La paz romana fue uno de los períodos de mayor estabilidad y fecundidad de la historia. Vino luego de guerras y conquistas que sentaron las bases de un equilibrio mundial a partir de la integración de los vencidos. Lo opuesto fue la paz cartaginesa: aniquilada CARTAGO, ROMA impuso una paz dura y humillante, que duró corto tiempo.
Después de la primera guerra mundial, VERSALLES fue lo más parecido a la paz cartaginesa por las condiciones draconianas exigidas a ALEMANIA, que solo podían terminar mal; y YALTA, que siguió a la segunda guerra con un nuevo orden basado en instituciones multilaterales, se ubicaba más cerca de la paz augusta.
Todo cambió estos meses, y rápidamente. El encuentro entre los presidentes de CHINA y ESTADOS UNIDOS da cuenta de un tiempo tan histórico como único, con desafíos y consecuencias que cuesta dimensionar, pero que auguran una profunda transformación. Sin exagerar, estamos ante la definición de un nuevo orden mundial. Sabemos que empezó, no cómo termina, si más cerca de VERSALLES o de YALTA, de AUGUSTO o de CARTAGO.
Luego de grandes movimientos de política internacional por ESTADOS UNIDOS, que incluyeron desde la invasión a VENEZUELA y la captura de su presidente, hasta bombardeos con tecnología sorprendente a Irán, pasando por la exigencia como propia de GROENLANDIA, llegamos a un punto en el que está por verse lo que verdaderamente está en juego: el señorío sobre la inteligencia artificial.
Las transformaciones que está produciendo esta tecnología son mayúsculas y a todos los niveles. Empezando por el comportamiento humano, respecto del que ya se habla de “cognitive surrender” (rendición cognitiva): de la calculadora, en la que se delegó la inteligencia matemática a la tecnología, llegamos a un dispositivo al que muchos estarían entregando todo, no una parte. A un aumento de productividad tan impresionante que en muchos órdenes cuesta entender el rol humano en una economía paradójicamente anabolizada.
Se trata de una tecnología de uso difundido (por contraposición a aquellas de uso específico): implica una explosión de productividad que transforma la economía completa y de raíz, como lo demostró el vapor, que permitió saltar del remo al tren en cuestión de pocos años, y en el medio alteró a la enésima potencia la capacidad de crecimiento económico del mundo.
Pero es más que eso. Los últimos desarrollos, especialmente el modelo MYTHOS desarrollado por la empresa ANTHROPIC (americana) es capaz de dominar los sistemas digitales en los que funciona absolutamente todo: la salud, la justicia hasta la seguridad de los países, todo. Y puede hacerlo para bien o para mal, al punto que es capaz de detectar en segundos, falencias o debilidades en sistemas digitales que llevaban años y pasaban desapercibidas.
Las ventajas en las tecnologías de punta antes se medían por años. Se dice que CHINA está cinco meses detrás de ESTADOS UNIDOS en esta materia; una eternidad. Esta es, tal vez, la gran ventaja que tiene una potencia sobre la otra. En el resto no está tan claro, luego de un comportamiento algo voluble en el que pasó de ser el gran garante del orden mundial, a convertirse, para muchos, en un factor de inestabilidad y desconcierto.
La pregunta, la gran pregunta para ARGENTINA, es cómo ubicarse en el nuevo escenario. Alineamientos indiscutidos pueden pasar de gran impulso a factor de riesgo en nada. Tiempo de alta diplomacia, de los SAAVEDRA LAMAS, los ZAVALA ORTIZ, los RUDA. Porque como decían los romanos: “ay de los vencidos.”
* El autor es Abogado. Ex procurador del Tesoro de la Nación.