26 de marzo de 2013 - 22:49

La organización más antigua del mundo tiene un nuevo CEO

Corriendo el riesgo de agobiarlo con tanta Franciscomanía, permítame, estimado lector compartir algunas reflexiones sobre el nuevo CEO (Chief Executive Officer como el lenguaje del management moderno denomina al gerente general o a los "capo de tutti i capi") de la Iglesia de Roma.

Habiendo cursado nuestros estudios de grado en una universidad jesuita (católica de Córdoba) y siendo el nuevo Papa el primer miembro de esa congregación que llega a esa alta investidura, nos impulsa a compartir con Ud. -paciente amigo- algunas opiniones con respecto a su futuro comportamiento como "gerente"de la Iglesia Apostólica Romana.

La Compañía de Jesús fue fundada por el posteriormente santo Ignacio de Loyola, en 1540, con sólo 10 miembros, y hoy la teoría de la gestión moderna recoge muchas de sus enseñanzas, señalando su notable vigencia para la administración de las organizaciones de todo tipo.

Quizás la obra más conocida en este sentido sea el libro de Chris Lewney, ex jesuita y consultor de JP Morgan: "El liderazgo al estilo de los jesuitas" (Ed. Vertical de Bolsillo. Barcelona 2008).

Blogs como el de Enrique García y el excelente capítulo del libro "Principios fundamentales para la administración de organizaciones" (Miguel Ángel Vicente - Juan Carlos Ayala. Coordinadores-Pearson-Prentice Hall- Buenos Aires- 2008) titulado "Hace 500 años", del contador Héctor Larroca, profesor de la UBA, nos proporcionan algunos ejemplos que resumimos para Ud.

La formación de los miembros de la Compañía se basa en cuatro pilares fundamentales que son de una vigencia notable para los dirigentes del presente

1) Un autoanálisis tipo FODA (fortalezas, oportunidades, desafíos y amenazas) que lleven al conocimiento de uno mismo,ya que sólo si sabemos dirigirnos a nosotros mismos podemos liderar a los demás.

2) Ingenio para adaptarse a un mundo cambiante. Creatividad e innovación insertadas en una visión ecuménica de "el mundo es nuestra casa". El fundador de la Compañía decía que sólo cultivando la actitud que él llamaba "indiferencia" (desapego de las cosas y los lugares), se puede alcanzar lo que hoy llamaríamos ingenio, una combinación de adaptabilidad, audacia, rapidez y buen juicio.

3) Tratar a los demás con amor y actitudes positivas ("no saquen el cuero a nadie"). Empatía. Los jesuitas aprenden que siempre es posible dar más de sí, más allá inclusive del "servicio de todo corazón". Ellos sintetizaron este impulso valeroso, esta energía inagotable, en una sola palabra: magis que significa "más". En nuestros días, varios autores, al hablar de este concepto, lo denominan "ciudadanía organizacional"

4) Establecer objetivos importantes, desafiantes, "heroicos".

Con respecto a las que en la actualidad denominamos "herramientas de gestión":

Normas: las reglas deben ser vividas más que escritas. Están hechas para el hombre y no el hombre para la norma. Es necesario el ejemplo del que dirige.

Delegación: (en la actualidad "empowerment") tener buenos auxiliares a quienes se pueda otorgar autoridad constituye una sabia regla que permite que las organizaciones no sean una mera máquina sino un conjunto de personas que hacen mejor las cosas cuando las sienten como propias. A quienes encargaba algún asunto importante, cita Enrique Iglesias en su blog, Loyola les manifestaba su confianza dándoles completa libertad y reconocimiento, y autorizándolos para que procedieran según su leal saber y entender: "Usted que está en el terreno ve mejor qué es lo que se debe hacer". A quienes confortablemente asumían autoridad no se les limitaba sino que se les daba más.

Incorporación: el ingreso a la Compañía se hizo muy riguroso buscando el "aptissimi" (lo mejor de lo mejor).

Capacitación: los ejercicios espirituales eran eso, ejercicios, prácticas constantes para que los miembros llegaran a lograr los más altos objetivos formando una personalidad sin "obediencias debidas" pero dentro de un orden y disciplina aceptadas por todas.

Autoridad: pese a su formación militar, Loyola entendía que el autoritarismo debía ser dejado de lado mediante el desarrollo de la personalidad, y la aceptación de la originalidad de cada miembro. Este enfoque lo llevaba a "corregir explicando" los porqués de sus observaciones y/o decisiones. No se basaba en el "aquí mando yo", sino que trataba siempre de evitar la arbitrariedad, primero destacando aciertos y virtudes y segundo no encasillando a las personas por sus desaciertos. Loyola instaba a sus seguidores a generar un ambiente en el que "prevaleciera el amor y no el temor" (clima organización positivo, diríamos hoy).

Generar confianza: no en el concepto maquiavélico de aparentar para ganarla, sino en el real de sentirla, transmitirla y finalmente ganarla. Un ejemplo de gobierno basado en la confianza lo proporcionan las reducciones guaraníes.

Conclusión: tiempos tormentosos y mares agitados son los que deben enfrentar y navegar las organizaciones de este siglo. Escenario, por otra parte, muy similar a los que afrontaba la Compañía en la época de su creación. Estos desafíos hacen que las empresas globalizadas envíen a sus ejecutivos a las escuelas de negocios para aprender cómo gestionar a las personas, trascendiendo las fronteras y en un contexto multicultural, cómo generar las mejores prácticas para lograr sustentabilidad y proporcionar bienes y servicios de calidad total.

Las organizaciones modernas bien podrían dirigir una mirada a una institución que tiene siglos y ha demostrado su versatilidad y eficiencia. Demostrando así mismo que, como dice Larroca: "Para novedades, los clásicos".

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