Ocho gobernadores pertenecen actualmente a la oposición, pero todos ellos deben postularse por la reelección. Eso incluye a Capriles, el gobernador de Miranda, quien dijo que se postularía de nuevo.
Activistas de la oposición temen en secreto una debacle si sus desilusionados seguidores se niegan a salir a votar. Chávez ganó en 21 estados, incluido Miranda, lo cual sugiere que pudiera estar posicionado para llevarse algunas gobernaciones que actualmente están en manos de la oposición.
En dos Estados, la oposición incluso parece que está contribuyendo a las probabilidades del presidente: en cada uno de los estados, Táchira y Monagas, la oposición está al frente de las gobernaciones.
Sin embargo, un segundo candidato opositor se registró para competir en contra del gobernador actual, lo cual significa que podrían dividir el voto opositor y despejar el camino para los candidatos a favor de Chávez.
“La clave para el éxito consiste en levantarse rápidamente y seguir adelante”, dijo Capriles en una conferencia de prensa dos días después de la elección, refiriéndose al golpe de la derrota.
Sin embargo, mucho dependerá de la capacidad de la oposición para mantenerse unificada.
La coalición tuvo resultados particularmente buenos en las elecciones legislativas celebradas en 2010, cuando la oposición ganó un gran número de escaños en la Asamblea Nacional. Sin embargo, ahora debe superar fricciones que se acumularon en la campaña presidencial.
Durante la contienda, Capriles relegó a muchos políticos de la oposición y sus partidos, confiando en un pequeño grupo de asesores. Eso se hizo parcialmente con el fin de protegerse de acusaciones de Chávez en el sentido que él representaba a viejos partidos que no habían logrado resolver los problemas de la Nación antes de que Chávez asumiera la presidencia.
Algunas de estas tensiones fueron visibles. Activistas de partidos en la coalición se quejaron de que la campaña de Capriles no les permitiría involucrarse: “No nos trataron bien”, afirma Henry Ramos, el presidente de Acción Democrática, partido social demócrata que, a la par de los cristianos demócratas, dominó la política venezolana durante la segunda mitad del siglo XX.
Los esfuerzos de Capriles por distanciarse asumieron a veces dimensiones cómicas. En un evento de Acción Democrática, funcionarios del partido desplegaron de manera prominente una imagen de tamaño real de Capriles, quien no había asistido. Algunos observadores vieron un ataque al candidato, aunque Ramos aseguró que esa no era la intención.
De cualquier forma, Ramos dijo que había dejado de asistir a reuniones de campaña unas pocas semanas antes de la elección, luego de que un líder cercano a Capriles se refiriera a Acción Democrática y otros grupos en términos de “partidos parásitos”.
Capriles no hizo nada por subsanar fisuras potenciales en comentarios que hizo después de la elección. “Yo derroté a la vieja política”, afirmó.
Ramos se burló de esos comentarios. “Él no derrotó a nadie”, atacó Ramos. “Lo derrotaron”.
De cualquier forma, pronosticó que la Mesa de Unidad se mantendría unida, y otros coincidieron.
“El principal elemento que hará que la unidad se mantenga es la presión de los ciudadanos, cree María Corina Machado, política conservadora. “A donde quiera que vayas, la gente te dice: ‘Tienen que mantenerse unidos’”.
Leopoldo López, quien encabeza un pequeño partido llamado Voluntad Popular, opina que el principal logro fue haber conducido elecciones primarias que produjeron una sola lista de candidatos de la oposición.
Sin embargo, agrega: “No basta, tenemos que ir más allá” y trabajar más estrechamente con grupos como sindicatos y organizaciones rurales.
Pero a medida que la oposición luchaba por recuperarse de la derrota, también estaban apareciendo pequeñas grietas dentro de las filas de Chávez.
Chávez eligió personalmente a sus candidatos para gobernador entre gente leal dentro de su gabinete, las filas de oficiales militares ya retirados y su propio partido, el Partido Socialista Unido de Venezuela, pasando por alto en muchos casos a candidatos propuestos por otros partidos de izquierda aliados con él.
Eso impulsó inusuales críticas en público de aliados de Chávez. En varios Estados, partidos de izquierda registraron a sus propios candidatos para que se postularan en contra de los elegidos por Chávez, lo cual podría dividir el voto en la izquierda.
Chávez usó su victoria electoral y las próximas contiendas por gobernaciones para reorganizar su gabinete. Envió al Vicepresidente Elías Jaua a postularse en contra de Capriles en Miranda. Además, nombró al canciller, Nicolás Maduro, como su nuevo vicepresidente.
El nombramiento desató de inmediato especulaciones en el sentido que Maduro es el favorito para reemplazar a Chávez, quien nunca ha dejado en claro su elección de un sucesor.
Chávez ha estado combatiendo el cáncer, dando origen a la búsqueda de posicionamiento dentro de su círculo interno y abundante discusión pública con respecto a lo que pasaría si él enfermara demasiado para seguir en el cargo.
Bajo la Constitución, si el presidente muere o deja el cargo en los primeros cuatro años de su mandato de seis años, el vicepresidente asumiría el control mientras se convoca a nuevas elecciones. Si el presidente muere o deja el cargo en los últimos dos años, el vicepresidente serviría el resto del mandato del presidente.
Maduro es un ex chofer de autobús y legislador, un dedicado promotor del programa socialista de Chávez que es visto como uno de los favoritos de los aliados cubanos de Chávez.
El presidente venezolano ha ayudado a apuntalar la economía cubana con embarques de petróleo en condiciones preferenciales, al tiempo que está muy cerca de la dirigencia cubana.
Ha tenido cuando menos dos cirugías para combatir el cáncer, quimioterapia y terapia de radiación en Cuba a lo largo del último año y medio, amén de que Maduro lo acompañó en muchos de esos viajes.
Maduro, el secretario de Relaciones Exteriores desde 2006, contribuyó a formar estrechos lazos con Irán, Siria y Libia antes de la muerte de Muamar Gadafi. Ayudó también a la reciente inclusión de Venezuela en el bloque de comercio del Mercosur, y Chávez también lo puso a cargo de trazar una histórica ley laboral que fue firmada por el presidente esta primavera.
“Maduro se convierte en el hombre de la sucesión” decía un titular en el periódico El Nacional.
Pero Ramos, el político de Acción Democrática, abriga escepticismo: “Chávez es un experto en nombramientos públicos y movimientos ocultos”, dice. “¿Por qué, entonces, fue elegido Maduro como vicepresidente? Quizá para ocultar al verdadero sucesor", finaliza.