Million dollar Adorni

Esta semana los bienes y gastos no declarados por Manuel Adorni, rozaron el millón de dólares. Y aun así se niega en demostrar de modo inmediato cómo los obtuvo, tal cual se lo pidió explícita y públicamente Patricia Bullrich, sin dudas el personaje político central de estos días, no solo porque "toreó" al jefe de gabinete, sino porque se le "insurreccionó" al propio presidente Javier Milei en un tema que él considera vital.

"Durante mi época de funcionario actué siempre dentro de los parámetros de la política, una actividad en la que no siempre es fácil saber si se cruzan o no ciertos límites”. Declaraciones recientes, ante el tribunal que lo está juzgando, de José López, funcionario K que en 2016 intentó trasladar desde su casa a un convento 9 millones de dólares que guardaba dentro de un bolso, junto con una escopeta.

En esta extraordinaria frase, quien fuera uno de los principales testaferros de la coima en obras públicas de los Kirchner, dio toda una definición teórica de lo que para él es la política práctica, una actividad donde los límites entre lo correcto y lo correcto, entre lo decente y lo indecente, entre la verdad y la mentira, entre la ética y la corrupción se vuelven casi indistinguibles. Una declaración de "principios" para incorporar a los grandes manuales políticos de la historia: los de Maquiavelo, Weber, Ortega y Gasset.....

El primer millón de dólares

Años atrás, un empresario muy importante, haciendo memoria de sus orígenes, decía que, si uno decide dedicarse a esa actividad desde abajo, lo más difícil es llegar a tener el primer millón de dólares porque los que le siguen son mucho más fáciles de conseguir. Esta semana, Manuel Adorni acaba de demostrar que en política la lógica se invierte, que en esta profesión lo más fácil es llegar al primer millón de dólares.

En este gobierno (y en tantos otros) varios entraron a la política ya con millones de dólares en su haber (si desde allí los multiplicaron o no, depende si fueron decentes o no) pero son más los que llegaron con lo puesto. Entre ellos, los decentes se fueron con lo puesto, como llegaron, pero otros intentaron hacer desde la política su primer millón de dólares. Manuel Adorni lo logró en poco más de un año, aunque haya tenido que "deslomarse" un poquito.

Es que, al actual jefe de gabinete, quien empezó a ser investigado hace un mes y pico por un viaje de su esposa como colada en el avión presidencial, se le descubrieron hasta el presente casi un millón de dólares en bienes no declarados cuando llegó al gobierno y que, a juzgar por sus actitudes, tiene muy poco apuro en aclarar su proveniencia.

Por eso Manuel Adorni ha devenido el paradigma de un tipo de personalidad política que podríamos anotar en el registro civil con el nombre de "Million dollar Adorni". Vale decir, el vocero y jefe de gabinete se viene ganando que su apellido se transforme en un arquetipo psicológico y sociológico, o sea, generalizable mucho más allá de su persona.

Expliquemos un poco de qué tipo de personalidad estamos hablando.

Psicología social del "Million dollar Adorni"

Juan Duarte, José López, Amado Boudou, Manuel Adorni.... son personas que por distintas razones se aproximaron al poder mucho más y mucho más arriba de lo que podían y debían por su capacidad y por su experiencia.

Todos tienen la característica de ser pequeños hombres grises, intrascendentes. En italiano serían los "borghesi piccoli piccoli". Incluso surgió a inicios de la posguerra en Italia un partido político que se denominó “Il uomo qualunque”, que quería representar a las personas comunes en contra de la clase política entera (su lema era “Abbasso Tutti”, un claro antecedente del "que se vayan todos" argentino). El inconveniente es que esos hombres del montón, en general, cuando llegan al poder se comportan peor que los que supuestamente vienen a suplantar.

A estos uomini qualunque argentinos, todos aspirantes frustrados en sus vidas privadas al primer millón de dólares, el azar de la vida los ubicó en lugares elevadísimos del poder que bajo ningún punto de vista se merecían. Sitios donde es casi imposible que pasen desapercibidos por la altísima exposición pública del cargo. Pero donde a la vez es casi imposible que no resulten tentados (por esa desproporción entre la pequeñez personal y la gran importancia de su función) a convertirse en lo que en la jerga popular se llaman "piojos resucitados": tipos que desde siempre soñaron con un status como el que les vino de golpe casi por casualidad o suerte, nunca por talento propio. Tipos que se pasaron toda su vida envidiando a los que tenían plata, en la política y fuera de ella. Por eso su primera necesidad, cuando la tuvieron, fue la de mostrarla para alardear ante todo el mundo. Como insinuaría la escribana de Adorni, que le llegaron las buenas todas juntas. A este tipo de gente le resulta psicológicamente imperiosa la necesidad de exhibirse como aspirantes a magnates en vías de concreción ante sus amigos, los viejos con los que aún aceptan seguir estando y los nuevos que siempre vivieron como ellos recién ahora comienza a vivir. Y es debido a ese exhibicionismo por los que lo descubren inevitablemente y casi siempre mucho más temprano que tarde.

