Un desfachatado

Este señor Adorni presumía de no ser de las dirigencias tradicionales, que no era Casta. Efectivamente, nunca tuvo actuación dirigencial y eso preocupa, porque muestra que la podredumbre está arraigada en amplios sectores sociales.

Me imagino el personaje, nunca fue nadie, ni en la vida profesional, académica, empresaria, social, cultural, política del país. Un día llega a un cargo gubernativo; pasa un año y encabeza una lista ganadora en elecciones locales de la ciudad de Buenos Aires y al año siguiente es jefe de gabinete. Tampoco tenía un buen nivel de vida, sus ingresos eran de clase media baja. El problema es que los ingresos como funcionario del gobierno también son bajos, dejando de lado la demagogia barata de compararlo con la jubilación mínima. Pero el nivel de vida que desde que es funcionario y las adquisiciones de inmuebles y su presunto endeudamiento no condicen con esos ingresos. He ahí el problema.

La reacción del presidente es vociferar, agraviar, calumniar a los periodistas más serios del país que demostraron durante el festival de corrupción y saqueo de la familia Kirchner su compromiso con la defensa del interés público dando información y aportando datos que mostraron ese saqueo a pesar de la complicidad de una parte del poder judicial. No se vio a Milei ni a sus adláteres participar de ese desenmascaramiento de ese saqueo. Al contrario, apoyaba a Scioli que no está preso por la complicidad de sectores de la justicia.

El señor Adorni no solo no renuncia, se siente empoderado y más soberbio que de costumbre, llegando a decir que se vayan los otros, los que en el gobierno en voz baja lo cuestionan. Este señor presumía de no ser de las dirigencias tradicionales, que no era Casta. Efectivamente nunca tuvo actuación dirigencial y eso preocupa, porque muestra que la podredumbre está arraigada en amplios sectores sociales.

Al que esto escribe no le llama la atención este tipejo Adorni que desde su aparición pública se mostró como un pobre muchacho al que las circunstancias le permitieron acceder a las alfombras rojas del poder y de la notoriedad. La preocupación pasa por la actitud de otras personas de más jerarquía, que más allá de si nos satisface su desempeño tienen cierto nombre y sin embargo no reaccionan con la salvedad de Patricia Bullrich que sabe de política y conoce del humor social.

El problema del personalismo, de callarse ante el jefe, de no contrariarlo termina perjudicando a los presidentes y los liderazgos. El golpe de 1930 pudo triunfar porque los adulones que rodeaban a Yrigoyen no le dijeron la verdad e impidieron que su ministro de guerra el general Dellepiane tomara las medidas para abortarlo.

Días pasados, un flamante diputado nacional, Alejandro Fargosi, que en los tiempos de los gobiernos de los Kirchner defendía a los periodistas de los ataques que desde el gobierno se hacían a quienes no se sometían e informaban sobre los desaguisados que cometían, ahora los reta porque siguen haciendo la misma tarea. Doble vara, la libertad está bien cuando soy oposición, pero sí estoy en el gobierno, la prensa solo debe dar las noticias favorables, ese es el mensaje.

No extraña en un presidente que cuando Luciana Geuna le preguntó si creía en la democracia solo contestó sobre el teorema de Arrow, que pone en duda los sistemas electorales.

No solo no cree en la democracia, tampoco en la división de poderes republicana. Ya salió el impresentable secretario de asuntos universitarios con un odio ancestral a la Universidad pública en general, pero más pronunciado aún a la UBA, desconociendo una ley del Congreso sobre el financiamiento universitario. Parecería una muestra de resentimiento en un gobierno en que casi todos vienen de universidades de segundo orden.

Pretenden bajar aún más el presupuesto como lo han hecho también con las fuerzas armadas al que lo han reducido a los más bajos niveles.

Se suma esto a los problemas de infraestructura. Mientras tanto privilegios fiscales como los de Tierra del fuego siguen vigentes y aunque no sean significativos esos viajes para reunirse con personajes cuestionables o para presumir de profeta contra el mal cuando hay mucho que aclarar en su gobierno.

Aclarar, limpiar de sospechosos, ampliar los apoyos a las reformas imprescindibles para acelerar la recuperación económica del país encarrilándolo en una senda de crecimiento y desarrollo perdurable.

En “Cuarto Intermedio”, publicación de circulación entre lideres de opinión un economista reconocido como Pablo Guidotti señala, por ejemplo, la necesidad de acumular reservas como manera de preservarse de las crisis. Guidotti sabe de las mismas pues era director del Banco Central cuanto se desató la crisis conocida como Tequila en 1994.

Todo un programa legislativo para debatir está congelado porque un personajillo no hace lo más simple que es presentar su declaración jurada de bienes sometiendo al presidente a sospechas sobre las razones de tanta protección. Una declaración que sólo lleva unos minutos de tiempo si todo está en orden. Lo dice alguien que en varias oportunidades tuvo que hacerlas.

* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.

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