Los pícaros

De esa estirpe de pícaros e inescrupulosos aventureros que encuentran en la política su oportunidad para salvarse de una vez y para siempre, cuyo ejemplo más paradigmático fue Amado Boudou en la era K, parecen ser sus continuadores en el presente gobierno, personajes como el "trader" del Libragate, Mauricio Novelli (aunque su negocio no sean las fábricas de monedas, sino las criptomonedas) y el "viajero" Manuel Adorni.

Boudou e Isidoro Cañones

Amado Boudou casi seguramente quedará para siempre en la historia como la encarnación política más representativa de los ladrones de medio pelo que sobreabundan en la política, no sólo en la era K. Él no era del "palo" de los Kirchner, no era Lázaro Báez, ni Julio De Vido, ni Ricardo Jaime ni siquiera Daniel Muñoz (el secretario privado de Néstor que llegó a acumular 70 millones de dólares en propiedades personales). Era más bien un pícaro arribista quien con su desenfado, caradurez e incluso iniciativas (existen desde siempre, en la fauna humana, tontos con iniciativa, locos con iniciativa y también chorros con iniciativa), supo ganarse la simpatía de la pareja gobernante, en particular de Cristina Kirchner quien lo hizo su vicepresidente aun cuando ya se sabía de sus correrías con Ciccone calcográfica, la impresora de billetes que se robó, y otros negociados, como el que Amado hizo con el eterno gobernador de Formosa, Gildo Insfran, al cual le cobró (o se repartieron entre ambos) varios millones de dólares, siendo ministro de Economía, por un "asesoramiento" económico.

Sabedor de la lotería que se sacó al haberse ganado el favor de los Kirchner, Amado convocó a todos sus amigos de la noche porteña y marplatense para iniciarse en el robo, el fraude, la estafa, el acomodo y el tráfico de influencias desde el Estado, armando su propia pyme delictiva, al amparo de los K que lo protegían.

Hizo con Néstor y con Cristina, lo mismo que, en una legendaria y premonitoria historieta, Isidoro Cañones hizo con Patoruzú cuando éste, siendo elegido presidente, lo nombró vicepresidente y entonces Isidoro se dedicó a robar todo lo que pudo (hasta fraguó un sorteo de la lotería pública para quedarse con el premio mayor).

La diferencia esencial y crucial, a favor de los personajes de ficción, es que cuando Patoruzú se enteró de los actos delictivos de su padrino Isidoro, lo echó a patadas, mientras que los Kirchner no paraban de ascender a Boudou mientras más saltaban a la luz pública sus correrías delictivas, muchas de ellas seguramente encargadas por la propia pareja presidencial, pero otras hechas por iniciativa propia porque Néstor estaba para el afane grande, mientras que Amado sobre todo quería acomodarse y acomodar a todos sus amigos, ya que una ocasión como con la que se encontró al ser bancado en sus tropelías por la pareja más poderosa del país, no suele ocurrir más que una sola vez.

Boudou como antecedente de Adorni y Novelli

De esa estirpe de pícaros aventureros que encuentran en la política su oportunidad para salvarse de una vez y por siempre, parecen ser continuadores de Boudou, personajes del presente gobierno mileista como el "trader" del Libragate Mauricio Novelli (aunque su negocio no sean las fábricas de monedas, sino las criptomonedas) y tal vez el "viajero" Manuel Adorni, del cual, a partir de una picardía menor como "colar" a su esposa en un vuelo oficial, le empezaron a saltar, primero un viaje en jet privado pagado por un periodista de la tevé pública que dependía jerárquicamente de él y luego varias propiedades adquiridas a partir de los seis meses de haber llegado al poder que no parecen coincidir con el nivel relativamente modesto de vida que tenía antes, con él trabajando de opinador televisivo y su esposa dando charlas esporádicas de autoayuda (las que, al llegar su esposo al poder, convirtió en una empresa donde, por arte de magia, los clientes relacionados con el Estado, seguramente necesitados de esa autoayuda, comenzaron a llover por doquier).

En fin, todas cuestiones a investigar, aunque tanto lo de Novelli como lo de Adorni parecen cada vez la reiteración de picardías que también coinciden con las de Boudou en su enorme nivel de improvisación y desprolijidad, que, en caso de encontrarlos culpables de algún delito, sería al nivel de ladrones de medio pelo, porque los ladrones de "la casta" no suelen cometer las torpezas como las que van deschavando las llamadas del teléfono de Novelli o las conferencias de prensa de Adorni al intentar defender con mentiras (o con silencios) su auto adjudicada moral impoluta.

Milei entre los Kirchner y Patoruzú

Sin embargo, siempre nos queda una esperanza de que esta vez las cosas no sean igual. Amado Boudou, aunque haya actuado por su cuenta, contó con el respaldo de los Kirchner, los cuáles no dudaron en avalarlo e incluso promocionarlo aun después que sus delitos ya no se pudieran ocultar. Es que, aunque fuera a nivel de pigmeo, de insignificante ladronzuelo, poseía el mismo espíritu delictivo que sus líderes políticos. No había allí ninguna contradicción entre protegido y protectores. Como si la había entre el padrino Isidoro Cañones que era un corrupto, y su ahijado y protector Patoruzú, que era honesto y decente a más no poder. Lo que aún no sabemos, es si los Milei están más cerca de los Kirchner o de Patoruzú.

A juzgar por sus definiciones de que se murió Maquiavelo, de que la política y la moral son una sola cosa y que su principal objetivo es acabar con la casta corrupta, Javier Milei parece tener las mismas intenciones de Patoruzú, con todas las diferencias que existen entre las perfecciones de un personaje de ficción y las imperfecciones inevitables de un personaje de la realidad. Sin embargo, que siga defendiendo a "Isidorito" Novelli y que fortalezca a Adorni cuando las esquirlas de sus insignificantes trapisondas (en comparación con las kirchneristas) pero trapisondas al fin, saltan por doquier, no son buenos antecedentes para un presidente que, de tan ético que es, solo les habla a los argentinos "de bien".

Los Kirchner nunca hicieron alarde de moralidad alguna, mientras que Milei la sobreactuó siempre. Si él mismo pone la vara tan alta para sí mismo y para los suyos, es inevitable que se lo juzgue con esa vara y no comparándola con la de Néstor y Cristina. Por eso, estamos anhelantes de ver qué terminará haciendo con todos los picaros que buscan enriquecerse personalmente con el poder delegado que directa o indirectamente les concedió. En particular, si siguen saltando los escandaletes que no son operaciones mal intencionadas de los periodistas ensobrados, sino que, además de ser filtrados a la prensa por las mismas internas oficialistas y frente a una justicia que suele ser demasiado lenta (por cómplice o ineficiente), el periodismo independiente sigue investigando y mostrándole a la sociedad las lacras del poder (el periodismo no ensobrado, claro, que es al único que Milei llama ensobrado, porque de los periodistas realmente ensobrados -que también existen- nunca dice nada).

En síntesis, la inmensa mayoría de los ciudadanos "de bien", que cada día creen más que los Novelli o los Adorni son la versión actualizada de Isidoro Boudou, esperan, no tanto como que Milei se parezca a Patoruzú porque la vida real es más imperfecta que la de ficción (aunque cuando habla de sí mismo, el presidente se vende como más ético que el indio tehuelche de la historieta) sino que no se parezca en nada a los Kirchner.

* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]

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