13 de mayo de 2026 - 00:15

El mendocino Alberto Calderón, un genio matemático mundial ignorado en Mendoza

No recuerdo en mi larga vida que Mendoza haya tenido en cuenta a Alberto Calderón. Este trabajo mío en Los Andes tiene modestamente esta intención. Pero no es suficiente. Creo que el Gobierno, la Legislatura y las Universidades de Mendoza deben pensar en grandes homenajes al Maestro.

    Por razones familiares estuve dos veces con Alberto y nunca me habló de sí, de su vida, de la Escuela de Análisis Matemático que fundó en Chicago, de sus éxitos mundiales, de sus premios. Un genio matemático mundial con una humildad silenciosa vacía de toda soberbia. ¡Sí, un genio que no creía que su trabajo modificaría la historia tecnológica y científica mundial del siglo XX!

    Alberto Pedro Calderón nació en Mendoza el 14 de setiembre de 1920 y murió en Chicago EEUU el 16 de abril de 1998 a los 77 años. Su padre era el gran cirujano urólogo Doctor don Pedro Juan Calderón, fundador del Hospital Central y maestro de otro grande de la cirugía mendocina, Carlos Padín, quien lo distinguía siempre y en todo lugar con particular estima. Don Pedro era tío de otro genio de la Filosofía, Rubén Calderón Bouchet, mi profesor en el LMGE y luego colega en la Universidad de Mendoza. Alberto era hermano de Nenacha, Matilde, Calixto, María Teresa (mi cuñada Chinita), y Pedro Juan. Padre de María Josefina y Pablo Alberto.

    Como ingeniero era profesor en la Universidad de Buenos Aires y allí lo conoció al profesor polaco Antoni Zygmund invitado en 1948 quien, sorprendido por su talento, lo invitó a Chicago. El profesor planteó en Buenos Aires un problema matemático que no había resuelto y al finalizar sus conferencias Alberto, sin seguridad propio de su humildad, le llevó la solución anhelada por Zygmund. Fue su padrino de tesis doctoral en Matemáticas y desarrolló en la cátedra y sus estudios, la que fue su “Escuela de Análisis Matemático de Chicago” donde se formaron cientos de profesores que se dispersaron por el mundo enseñando la genialidad matemática de Alberto. Era tan grande en esta ciencia como lo fue Albert Einstein en Física, según se ha comprobado científica y mundialmente y lo afirma el matemático y periodista argentino Adrián Paenza. Este era su nivel y su grandeza.

    Creó la teoría de operadores definidos por integrales singulares con extraordinario impacto en aplicaciones prácticas en el procesamiento de señales, internet, geofísica, tomografía computada, diagnóstico por imágenes. biotecnología, Google, ecuaciones diferenciales en derivadas parciales, teoría de interpolación, teorema de Cauchy, resuelto y trabajado por Alberto, curvas de Lipschitz, problemas inversos en la prospección eléctrica, etc. etc.

    El mundo tecnológico que hoy utilizamos en todas nuestras actividades, música, medicina, computación, celulares, instagram y hasta inteligencia artificial, tiene sus bases en las teorías matemáticas de Alberto y por eso trabajaba seis meses en Chicago y en los otros seis era requerido por todas las universidades del mundo para enseñar y explicar sus teorías metemáticas puras con especial aplicación en la vida diaria de toda la humanidad. Era académico en Buenos Aires de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; en EEUU de la Academia de las Artes y las Ciencias, TWAS, Academia Nacional de Ciencias, Universidad del Estado de Ohio, Institute for Advanced Study, Instututo Tecnológico de Massachusetts.

    En 1991 no existía el Premio Nobel en Ciencias Matemáticas y por eso el presidente George Bush (padre) le otorgó el premio Medalla Nacional de Ciencias de EEUU, destinado a los científicos más importantes del Mundo; así también recibió el premio Wolf en 1989; Premio Leroy Steele en 1989, Premio Konex en Israel, todos con repercusión mundial.

    Otro aspecto de la personalidad de Alberto era su generosidad. En los primeros tiempos de su estadía en Chicago todos sus trabajos los hacía firmando junto a su mentor Zygmund. Pero pasados los años, cuando el discípulo había superado al maestro y este ya no aportaba a las nuevas y sensacionales teorías de Alberto, los trabajos los seguía publicando con la firma del polaco. ¡Qué sorprendente acontecimiento de reconocimiento y grandeza humana!

    Alberto cultivó en el piano la música clásica cuya belleza la asoció con la matemática pura que amaba. Los números eran su pasión y a ellos les dedicó su vida. Nunca pensó en su gloria personal pero sus éxitos no queridos fueron trascendentes a él. Era orgulloso de ser argentino y mendocino y viajaba tantas veces como Chicago le permitía en su tiempo libre, por cierto escaso. Visitaba a su familia en especial a sus hermanos porque sus hijos estudiaban y vivían en Europa, María Josefina en París y Pablo Alberto en Suiza.

    No recuerdo en mi larga vida que Mendoza haya tenido en cuenta a Alberto Calderón. Este trabajo mío en Los Andes tiene modestamente esta intención. Pero no es suficiente. Creo que el Gobierno, la Legislatura y las Universidades de Mendoza deben pensar en grandes homenajes al Maestro. No solo como necesario y justo reconocimiento sino como ejemplo para las generaciones presentes y futuras. Tenemos numerosas mentes brillantes individuales los argentinos, pero lamentando lo digo, numerosos delincuentes que se desempeñaron en la política, algunos presos y otros no pero que posiblemente lo estén.

    ¡El ejemplo de Alberto Calderón será otra guía para que los jóvenes piensen que su futuro estará unido a la honestidad, la humildad y la grandeza de espíritu!

    Dios así lo quiera.

    * El autor es doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales.

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