24 de octubre de 2012 - 23:04

Organización teleológica y existencia

El concepto de organización teleológica hace referencia a la forma o modalidad en cómo la persona orienta su fines hacia metas bien claras y concretas. Teleos, significa finalidad y por tanto queremos enfatizar en esta nota, el carácter finalista de la existencia del hombre.

Armando Roa -un distinguido psiquiatra chileno que nos visitaba frecuentemente- acuñó el término propositividad vital, para significar la importancia de los propósitos. Pero el término no hace referencia sólo a los propósitos, sino a la dirección/orientación que le damos a nuestra existencia. También Brentano dijo que el ser humano tiene una intencionalidad en su dirección hacia el mundo.

Fijadas las metas (los propósitos, la intención), dependerá de la voluntad de la persona cumplirlos, con lo cual no solamente tendrá la satisfacción del logro obtenido, sino también le añadirá un elemento más al significado que otorga (y vive) en su transcurso temporal. Esto sustenta el posicionamiento del hombre frente a su medio ambiente e incrementa el sentido de la valía personal. Este último es importante elemento de su identidad personal.

Por supuesto que la palabra "organización" significa muchas cosas. Entre otras, orden y coherencia. Orden es claridad, es sistematización. Coherencia hace mención a la congruencia (ausencia de disonancia), entre sus elementos y -además- consonancia con la personalidad del sujeto y los valores que este sustenta. Es impensable que alguien se proponga un fin que este en contraposición a sus principios. Así tenemos la secuencia: propósito?planificación?acción?obtención de la meta.

Por otra parte la organización teleológica significa -en su continuidad- la construcción (y posterior ejecución) de planes más complejos, como así una poderosa formación de autodisciplina y construcción de hábitos. También nos alejamos del vivir a prisa e irreflexivamente, para hacerlo de un modo más sereno y meditado.

El actuar coherentemente, en torno a los propósitos da solidez y armonía a nuestro estilo de vida, lo cual facilita la obtención de una serena sensación de satisfacción personal.

El principio de la libertad y la independencia

En nuestra vida casi todo está en proceso de llegar a ser. En ella intervienen diversos factores: biológicos, fisiológicos, históricos, etcétera. Lo más relevante es que a partir de ellos (y muchas veces a pesar de ellos) podemos ser libres. Los actos libres son los que más nos caracterizan. Pero esa libertad -como bien lo dice Frankl- debe ir acompañada de un fuerte sentido y ejercicio de la responsabilidad.

El ser humano puede elegir dentro de un abanico de posibilidades. Algunos asuntos dependen de nuestra voluntad y otros no. La madurez personal consiste en saber anticiparlos, distinguirlos y comprenderlos primero. Para después aprender a orientar sabiamente nuestra voluntad a los fines más convenientes, para esa circunstancia en particular y para la vida en general. La persona madura aprende a aprovechar las circunstancias, aun aquellas difíciles, agudizar su ingenio, capitalizar sus aprendizajes para superar los obstáculos y generar una nueva serie de aprendizajes más complejos.

Logra, en la medida de lo posible, controlar y no ser dominado por los acontecimientos. Escapa a las redes del "destino", del "entorno" y de la "herencia" a través de una voluntad recia y una inteligencia penetrante. Esto es lo que la psicología cognitiva llama "dominio personal", que es la sensación de poder controlar ordenadamente nuestro micromundo y experimentar lo que hemos designado como progreso personal. Que no es nada más que experimentar la vivencia de un accionar fluente, cada vez más creativo y complejo.

Constructores de la propia vida

De este modo somos constructores de nuestra propia existencia, tal como un arquitecto lo es de un edificio o una casa. Debe llevar a cabo un plan, un proyecto de construcción. Lo mismo sucede con nosotros: para lograr lo que queremos llegar a ser necesitamos definir cuál es nuestro fin y cuáles son los medios para lograrlo. Qué media entre nuestra meta deseada y su concreción.

Existen metas a corto, mediano y largo plazo. La mayor parte de éstas son medios para un fin mayor: la vida lograda. Se trata de desarrollar al máximo nuestras capacidades para crecer como personas y para colaborar con el bienestar de quienes nos rodean, incluso de la sociedad a la cual pertenecemos.

Elecciones necesarias

Permanentemente nuestra vida es un acto de elección. Sostenía el filósofo español José Ortega y Gasset: "El hombre puede ser o por lo menos intentar ser lo que quiera. Por eso el hombre es libre. Es libre porque su ser no es algo fijo y determinado, por lo tanto no tiene más remedio que írselo buscando y esto -lo que va a ser en todo futuro inmediato o remoto- tiene que elegirlo y decidirlo él mismo. De suerte que es libre el hombre... a la fuerza. No es libre de no ser libre".

Curiosamente, lo único que no podemos elegir es dejar de elegir. Incluso el abstenerse es una forma de elección. Aunque podemos sentirnos controlados y obligados, la libertad es (o debiera serlo) para el ser humano una realidad innegable. La libertad es elemento básico de la condición humana.

Implicancias sociales de los proyectos personales

La experiencia de la libertad no puede soslayar la relación con los demás. La realidad nos hace ver que los otros están presentes ?de una manera u otra? en nuestra organización teleológica. Nuestros planes están en el mundo y para el mundo, los beneficiarios de nuestros planes son otros miembros de nuestra sociedad. Así parte de ese mundo son los otros. Están incluso, pues podemos necesitar ayuda, y además es una realidad que los seres humanos somos-para-el-otro.

Nadie es autosuficiente. Por tanto estamos vinculados y vivimos en comunidad. Somos todos responsables de la vida, lo que le acontece a uno debe preocuparle al otro. Las consecuencias de nuestros actos libres (y necesariamente responsables) se reflejan especularmente en nuestro entorno.

Cada una de nuestras decisiones tiene un impacto que supera nuestra individualidad. En la medida en que nuestro proyecto vital involucra a los otros, podemos decir que tiene diferentes niveles: el proyecto personal se articula en la familia y la pertenencia social.

La vida es intransferible: no se le puede pedir a nadie que sea sustituto de otro. La responsabilidad es intransferible y la libertad personal no negociable. Respetando el hecho de que cada uno es una persona distinta, particular e individual y con derecho a su propio proyecto. Nuestra organización teleológica o proyecto de vida, no puede ser impuesto. Es una de las creaciones más personales del ser humano. Es conjugación de nuestra historia de aprendizajes, una férrea voluntad y nuestra potencialidad en plenitud. Todo ello unido por nuestro sello personal.

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de diario Los Andes.

LAS MAS LEIDAS