La crisis mundial iniciada en octubre de 1929 se había agravado y prolongado, en parte por la política arancelaria de los Estados Unidos con la ley Smoot- Hawley Tariff Act que provocó el derrumbe del comercio mundial que se contrajo entre 1929 a 1932 a un 66%. Esto provocó una caída del PBI mundial estimada en un 20% promedio, en los Estados Unido fue del 29%. El PBI industrial en tres años cayó un 31%. Las consecuencias en el empleo fueron catastróficas, en los Estados Unidos en 1933 ascendía al 27%, En Europa oscilaba entre el 15 y el 20%. Una demostración de como ese agresivo proteccionismo empeora las crisis.
La Argentina tenía como principal cliente de sus exportaciones de carne al Reino Unido (los Estados Unidos las habían cerrado) y de cereales y oleaginosas a Europa continental. Los precios agrícolas se derrumbaron en un 60%. El presupuesto nacional se financiaba en su mayor parte con los ingresos aduaneros, por lo que menos comercio implicaba una fuerte disminución de los recursos fiscales. Las exportaciones físicas bajaron en un 25% entre 1929 y 1932, su valor bajó de mil doscientos millones de pesos oro a seiscientos millones. El PBI argentino cae un ¡7%
El 20 de febrero de 1932 inicia su gobierno el presidente Agustín P Justo, general e ingeniero civil. Su primer ministro de Hacienda fue el doctor Alberto Hueyo que como lo hiciera el presidente Hoover en los Estados Unidos optó por una política de ajuste severo. Para lograr equilibrar las finanzas públicas de acuerdo a una economía que se había contraído, se reducen los sueldos de los funcionarios y los empleados públicos, se lanza el empréstito patriótico para financiar el déficit del presupuesto ya que los mercados financiaros internacionales estaban cerrados. Era una política de achicamiento. Adaptarse a la recesión.
En agosto de 1933 el ministro Hueyo renuncia y es reemplazado por Federico Pinedo, quien como diputado nacional y en una serie de artículos y conferencias había demostrado sus conocimientos económicos. La política de Pinedo es totalmente distinta. Encara un programa de reformas monetarias, tributarias, bancarias para salir de la crisis y expandir la economía evitando la inflación. Como el país evitó la cesación de pagos a diferencia de casi todos los de la región e incluso de Europa, logra que en el exterior se acepten bonos en pesos argentinos. Medidas de defensa de la producción y un vasto programa de obras de infraestructura, como la red de vialidad nacional, fueron parte de esa política. Así la Argentina inició un ciclo de crecimiento en pocos meses que duró catorce años, hasta 1948 cuando se inicia la etapa de períodos cortos, se crece 18 meses y viene la recesión y así sucesivamente con la excepción del ciclo 1963 a 1974.
Hoy estamos festejando que la inflación descendió en abril al 2,6 mensual desde el 3,4 de marzo. El festejo será serio cuando la inflación ascienda al 2,6 o incluso al 3,4 anual.
Es evidente que impera la desorientación en el gobierno. A los problemas de credibilidad en cuanto a la “moral como política de estado” que trae sostener a un tipejo como el jefe de gabinete y su fiesta de consumos postergados por años, podemos agregar la farsa de creerse los paladines de la libertad económica cuando el tipo de cambio y la tasa de interés están reguladas y el presidente del Banco Central actúa como un funcionario del ministerio de Economía cuando debe ser independiente.
Tampoco se termina con el sistema de promociones y regímenes impositivos diferenciales, como el de Tierra del Fuego; se sigue con ese sistema. Decía Federico Pinedo que se podían admitir ciertos subsidios, pero siempre que sirvieran al interés general como lo establece la Constitución, en vez de atender los requerimientos de un pequeño grupo de intereses.
Mientras tanto no se debaten los grandes temas como la cuestión demográfica que muestra un estancamiento en el crecimiento de la población que hacen utópico los cien millones de argentinos que profetizaba Sarmiento con el problema adicional del envejecimiento poblacional.
No tenemos el debate que merece la cuestión de la enseñanza universitaria y terciaria y las reformas necesarias. Todo pasa por el ajuste indiscriminado cuando la inversión en educación superior en la Argentina solo asciende al 0,9 % del PBI frente al 1,7 de Brasil y el 2,1 de Chile. En todos los casos sumando la educación estatal y privada y si tomamos solo la estatal también nuestros vecinos la superan.
En investigación del 0,54 se bajó a menos del 0,20, Chile 0,34 y Brasil 1,17
En una función esencial del Estado, como lo es la Defensa, la situación es crítica y la trataremos en otra nota, pero adelantamos que asciende en la Argentina al 0,56 % del PBI cuando en Brasil es del 1,5 y en Chile del 1,52.
Mientras tanto el presidente se dedica a insultar y difamar a los que opinan distinto y le reclaman el respeto a las instituciones, perdiendo el tiempo en las redes en vez de gobernar.
* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.