17 de enero de 2013 - 23:46

La oposición aprendió la lección

La mayoría de las fuerzas quieren armar dos grandes frentes y utilizar las PASO para dirimir pujas. Pretenden frenar las chances de la re-reelección. Para ellos, la batalla clave será en la Capital Federal. El oficialismo define la sucesión en provincia d

Gran parte de las voces opositoras aseguran que aprendieron la lección que les dejó 2011 cuando atomizados -y peleados entre sí- enfrentaron a la Presidenta Cristina Fernández en las elecciones y perdieron por paliza histórica. En el radicalismo, en cuatro de las cinco fuerzas que integran el Frente Amplio Progresista (FAP), en la Coalición Cívica, en el peronismo disidente y en el macrismo, hay convicción de que este año se deben construir dos polos opositores -uno de centroizquierda y otro más liberal- para enfrentar al oficialismo, tal como sucedió en 2009 cuando, por única vez, el kirchnerismo perdió una elección.

El entusiasmo es tal que quieren aprovechar el instrumento electoral que se estrenó en 2011 y que nadie quiso usar en aquella oportunidad: las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) para que sea el voto de la ciudadanía el que defina quién llega a octubre como candidato. Con esta herramienta bien usada -razonan ahora y tarde- las ambiciones personales y las desconfianzas que reinaron hace dos años en el armado de las listas no empañarían la construcción de dos alternativas capaces de dar competitividad a la pelea electoral.

Sin embargo, el año electoral está recién despuntando y hay voces que no están totalmente convencidas, por lo que hay diferentes posiciones hacia el interior de los partidos. En la Coalición Cívica, su líder, Elisa Carrió, sostiene la idea de ir sin aliados a las urnas -ésa fue la estrategia que la dejó última en las elecciones de 2011- porque pretende ser nuevamente candidata a diputada nacional. Sus chances se verían acotadas si debe competir en las PASO con radicales y las muchas figuras porteñas del FAP.

En cambio, Alfonso Prat Gay ya está construyendo, con los seguidores de Hermes Binner y el radicalismo, lo que podría ser un frente electoral porteño para enfrentar al kirchnerismo y al macrismo. Con desconfianza -pero acercándose- mira Fernando "Pino" Solanas ya que procura ser, al igual que Prat Gay, candidato a senador nacional. Las diferencias también se dan en la UCR donde contadas voces como Gustavo Posse, intendente de San Isidro y el cordobés Oscar Aguad, plantean un acercamiento a Mauricio Macri, quien tiene como ambición ser el gran armador de toda la oposición pero a la vez es la figura que más rechazos ideológicos concita entre las fuerzas no oficialistas.

Lo que suceda en octubre en la Ciudad de Buenos Aires será determinante para el oficialismo nacional. No porque la Capital sea "la" caja de resonancia política sino porque este distrito renueva sus tres senadores nacionales, dos de los cuales son K. Si el macrismo y la alianza UCR-FAP-CC le ganan al Frente para la Victoria (FpV) y el partido del Gobierno sale tercero, Cristina Kirchner se quedará con el camino prácticamente cerrado para impulsar una reforma constitucional a fin de aspirar a la re-reelección.

Sucede que el oficialismo nacional pone en juego 16 de las 24 bancas que se renuevan en la Cámara alta, 12 de las cuales son propias del FpV y 4 de sus aliados. Para poder llegar a dos tercios y poder impulsar una nueva Constitución, la Casa Rosada necesita 48 senadores. Si el oficialismo gana todas las bancas que pone en juego quedará con 42 bancas, a 6 del número clave. Por eso debe "comer" escaños a la oposición. Pero si es ésta la que le saca algunas de las que ya tiene el kirchnerismo, entonces el sendero hacia la "re-re" de Cristina Fernández estará clausurado y las guerras intestinas por la sucesión quedarán oficialmente inauguradas en el justicialismo.

