14 de mayo de 2026 - 00:20

La Forma de la TV se morfa a la TV

Durante décadas, la televisión fue un territorio bastante claro: había una pantalla, un horario, una grilla y una audiencia más o menos cautiva. Hoy, todo eso está en crisis, en mutación y directamente dejó de existir como lo conocíamos. Entonces, ¿qué pasó con la TV? Ya no es televisión, ahora son contenidos.

En oportunidad de una invitación de la Universidad Nacional de Cuyo al encuentro TV MORFOSIS el 29 de abril pasado, pudimos compartir un panel que busca analizar lo que pasa con la pantalla. Agradecido por esa oportunidad de debate, van estas líneas a modo de ejercicio para seguir pensando, en medio de un ecosistema que nos empuja permanentemente a producir y producir, con escaso tiempo para la reflexión; pero cuando nos frenamos un segundo salen algunas preguntas.

¿Esto que vemos… sigue siendo televisión? O mejor todavía: ¿importa si lo es?

Durante décadas, la televisión fue un territorio bastante claro: había una pantalla, un horario, una grilla y una audiencia más o menos cautiva.

Hoy, todo eso está en crisis, en mutación y directamente dejó de existir como lo conocíamos.

Entonces, ¿qué pasó con la TV?

Ya no es televisión, ahora son contenidos; luego, ¿qué pasó con los contenidos? ¿son programas? ¿son historias que empiezan en algún lado, siguen en las redes y terminan en una conversación de WhatsApp? ¿son algo que se produce… o algo que sucede?

Y ahí aparecen más preguntas: ¿para qué sirven los contenidos? ¿para informar? ¿para entretener?

un contenido que no genera comunidad, desaparece.

Un contenido que no circula, no existe.

Un contenido que no habilita conversación, se diluye.

Por eso es interesante pensar en algo que de alguna manera intente ordenar un poco todo esto, las tres C:

Conversación, circulación y comunidad

La conversación: Si no hay conversación, no hay nada.

No importa cuán bien producido esté un contenido, cuán correcto, cuán prolijo.

Si no interpela, si no incomoda, si no retorna es solo ruido.

La circulación: Siempre se pensó en “emitir”. Hoy tenemos que pensar en “mover”. El contenido se adapta, se fragmenta, se reescribe, se comparte, se reinterpreta, se reinventa.

La comunidad: Todo esto no se trata de plataformas.

Se trata de personas, de quiénes reciben el contenido y lo hacen propio.

Ahí hay algo que lo que llamamos TV tradicional nunca terminó de resolver del todo. Y que hoy se vuelve centro de estos debates.

Va la última pregunta

¿Qué rol tienen estos espacios en la universidad con todo esto?

Tienen el valor de la “institucionalidad de la duda” según el gran rector Armando Bertranou.

Porque la universidad históricamente enseñó formatos, lenguajes o estructuras que, en muchos casos, ya no existen o están cambiando a una velocidad que ningún programa académico puede seguir.

Porque cuando nos sentamos a ver un plan de estudios, lo que era ya pasó. Fue.

Pero tal vez ese no sea el problema; el desafío no sea enseñar lo que ya sabemos, sino animarse a trabajar sobre lo que todavía no entendemos.

Formar no para repetir modelos, para discutirlos, tensionarlos y desarmarlos.

La universidad, en este contexto, tiene la adrenalínica tarea de ser un laboratorio. Un espacio donde equivocarse no sea un problema.

Donde alguien pueda decir: “esto que estamos haciendo… todavía no tiene nombre”.

Porque, y acá viene una afirmación un poco exagerada pero útil: todo lo que sabemos hasta ahora… fracasó. Fracasó en el sentido de que ya no alcanza, que no explica y que ya no conecta.

No es un fracaso trágico. Es un fracaso fértil que nos dejó sin seguridades, pero con una oportunidad enorme:

Imaginar escenarios futuros

No construidos desde un solo lugar, ni desde un único saber, ni desde una única voz.

Una construcción colectiva.

Entre los espacios de formación, los medios, los creadores, las audiencias, las plataformas… y también desde los bordes, desde la periferia, desde donde muchas veces aparecen las ideas más interesantes.

Y reflexionar

¿Qué estamos haciendo cuando hacemos “contenido”?

¿A quién le hablamos… y quién nos responde?

¿Con quién conversamos? ¿Estamos construyendo comunidad más allá de métricas? ¿Qué estamos dejando de imaginar?

Aprovechar estos encuentros y estos cruces para animarnos a otra cosa y no solo validar lo que ya hacemos:

Probar/mezclar/romper formatos/inventar lenguajes…

No alcanza con adaptarse. Hay que crear.

* El autor es presidente de FilmAndes.

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