio se formó. La de la Argentina con tres premios Nobel en ciencia y con los científicos a la cabeza. La de la Argentina con un sistema público de salud gratuito con pleno acceso que no tiene similitud en el resto del continente.
Me pregunto cuánta gente en estos momentos estará descubriendo todas estas cosas al leer sobre el país de origen del nuevo Papa en Wikipedia. Además de sorprenderse por nuestra cercanía a la Antártida, estarán también enterándose, por ejemplo, de que Borges es argentino y no suizo como creían. ¡Qué regocijo!
"Fueron a buscar un Papa al fin del mundo", dijo el nuevo Sumo Pontífice acerca de su origen tan austral. A pesar de la distancia y casi cayéndonos, hoy volvemos a estar en el centro de la escena. ¡Qué suerte tenemos!
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