En su obra “Antígona”, Sófocles relata el destino de una joven de Tebas, quien osó oponerse al rey Creonte. Polinices, hermano de Antígona, se había rebelado contra el poder tiránico del monarca y murió en el intento. Como castigo ejemplar, Creonte dispuso que su cuerpo no fuera sepultado y quedará expuesto a la voracidad de animales carroñeros. No obstante, Antígona decidió respetar el ritual sagrado de enterrar a los muertos y, desafiando la autoridad real, sepultó a su hermano, según la tradición. La joven tebense pagó con su vida ese acto de rebeldía.
El próximo 24 de marzo se cumplen cincuenta años del golpe de estado que marcara el inicio de la última dictadura militar. Miles de personas fueron secuestradas y torturadas, y aún se desconoce el destino final de muchas de ellas. los distintos gobiernos que se han sucedido luego de restaurada la democracia no han sabido instrumentar los mecanismos necesarios para quebrar el pacto de silencio de los militares represores y averiguar el paradero último de las víctimas. Los deudos y familiares, modernos sucedáneos de Antígona, no tienen un lugar donde depositar una flor en honor de sus muertos, lo que hubiera sido posible ofreciendo morigeración de las penas a cambio de información sobre los hechos.
La democracia aún está en deuda con los familiares de los desaparecidos. Se ha condenado, y se condena aún, a militares septuagenarios a penas de varias décadas en reclusión, como si fuera biológicamente posible cumplirlas. El costo de esa política dogmática y ciegamente punitiva es de privar a familiares y deudos del derecho a conocer el destino final de sus seres queridos.
El tiempo apremia, los militares implicados que poseen información de interés son cada vez menos. Insistir en infligir penas severas sin siquiera intentar quebrar el pacto de silencio de los inculpados otorga a los represores la única victoria, limitada, pero victoria al fin, que les queda: guardar silencio.
Mientras tanto, miles de Antígonas siguen deambulando por las calles, reivindicando su derecho a cumplir con el ritual de sepultar a sus muertos.
* Claudio Tamburrini hoy es Docente de la Facultad de Filosofía Práctica de la Universidad de Estocolmo. En la Argentina era arquero del club Almagro y estudiante de Filosofía cuando fue secuestrado por un grupo de tareas en 1977. Después de 120 días de encierro y tortura, logró escapar de manera cinematográfica, junto a otros 3 detenidos. Se exilió en Suecia, donde se graduó y formó una familia.