Podrían caracterizarse como arribistas, tipos grises del montón, ambiciosos de poca monta, que durante mucho tiempo giraron alrededor del poder, pero siempre marginalmente hasta que de golpe se sacan la lotería de simpatizar con algún tipo con poder en serio. Saben que su talento es mínimo y que si no la aprovechan ahora no la aprovecharán nunca jamás, pero además tienen la necesidad, luego de tantos años de malaria privada o semipública, de cambiar inmediatamente casa, coche, vacaciones y atuendos. Es una venganza íntima por el pasado donde no eran "nadies" o se consideraban así porque ellos todo lo miden en plata y el no tenerla los hacía morirse de bronca, resentimiento y envidia al carecer de lo único que, en el fondo, a sus pequeñas almas, le interesaba. Hasta que un día "les vino la buena" y en vez de intentar dejar de ser los "nadies" que eran o se consideraban o los consideraban, prefirieron seguir siendo "nadies" con plata, exhibiéndola obscenamente.

Cómo empezaron y terminaron los antecesores del "Million dollar Adorni"

Juancito Duarte era hermano de Evita, por eso llegó a ser tan poderoso en los primeros gobiernos peronistas. Su afán por vivir la buena vida que de pobre jamás vivió, lo llevó a cometer corruptelas de todo tipo.

José López era, aún más que Julio De Vido (su inmediato superior) el testaferro de las coimas que los Kirchner les cobraban a los proveedores de obra pública.

Amado Boudou fue uno más de los caprichos de Cristina, política que -aunque condenada por corrupta- es muy inteligente, muy brillante, pero que, sin embargo, tiene uno de los peores ojos clínico-políticos del mundo para elegir a sus principales colaboradores, porque elevó a los rangos más elevados del poder a verdaderas bombas humanas que hicieron explotar todo por el lugar donde pasaban. Martín Lousteau, que como su ministro de Economía casi hace volar el país en tanto inventor de la resolución 125, una auténtica expoliación del Estado al sector agropecuario. Otro sería Alberto Fernández, quien hizo volar literalmente al país entero en tanto presidente títere de Cristina. A Boudou lo nombró vicepresidente cuando ya desde que era ministro se venía quedando con toda "propina" que encontraba a su paso. Un clon real del personaje de ficción Isidorito Cañones y un antecedente de Manuel Adorni. Aunque, admitamos que las bombas cristinistas devinieron en tales porque Cristina, Néstor o los dos, que eran los dueños del fuego, le dieron el fósforo encendido con el cual prender la mecha. Los López, los Boudou, los Albertos por sí solo eran insignificantes para hacer tamaños desastres.

En fin, que Juancito Duarte terminó “suicidado”. Boudou y López terminaron presos. Mientras que Adorni está dinamitando por dentro a un gobierno por la terquedad de mantenerlo en su puesto.

Una era políticamente qualunquista

El 27 de diciembre de 1944, el periodista romano Guglielmo Giannini fundó el semanario "El Hombre Común", en el cual atacaba brutalmente a la clase política imperante. Su principal eslogan fue "Abbasso Tutti!" ("¡Abajo todos!"). El medio se caracterizaba por el uso de lenguaje vulgar y despectivo contra los partidos y políticos de la época. Giannini luego articuló a sus seguidores fundando el partido llamado Fronte dell'Uomo Qualunque (Frente del Hombre Común) en 1946. Se declaraba portavoz de los intereses de las clases medias y contrario a todos los demás partidos políticos de la Italia de posguerra, particularmente a los comunistas. Entre sus militantes se encontraban antiguos partidarios del régimen fascista.

El logotipo de este partido italiano representaba a un hombre destrozado por una imprenta para simbolizar la opresión del ciudadano común por parte de la maquinaria política, ideológica y de prensa de la época. La imagen reflejaba la visión del partido qualunquista de que los partidos políticos tradicionales y la prensa y las ideologías "trituraban" al individuo corriente, privándolo de su libertad, sentido común y bienestar individual.

Por lo tanto, "el qualunquismo es una actitud política y social caracterizada por la desconfianza generalizada hacia las instituciones democráticas, los partidos políticos y la prensa que busca representar al hombre común u hombre cualquiera (l'uomo qualunque) frente a la clase política profesional, a menudo derivando en populismo, antipolítica y apatía", dice el diccionario.

En la Argentina actual también se diferencia entre la casta y "la gente de bien". Los primeros son los políticos, los segundos son la sumatoria de todos los “uomini qualunque”, cantera de la que proviene como un arquetipo, un espécimen perfecto, la figura de Manuel Adorni. Con el cual se verifica que el qualunquismo, cuando ingresa a la política, genera especímenes si no peores cuando menos igual de peores a los que vino a reemplazar, pero de una vulgaridad mucho mayor y de un desconocimiento mayúsculo del nuevo papel que deben cumplir.

