Esta semana quedaron oficializadas las listas que competirán por la conducción de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), la institución pública de educación superior más importante de Mendoza y la región, en un contexto no sólo desafiante (sino definitivamente adverso) como el que atraviesa el sistema universitario y científico a consecuencia del desfinanciamiento que ejerce el Gobierno nacional.
Incluso, pese a las protestas masivas que este martes tendrán una nueva expresión en todo el país y al inconcebible incumplimiento de una ley gestada por la urgencia reparatoria que superó el veto presidencial, la insistencia del Congreso y que cuenta con el aval de dos instancias judiciales (sólo resta la Corte), que -sin embargo- no logran destrabar la cerrazón de Javier Milei, ni el reacomodamiento de las partidas presupuestarias para su sostenimiento y actualización de salarios docentes y no docentes.
Implosión oficialista
En ese contexto tan particular, en el cual la educación pública se tuvo que poner nuevamente de pie para explicar su trascendencia, la UNCuyo ingresa en la campaña electoral que elegirá -mediante voto directo y ponderado- al sucesor/a de Esther Sánchez, la actual rectora que pese a contar con la posibilidad de ser reelecta terminó declinando su candidatura.
Un hecho que -sin dudas- expresa las tensiones al interior del oficialismo universitario (el ahora extinto Interclaustro) que gobierna desde 2014 cuando esa alianza de radicales, socialistas, Libres del Sur e independientes le arrebataron, con Daniel Pizzi a la cabeza, la conducción al peronismo.
Durante los últimos cuatro años no sólo implosionó el Interclaustro, sino que quedó expuesta una interna solapada que Sánchez y su principal sostén, la Facultad de Ciencias Económicas, se encargaron de profundizar sin generar un proyecto superador.
Una gestión con suficientes cuestionamientos divide ahora la oferta de los que alguna vez fueron oficialismo en tres y hasta cuatro espacios. Lo que habla a las claras del lógico desgaste del proceso, pero también de impericia y hasta cierto desdén en el manejo político.
El dato más notable es la postulación del vicerrector, Gabriel Fidel, quien decidió enfrentar a la contadora pública con la cual armó fórmula en 2022, ahora en compañía de la decana de Ciencias Agrarias, María Flavia Filippini, académica de gran reconocimiento social. El único candidato oficial confía que los desencuentros con la rectora le permitirán diferenciarse y generar una propuesta capaz -incluso- de superar la grieta, en una construcción amplia, más allá de su propia pertenencia.
Con suficientes apoyos internos y externos, en todos los claustros, el ex ministro provincial y de extenso recorrido tanto en el sector público como privado, tiene el guiño de Alfredo Cornejo quien esta vez decidió no involucrarse como en la anterior elección; eso supondría según sus críticos, asumir los costos del respaldo a la gestión saliente que no se materializó en un vínculo del todo fluido entre la Provincia y la Universidad.
Del poder a la oposición
Con el mismo sentido de una diáspora, desde Interclaustro surgió otra fórmula para esta disputa, la que expresan el ex decano de Derecho, Ismael Farrando y Jimena Estrella, dos ex funcionarios de Pizzi, también disconformes con Sánchez, pero sin ánimo de acompañar a Fidel. Sin mayores respaldos de estudiantes o egresados, la dupla se asienta en la trayectoria y reconocimiento profesional, elementos muy valorados por la comunidad universitaria, en especial, los docentes.
Un armado de sentido inverso es el que expresa Javier Ozollo que, si bien representa a una de las fórmulas del peronismo, va acompañado de Fernanda Bernabé, otra ex integrante del gabinete de Pizzi. Bernabé, referente de Libres del Sur, la agrupación de centroizquierda que supo ser aliada de Cornejo en Cambia Mendoza (CM) hasta su confluencia con La Libertad Avanza (LLA), es otra oficialista desencantada que cambió de vereda y lleva su peso simbólico a un candidato netamente opositor como Ozollo, vinculado al kirchnerismo.
Si bien en tren de rigurosidad histórica también se podría decir que la cuarta fórmula en algún momento también participó del oficialismo (Adriana García fue secretaria académica en la primera experiencia de Pizzi) su presencia allí fue fruto de un acuerdo de gobierno que implicaba incorporar a una gestión mayoritariamente radical, una parte del peronismo universitario.
Eso mismo es lo que ahora sigue expresando García, quien va por su cuarto intento de llegar al Rectorado, esta vez acompañada por Ana Sisti (decana de la Facultad de Educación).
Ambas fórmulas peronistas tienen además nutrido respaldo en todos los claustros y disputan un electorado similar que -a priori- podría definir quién sigue en carrera en una casi segura segunda vuelta. La división del voto justicialista es una debilidad.
¿Reconfiguración o fin de ciclo?
La UNCuyo está frente a un proceso capaz de reconfigurar el mapa electoral interno, pero también impactar -según el resultado- fuertemente en el escenario provincial. En especial si se produce un fin de ciclo del radicalismo y aliados, o como contracara, una victoria peronista.
Es tal el grado de fragmentación e internas que atraviesan transversalmente a los nuevos/viejos actores universitarios, que pocos se arriesgan a pronosticar sobre liderazgos favoritos.
La incertidumbre del futuro político de una universidad en crisis -como en todo el país- debería obligar a una confrontación más proclive a la búsqueda de soluciones que a la diferenciación de egos o propuestas de difícil cumplimiento si el ahogo presupuestario se extiende en el tiempo.
Tal vez la virtud del estudio y el debate también se hayan diluido entre aspiraciones y disciplinamientos partidarios que, alejados del deber ser universitario, no deberían hacer olvidar el espíritu crítico, la vocación por el conocimiento y su transferencia a la comunidad.
* El autor es periodista y profesor universitario.