17 de mayo de 2026 - 00:15

Adorni, el quemado

El caso Adorni arrastró su manto de sospecha hasta Mendoza y si bien no logró empañar la apertura del parque solar, sí dejó suficiente e innecesaria polémica capaz de nublar una gran noticia.

La política suele ofrecer escenas incómodas, esas que suceden cuando el equilibrio de los protagonistas no alcanza para disimular la inconveniencia. Justamente eso fue lo que le sucedió a Alfredo Cornejo en la inauguración de El Quemado, parque solar ubicado a 15 kilómetros de Jocolí, pero en el departamento de Las Heras, que a través de la Empresa Mendocina de Energía (Emesa) y Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) - la división YPF Luz- se transformó en el primer proyecto con apalancamiento del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) -más de 200 millones de dólares-: el más grande del país con capacidad de abastecer de electricidad a 230 mil hogares.

El escozor no está en el proyecto, ni en sus actores principales, mucho menos en el proceso de construcción que supone un paso gigante para Mendoza en materia de energías renovables, sino en la centralidad que en su apertura tuvo el más que cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

Ante el faltazo de Javier Milei en un acto que perfectamente hubiera justificado su presencia, y la posterior confirmación de la llegada del presidente de YPF, Horacio Marín, todas las miradas se posaron en lo que Adorni también expresa, más que un invitado, como partícipe necesario del lastre que parte del oficialismo nacional (y en alguna medida también el provincial) admiten: es el funcionario acusado de supuesto enriquecimiento ilícito, que lejos de explicar y defenderse sólo ha dado evasivas para postergar una aclaración significativa para la opinión pública, pero cada vez más incierta.

El riesgo de la desilusión

Desde que selló su vínculo con La Libertad Avanza (LLA), Cornejo supo administrar los apoyos discursivos o efectivos en el Congreso, y muy puntuales, casi escasos, desmarques a la narrativa libertaria. Esa sagacidad política puesta al servicio de una construcción que partió de cero tras las elecciones de 2023 le permitió no sólo establecer una relación fluida y de confianza con el círculo íntimo del presidente que no sólo desembocó en un acuerdo electoral en Mendoza en 2025, sino también en una relación privilegiada que pocos gobernadores tienen con Milei.

Pero claro, en Argentina no sólo hay que lidiar con los avatares de la economía, sino y principalmente con aquellos que son de estricto orden político, donde por acción u omisión, el mileísmo parece no reparar cuando de errores propios (alguien podrá decir “no forzados”, pese a su obviedad) terminan complicando las expectativas puestas en un proceso político como el que nos ocupa, y sobre el que se estableció un corte tan absoluto con el “viejo orden”, el kirchnerismo.

Y si bien Milei viene capeando el temporal que significó el escándalo del caso LIBRA, más tarde, las denuncias de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), y luego los lazos de José Luis Espert con el narcotráfico, la situación de Adorni parece tensionar cualquier límite.

Desde hace dos meses cuando estalló la controversia al conocerse el viaje de su esposa en la comitiva oficial a Estados Unidos en ocasión del Argentina Week, el asunto no ha cesado de escalar, comprometiendo cada vez más la versión oficial, al extremo que intenta prosperar -todavía sin éxito- una moción de censura en Congreso para desplazarlo. Una embestida de propios y ajenos, en la que el presidente actúa como escudo y se niega rotundamente a la posibilidad de pedir una renuncia que Adorni tampoco presenta.

Entre tanto, la causa judicial a cargo del fiscal Gerardo Pollicita suma cada día nueva información al conocerse montos abultados, inversiones, alquileres, viajes y mejoras en las propiedades -siempre en dólares y en efectivo- o criptomonedas, que no se condicen con sus ingresos, lo que alienta más sospechas, enrarece significativamente el clima político y arrastra ya a todo el gobierno, según reflejan las encuestas.

Operación despegue

En ese particular y delicado contexto, Adorni fue la figura principal al inaugurar El Quemado, donde destacó que esto es “la Argentina del futuro”, posible por la concreción de la Ley Bases lograda por la “colaboración de los gobernadores” y fruto de una “economía ordenada” que no hace más que remarcar que el país está “en el camino correcto”.

Nada fuera de lo previsible, sin ninguna alusión a la débil situación que le hizo bajar su exposición pública, pero también su tono en extremo confiado y hasta socarrón de antaño. El cornejismo eligió mayoritariamente fingir demencia para no agitar aguas capaces de causar más disgustos a la Casa Rosada, conscientes que lo que está en juego es mucho mayor incluso que la permanencia o no de Adorni en el organigrama presidencial.

En ese sentido, desentonaron las expresiones de dos intendentes oficialistas: Francisco Lopresti (Las Heras) y Esteban Allasino (Luján). Uno radical y otro macrista, ambos jefes comunales que coincidieron -como había sugerido días antes Ulpiano Suárez y hasta ¡Hebe Casado!- al romper las fórmulas de la conveniencia con los socios y dejar en claro que Adorni debería haber renunciado. Una opinión unánime en la oposición pero no habitual en el oficialismo local. ¿Expresiones aisladas o una válvula de escape del pan-cornejismo frente a una figura tan desgastada?

Nadie puede asegurar el desenlace de una película inimaginada para Milei, pero lo cierto es que el caso Adorni arrastró su manto de sospecha hasta aquí y si bien no logró empañar la apertura del parque solar, sí dejó suficiente e innecesaria polémica capaz de nublar una gran noticia, de esas en las que abundan las sonrisas y no los gestos adustos, tensos y de compromiso que se vieron. Como si compartir un mismo ámbito contagiara la mala fama. O el costo de salir quemado.

* El autor es periodista y profesor universitario.

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