Siempre hubo en política muchos uomini qualunque, pero ahora además estamos en una era políticamente qualunquista. Esto no significa que el gobierno de Milei sea qualunquista (porque tiene dentro suyo a una inmensa cantidad de funcionarios liberales y de otras ideologías y trayectorias racionales) pero sí es qualunquista la mayor parte del discurso presidencial en lo que no se refiere a temas no económicos. Y en gran medida lo es su partido, "La Libertad Avanza" (LLA) cuyos afiliados que no provienen de los partidos tradicionales, son en su gran mayoría de ideología y actitudes, claras expresiones del qualunquismo. Y ni que hablar de sus seguidores militantes de las redes sociales.

Adorni surgió de esa cantera qualunquista y es el que de entre ese tipo de políticos más alto llegó en las esferas del poder. O sea que es el espécimen perfecto para desmenuzarlo entomológicamente como representación cabal de un tipo de régimen político en construcción.

Crónica política de la semana del "Million dollar Adorni"

En su visita al palco del Congreso hace un par de miércoles, el presidente Javier Milei fue pararrayos (no al revés) de Adorni. Del mismo modo que desde que comenzó el Adornigate, viene siendo fusible de su ministro (no al revés). Intenta atraer hacia sí mismo todas las furias contra Adorni para protegerlo. Tamaño gasto de capital político debe tener varios objetivos, pero el primero en urgencia es sacar del eje de la escena pública al jefe de gabinete para poder volver a manejar la agenda, manejo que por Adorni el gobierno perdió. No obstante, a Milei le salió exactamente al revés porque esta semana el caso Adorni se hizo más público que nunca desde que se inició, mostrando incluso aristas hasta el momento desconocidas.

El lunes, un contratista que refacciona mansiones declaró judicialmente y mostró las pruebas de cómo Adorni gastó en reparar su nueva casa de fin de semana el doble de dinero que le costó comprarla (o por lo menos, del valor por el que declaró comprarla).

El martes, una mileista arrepentida, la diputada Marcela Pagano, insinuó una relación entre el Adornigate y el Libragate (introduciendo la sospecha de que todos los negociados de Adorni fueron en connivencia y complicidad con los hermanos Milei). Esa es una denuncia tan grave que habrá que probarla muy fehacientemente, pero lo cierto es que aparece en el Adornigate, por primera vez, ya no la probable corrupción individual de un funcionario, sino la sospecha de la corrupción estructural.

Finalmente, le estalló al gobierno la peor de sus pesadillas: la insurrección de Patricia Bullrich contra la lógica del poder de Milei, frente a la cual el presidente no tuvo más remedio que aceptar sus reclamos, al menos de palabra. La primera vez donde él debió agachar la cabeza ante quien lo cuestionó.

Es que desde que salió a luz el caso Adorni, Bullrich es la primera voz oficialista que dice públicamente algo sensato, mejor dicho, lo único sensato sobre el caso: o Adorni tiene en orden su declaración jurada y la muestra ya mismo, o se lo aparta. Algo que debió haberse dicho apenas estalló el escándalo. Ya que si Adorni tiene todo en orden ¿por qué no lo dijo de inmediato? Y si no tiene nada bien ¿por qué no lo echan o se va? Al no haber ocurrido ni una cosa ni la otra, aparecen las terceras hipótesis, todas mucho peores para el gobierno: que Adorni no está jugando solo, que Adorni es el testaferro de otros, que Adorni tiene cosas para decir que algunos desde el gobierno no quieren que se digan, que Adorni con sus torpezas puso a la luz una práctica extendida de financiamiento espurio de la política. Si se probara cualquiera de esas cosas, el mileismo se incorporaría definitivamente a la casta que dijo venir a suplantar. Por eso el nerviosismo del presidente insultando a troche y moche, intentando sacar la pelota de su cancha.

Claro que también sería posible ("Nada es imposible en el reinado de la dimensión desconocida", decía la introducción de la vieja serie televisiva) que todo lo de Adorni esté en orden o no sea judiciable, con lo cual lo cosa sería políticamente igual de peor, porque entonces no se podría explicar por qué, sin tener nada que ocultar como insiste el vocero y jefe de gabinete todos los días, le causó tanto daño a su gobierno durante tanto tiempo negándose a algo tan simple y elemental como mostrar sus papeles.

¿El Adornigate puede perjudicar electoralmente al gobierno? Nadie lo sabe, falta mucho y hasta podría ser que no, tal cual Espert no lo perjudicó en su triunfo electoral del año pasado. Pero le está haciendo un ruido atroz para gobernar y cada vez se vuelve más difícil de detener.

El Adornigate sigue estando en la opinión pública con gran fuerza no por los medios ni por la oposición sino por la protección de Milei hacia su subordinado (actuando el presidente como si fuera un subordinado de su subordinado). Y es debido a esa protección por la cual Adorni se niega a demostrar ya mismo de dónde sacó el dinero para su incremento colosal de gastos, no porque se trate de una suma colosal, sino que es colosal en relación con lo que gastaba antes de llegar al poder.

En síntesis, como nos decía el empresario de principios de la nota, así como llegar al primer millón de dólares es lo más difícil de todo para el que se propone tal objetivo desde la actividad privada lícita, Adorni se está colocando como la prueba viviente que tal lógica se invierte desde la política, o al menos desde cierta política que parece seguir siendo hegemónica en el país, gobierne quien gobierne.

* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]

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