En junio de 1966, tras un golpe de Estado contra el presidente Arturo Illia, asumió el poder el general Onganía. Aspiraba a ocupar muchos años la Casa Rosada a lo largo de los cuales se irían cumpliendo tres fases separadas denominadas “tiempo económico, tiempo social y, por último, tiempo político”, es decir la culminación del gobierno militar y un posible retorno a una democracia no definida, pero sin duda no liberal y tutelada por las FFAA.
Traemos esto a colación, no por la simplificación de pretender separar la vida de una nación –por naturaleza un sistema integrado-, en porciones tratables individualmente para reunificarlas en un futuro indefinido, sino por cierta analogía con la actualidad de nuestro país. En efecto, varios gobernadores aliados del gobierno nacional (Mendoza, Entre Ríos, Río Negro, Catamarca…), reiteran por estos tiempos su entusiasta apoyo al “rumbo económico”. Deberían ser más explícitos acerca de este “rumbo”, porque de lo contrario es una generalización tan sin sentido como decir que aman la libertad. ¿Es que dejan para otra oportunidad o tiempo, al igual que Onganía, la situación en que se encuentran nuestra sociedad y el sistema político? Estos actores fueron elegidos por fuerzas políticas que eran incompatibles con el movimiento de Milei; sin embargo, parece que la atracción del poder los lleva a una gradual (o no tanto) conversión cuasi religiosa, acrítica al libertarismo.
Es imposible que ignoren que Milei no es un liberal sino un anarcapitalista, ideología que sigue a escuelas económicas marginales (nunca aplicadas), en especial a M. Rothbard y W. Block, y a otros referentes del mundo tecnológico muy cercanos a movimientos neonazis y que sostienen que la Democracia es incompatible con el Capitalismo (Peter Thiel, Elon Musk…). El primero sostiene (también Milei), que el Estado es una organización criminal que debe ser destruida. Block dice aberraciones, pero el presidente les obsequió a todos los miembros de su gabinete “Defendiendo lo indefendible”, un libro de este libertario que, entre otras cosas, justifica el trabajo infantil, la esclavitud (siempre que sea “voluntaria”), el narcotráfico…, y les recomendó su lectura. En ese marco y contexto ideológico habría que preguntarle a los gobernadores y a los legisladores que los siguen cuál es el rumbo económico mileista que apoyan teniendo en cuenta la realidad presente y las consecuencias que muestra el llamado “modelo” luego de 25 meses de ejercicio del poder:
En el plano económico, apoyado por estos aliados se cuentan:
- La destrucción de la estructura estatal en nombre del sacrosanto “superávit fiscal” reduce, hasta tornarlos inoperativos por desfinanciamiento el sistema universitario público, el sistema científico nacional, la infraestructura caminera, etc. Esto es parte del rumbo económico.
- La implementación de un “modelo” centrado en el endeudamiento interno y externo constante, creciente y en magnitudes sin antecedentes, utilizado única y exclusivamente para repagar deudas a bancos nacionales, bancos extranjeros, FMI y organismos multilaterales de crédito. La deuda del Estado nacional crece; también las de las provincias, sin solución de continuidad. Y en algún momento habrá que asumir la carga. Ya sabemos sobre quiénes recaerá. Esto es parte del rumbo económico.
- El agro pampeano crece, pero de modo irregular. El sector lácteo se concentra cuasi monopólicamente y la “competencia” se reduce. La industria está en proceso de destrucción acelerada en vastos subsectores. Esto es parte del rumbo económico.
- Inversiones RIGI, Régimen de Incentivos de Grandes Inversiones, que reduce el impuesto a las ganancias por 30 años; establece la libre disponibilidad de las divisas generadas por exportaciones y exime de derechos de importación y exportación. No hay igualdad ante la ley para los inversores pequeños y medianos. Del RIGI surgirán enclaves extranjeros en el territorio nacional, con más conexiones con sus casas matrices que con el país receptor; nada muy distinto de la base del Ejército de Liberación Popular de China que está en Neuquén por 50 años. ¿Los beneficios para el país? Algunos impuestos, los sueldos del personal que contraten (no están obligados a que sean argentinos). No hay obligación de crear cadenas de valor, generadoras de desarrollo local. El resultado será un puro extractivismo y enormes pasivos ambientales que nos quedarán de recuerdo del saqueo. Esto es parte del rumbo económico.
- La caída de la actividad económica de los sectores que representan más del 50% del PBI (industria, construcción, comercio) conlleva una baja sostenida de los ingresos fiscales y, consecuentemente, nuevos recortes en el gasto público: menos salud, educación, prestaciones para discapacitados, jubilaciones más raquíticas y un superávit fiscal dibujado o disfrazado mediante la postergación de pagos a proveedores, al PAMI, o de devoluciones de impuestos a exportadores, etc. Esto es parte del rumbo económico.
