Con Espert pudo solucionarlo a tiempo pese que al principio se empecinó en sostenerlo contra viento y marea. Pero venían las elecciones y el economista era el candidato principal en unas elecciones cruciales en la provincia de Buenos Aires. Debido a eso, más obligado por las circunstancias externas que por sus convicciones internas, lo dejó fuera de todo. ¿Consecuencias? En tanto Espert se mantenía en su cargo legislativo y en su candidatura, no se hablaba más que de él en todos lados y de modo lapidariamente negativo (tanto dentro como fuera del gobierno, tanto en los medios como en la opinión pública), mientras que, al día siguiente a su paso al costado, el espergate desapareció de la escena pública y jamás se volvió a hablar ni del caso ni del personaje. El mileismo, además, ganó cómodamente las elecciones que con Espert de primer candidato se arriesgaba peligrosamente a perder. Fin, diría Adorni.
Pero ahora es justamente con Adorni que se repite la historia, aunque -lamentablemente- sin elecciones a la vista (el actual jefe de gabinete era número puesto como candidato a jefe de gobierno de la Capital en 2027, pero, aunque eso es hoy prácticamente algo inimaginable por su colosal desgaste, para esos comicios falta aún muchísimo tiempo). Sin embargo, en el cargo real o expectante que tenga, Adorni se ha convertido en un piantavotos y en un "piantatodo" fenomenal. Un obstáculo político pocas veces visto, porque impide que cualquier otro tema prenda en la opinión pública, ni siquiera los mucho más importantes que el adornigate. Y casi todos son más importantes frente a lo minúsculo del caso y de su pigmeo protagonista. No obstante, ni aunque el país se evite de pagar 16 mil millones de dólares por el juicio de YPF, ni aunque bajen los índices macro de pobreza, todo lo bueno que puede mostrar el gobierno, no lo puede mostrar porque se le interpone Adorni, a estas horas, un fenómeno de comunicación popular impresionante, porque al ser tan simple de comprender todo lo que hizo hasta por el más común de los mortales, se ha convertido en uno de los símbolos más extraordinarios (si no el más extraordinario) de los inicios de la corrupción en la era Milei. Adorni símbolo es muchísimo más trascendente que su intrascendente persona.
Ahora bien, igual que en el affaire Espert, el affaire Adorni se soluciona del mismo modo, en apenas un instante y contundentemente haciendo lo mismo que se hizo con Espert, mandarlo a su casa. Al día siguiente de tal decisión, el tema Adorni desaparecería de todos lados, de medios y conversaciones, de oficialismo y oposición.
Así de sencillo sería sacarse de encima a tan pequeño pero gran estorbo. Sin embargo, Milei ha decidido hacer todo lo contrario, mantenerlo a como dé lugar en su cargo y en sus potestades. Se podría decir que a defenderlo prácticamente en soledad. Sin más compañía en la "patriada" que la de su hermana, porque ella es con él una sola persona. Dos en uno. Una especie de "santísima dualidad".
Si Adorni desapareciera de escena por decisión del presidente, en ese mismo instante el prestigio de Milei dejaría de deteriorarse como hoy está ocurriendo por insistir en defenderlo. Nadie -salvo aquellos opositores a los que les conviene políticamente- establecería ninguna relación de complicidad entre el jefe de gobierno y el presidente por las casas, los viajes y demás excesos patrimonialmente injustificables que cometió el primero.
Esa actitud de sacárselo de encima, salvo los dos Milei, la piensan, la creen y la desean todos dentro del mileismo, en particular sus ministros, a los que el presidente obliga a poner la cara por el impresentable Adorni, humillación que todos aceptan resignados, aunque sin convicción alguna, nada más que porque nadie se atreve a contradecirlos ya que el poder político en el gobierno está absolutamente concentrado en los Milei. Y, como se verifica día tras día, evento tras evento, el más grave delito de Estado es pretender no sólo frenar esa concentración, sino impedir que siga creciendo.
Todo presidente argentino previo a Milei tenía algo o alguien con quien -le gustara o no- compartir el poder porque provenían de alguna entidad política previa. Con el libertario eso cambia sustancialmente, porque el poder del libertario es solo suyo. No lo debe nada a la política, al emerger únicamente del "que se vayan todos". Es el presidente con más poder personal de la historia nacional. Podrá ser quien con menos caudal de gente propia llegó al gobierno, pero en realidad llegó él solo, porque todos los que lo acompañaron antes de ganar eran previamente nadie (y en su enorme mayoría siguen siendo "nadie") y los que de otros partidos se le incorporaron posteriormente (en particular los que saltaron desde el macrismo) son todos objetos del control y de las operaciones permanentes de Karina Milei para que carezcan absolutamente de la posibilidad, por más mínima que sea, de crecer o de compartir de algún modo el poder con ella y con su hermano.