La otra provincia clave es Buenos Aires. Este distrito no renueva senadores este año pero sí 35 de sus 70 diputados nacionales. En muy probable que el oficialismo nacional pueda acá ganar varias bancas ya que en 2009 sólo consiguió 12, cuando Néstor Kirchner perdió contra Francisco De Narváez (luego adicionó dos aliados). Hoy el kirchnerismo tiene en total 137 diputados nacionales, sumando los del FpV y las fuerzas aliadas, de los cuales renueva sólo 49. La proporción de la oposición es inversa: tiene 120 y renueva 78. La esperanza K de alcanzar dos tercios en la Cámara baja es más plausible aunque no hay posibilidad de reformar la Constitución sin el aval -también- del Senado.

Pero la importancia del más populoso de todos los distritos (allí vota casi el 40% del padrón) es justamente porque allí las batallas por la sucesión presidencial comenzarán a plasmarse antes de tiempo, cuando se armen las listas de cara a las PASO (a fin de junio) y se pueda observar el mapa de alianzas que tejerán tanto Cristina Fernández como Daniel Scioli, el gobernador del distrito y principal aspirante a remplazarla. Quienes más conocen a los distintos actores en juego especulan con que no habrá ruptura entre ellos antes de las elecciones -se necesitan mutuamente- y que ambos podrían aceptar que Sergio Massa (en la foto junto a Scioli y Cristina), el carismático intendente de Tigre, sea quien encabece una lista de unidad.

Massa es una "amenaza" para todos. En el caso de Scioli, porque tendrá que correr el doble riesgo de que sea el jefe comunal su sucesor "natural" en Buenos Aires pero que también, a la postre, un kirchnerismo urgido de figuras convocantes -sin posibilidades de "re-re" para la jefa de Estado- termine impulsando al intendente como candidato a presidente con el apoyo de sus caciques territoriales de la provincia y del resto del país.

Por otro lado, Massa, como eventual sucesor de la Presidenta, no es una idea que le atraiga a ningún "cristinista" porque se trata de un dirigente que tuvo un mal paso por el Gobierno (fue jefe de Gabinete luego de la pelea por el campo y hasta el fracaso electoral de 2009) y a su vez tiene su propio armado territorial equidistante de la Casa Rosada. La continuidad ideológica y práctica del modelo no estaría garantizada.

Lo de Scioli es muy complejo. Todo el peronismo disidente y hasta el macrismo están ansiosos por ver qué hace. El PJ no K de la provincia de Buenos Aires -Francisco De Narváez o Hugo Moyano- lo tientan para que dé el salto ahora y ponga su estructura para ganarle este año a la Casa Rosada. Macri espera lo contrario, que Scioli se quede donde está, asumiendo que en 2015 ambos se enfrentarán en las presidenciales.

El gobernador bonaerense es un conservador con todas las letras y quiere llegar como candidato a presidente con el sello del PJ-Frente para la Victoria -con el cual fue electo vicepresidente y dos veces mandatario provincial- y no quiere sacar los pies del plato, por eso no le queda más que seguir soportando los embates del "cristinismo", forjando su estoicismo.

El último jugador de renombre es el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, quien coquetea con todos y agudiza sus enfrentamientos con la Casa Rosada día a día. Macri ya lo tentó para armar un polo opositor por afuera del PJ, pero el líder de la provincia mediterránea ya le dijo que "no" ya que, como Scioli, quiere llegar por dentro del justicialismo a 2015, aprovechándose de sus estructuras y soñando con demoler al kirchnerismo con los instrumentos que le da la democracia partidaria.

Tanto Scioli como De la Sota y Massa están convencidos de que pueden conducir el post-kirchnerismo pero para ello necesitan al PJ, la única fuerza que "garantiza" victorias y gobernabilidad en un país que ya no es más bipartidista y en el que la oposición no peronista recién está comenzando a resurgir.

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