En el plano social el impacto del rumbo económico es estrepitoso:
- Desempleo en aumento sostenido desde que asumió Milei. Se pierde trabajo formal y de calidad y crecen los trabajos informales, lo que implica menor recaudación de ANSES. Esto se correlaciona con un proceso de crecimiento de la pobreza que llevará a una desestabilización social.
Estos gobernadores no pueden ignorar que todos los experimentos neoliberales (dictadura, menemismo, libertarismo) han provocado (y provocan) una fenomenal transferencia de ingresos desde las clases bajas y medias hacia los sectores más altos de la sociedad, lo que se traduce en un achicamiento sostenido de la clase media y un incremento mayor de los sectores bajos junto con una marcada concentración de la riqueza en el vértice de la pirámide social y una expansión de la pobreza en la base, convertida, paso a paso, en estructural. En 1974 Argentina tenía alrededor de un 5% de pobreza y no existía la indigencia. Hoy estamos en un 30% (y creciendo) y 6,5% respectivamente. Entre un 65 y un 82% de la población era de clase media; hoy, con suerte, oscila en torno al 42%. Esto también es parte del rumbo económico y no puede ser disociado al estilo Onganía.
En el plano político es más que evidente que el populismo de Milei no es democrático, sino autocrático o -como dice Newman (2026), politólogo estadounidense-, neomonárquico. Verticalista, con rechazo visceral y discurso de odio a todo lo que no encaje en sus dogmas o creencias. Viola la Constitución a diario gobernado prácticamente por decretos de necesidad y urgencia que no son ni lo uno ni lo otro. Ataca de todas las maneras posibles al periodismo, nunca ha dado una conferencia de prensa; no cumple con leyes aprobadas y ratificadas por el Congreso; no acata fallos judiciales (por ejemplo, sobre coparticipación de impuestos o sobre incumplimiento de leyes); está manipulando la conformación de un nuevo poder judicial que le resulte afín a sus intereses (Pagni dixit), y un largo etcétera. También está seriamente encuadrado en casos de presunta corrupción que llegan a la cúpula del poder y están en manos de nuestra maculada justicia federal. Como epílogo de este pantallazo, Argentina cae sostenida y fuertemente en el ranking de libertad de prensa en el mundo. ¡¡Maravilloso!!
Agreguemos que está politizando a las FFAA. La designación como ministro de Defensa de un general en actividad no es aséptica. Por el contrario, y sobre todo en un gobierno populista y autocrático, cualquier designación política requiere, por sobre toda otra consideración, la lealtad al jefe político. Se pierde así la imparcialidad y el profesionalismo que deben imperar en las FFAA como brazo armado del Estado (no del gobierno de turno) para defender a la Nación de potenciales enemigos externos. Sabemos muy bien los argentinos el costo que ha pagado el país por la politización militar entre 1930 y 1983 y los diversos faccionalismos y camarillas que se originaron, la última de las cuales intentó comprometer al Ejército Argentino con el “proyecto Nacional y Popular” (2013-2015).
Para ir concluyendo, conviene señalar que la Argentina hoy no tiene política exterior independiente. En el contexto del Neomonarquismo mencionado, las relaciones exteriores tradicionales (la diplomacia) desaparecen y se convierten en relaciones personales entre autócratas. Milei rompió una tradición continuada en la historia desde el siglo XX por gobiernos de diferente signo político, que convirtieron a nuestra diplomacia en todos los foros internacionales y en relaciones bilaterales en una presencia escuchada y respetada. Sólo recordemos unos pocos nombres: Luis María Drago, Carlos Saavedra Lamas (Premio Nobel de la Paz), Juan Aitilio Bramuglia, Miguel Ángel Zavala Ortiz, Dante Caputo…
La política exterior actual, si así podemos llamarla, está absolutamente limitada a un seguidismo acrítico, subordinado, hacia dos mandatarios muy controversiales, Trump y Netanyahu. Atado a ellos, la Argentina participa pasivamente del creciente aislamiento internacional en el que se encuentran EEUU e Israel, particularmente por su absoluto incumplimiento del derecho internacional, político, económico y humanitario.
El precedente resumen de lo político no está separado del rumbo económico.
En este breve panorama, los gobernadores mencionados al comienzo, y otros que parecen iguales, ¿se limitan sólo a apoyar el rumbo económico?, ¿participan junto con los ganadores de este modelo, que son siempre los mismos con cualquier gobierno?, ¿se convertirán al libertarismo si son llamados por la Fuerzas del Cielo?
Finalmente, aunque no soy periodista, he escrito Historia –periodismo del pasado-. Por esa razón, y porque defiendo sin tapujos la República y el Estado de Derecho, necesito expresar mi solidaridad absoluta con el 95% de los periodistas que hacen su trabajo cotidiano con honestidad y valentía a pesar de la brutalidad del ataque sistemático que reciben a diario desde la cima del poder político acompañado del silencio cómplice de los ex republicanos.
* El autor es geógrafo e historiador.