Que Adorni haya llegado tan alto siendo él tan bajo, fue para contrarrestar a dos políticos que intentaban terciar, influir, participar, en las decisiones políticas de los hermanos: Patricia Bullrich y Santiago Caputo. Se lo subió a él para bajarles las expectativas a ellos. Y posiblemente hayan sido ellos, o sus entornos, los más interesados en deschavar los pecadillos del vocero y jefe de gabinete caído en desgracia. Por eso los Milei no pueden permitir que esa probable insurrección interna a su intento de concentración absoluta del poder, cunda en lo más mínimo. Y entonces siguen sosteniendo al impresentable, contra toda razón, lógica, sentido común y practicidad políticas.
Si a veces Milei escucha otras voces (de las cuales la más destacada es la de Mauricio Macri y luego la de los gobernadores afines) es porque está en algún aprieto. Apenas zafa del inconveniente, vuelve a su personalismo absoluto y allí aparece nuevamente la figura de Karina para ir concentrando más y más todo el poder en esa especie de "bipersonalismo", emprendiéndola a veces contra Macri, otras contra los gobernadores afines, y en la última ocasión contra Santiago Caputo y Patricia Bullrich, porque se estaban empezando a creer más de lo que eran dentro del mundo Milei.
Manuel Adorni, en cambio, representa el modelo ideal de político en el imaginario de ambos hermanos. Alguien que viniendo desde la nada y que siendo nadie, nunca podrá dejar de ser nadie y por lo tanto jamás los podrá traicionar o intentar reemplazar porque no tiene el menor talento con qué hacerlo. Lo que pasa es que esos personajillos, para que cumplan su misión sin alterar la gobernabilidad, deben ser controlados hasta en los detalles más minúsculos, porque que sean políticamente insignificantes, no implica que sus deseos de enriquecerse personalmente sean menos insignificantes que los de la casta en general. Y el no controlar esos en apariencia pequeños detalles en "su criatura", fue el gravísimo error que cometieron los Milei.
En otras palabras, a estas alturas, aunque sin lugar a dudas lo mejor para la gobernabilidad sería que Adorni fuera eyectado de la política (con lo cual, al día siguiente, como con Espert, todos se olvidarían de él), eso también sería un duro golpe para con el estilo de construir poder de los Milei, ya que Adorni se había convertido en el principal ejemplo del tipo de político que Karina quería como la futura elite que acompañara a su hermano. Ni siquiera los primos Menem eran tan perfectos para ello como Adorni, porque provienen de otra fuerza política. No eran partidariamente virginales como el que hoy convoca negativamente la plena atención de los argentinos.
En síntesis, Javier Milei llegó al gobierno con políticamente nada propio, pero a la vez logró un poder personal que no tuvo ningún otro presidente. Porque la disgregación previa a él lo dejó sin adversarios de fuste y porque la mayoría social que lo votó lo hizo sólo por él y con mayor fervor aún porque no tenía ninguna estructura política en la cual se apoyara. En términos personales, difícilmente algún otro presidente haya tenido antes tanto poder como el que tiene Milei porque la sociedad le ha delegado el poder sólo a él. Mientras que él, a su vez, ha decidido compartirlo nada más que con su hermana (a quien la sociedad no le delegó el más mínimo poder). Una hermana que tiene casi como única y exclusiva misión política la de que el poder que hoy tiene Milei se fortalezca y se concentre al infinito sin que deba compartirlo nunca jamás con nadie.
Lo de Adorni, en ese sentido, es una pulseada personalísima de los hermanos Milei contra el resto del mundo (tanto contra los políticos propios o ajenos, y también contra toda la opinión pública, que en esto no acompaña al presidente) para ver hasta dónde es posible seguir construyendo el tipo de poder que solo ellos dos quieren construir. Para el cual necesitan crear no uno, sino diez, cien, mil Adornis.
No sabríamos decir si lo que buscan los dos hermanos es el poder absoluto, pero sí que aspiran a un poder absolutamente personal. Donde por arriba estén solamente los dos Milei y de ellos hacia abajo, la política toda (tanto en lo partidario como en lo gubernamental) esté administrada nada más que por gente "estilo Adorni", vale decir leales indiscutibles y obsecuentes superlativos por carecer de toda capacidad propia para algún día intentar disputarles el poder.
Pero -en este primer caso experimental- la fatalidad o el destino (muy previsibles por otra parte) quiso que ese "don nadie" al que los Milei quisieron convertir en "don todo", en vez de aprovechar la oportunidad que la pareja más poderosa del país le ofreció de formar parte de la historia, prefirió apenas quedarse con los vueltos. Porque eso es lo que suelen hacer, siempre, los "don nadie".
El peor error de los hermanos Milei fue haberse olvidado que lo barato sale caro. Su segundo peor error puede ser el de seguir sosteniéndolo mucho tiempo más.
* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]