Anthropic. Lejos pero cerca

Hay acontecimientos que pasan más o menos desapercibidos, aunque marcan tendencias determinantes. Es el caso de la sanción que dispuso el gobierno estadounidense a la empresa Anthropic, porque se negó a aceptar, en un contrato con el Departamento de defensa, que su tecnología para la vigilancia masiva o el uso de armas autónomas.

Cualquier análisis estratégico debe basarse en dos referencias ineludibles: la geopolítica y el desarrollo de la inteligencia artificial. Ambos tienen en común su morfología evanescente, que crea equilibrios inestables en constante mutación.

Hay acontecimientos que pasan más o menos desapercibidos, aunque marcan tendencias determinantes. Es el caso de la sanción que dispuso el gobierno estadounidense a la empresa Anthropic.

Son tres las que dominan el avance tecnológico en la IA: OpenAI, Anthropic y Space X. Compiten por todo, desde los fondos (ahora la carrera es por quién hace la primera oferta pública de sus acciones; los montos estarían en el récord de los trillones de dólares) hasta la provisión de energía, de demanda altísima, paradójicamente en tiempos de crisis por razones geopolíticas.

Pero la novedad tiene que ver con la reciente sanción impuesta a Anthropic: ha sido catalogada por el gobierno de Estados Unidos como un riesgo para la “cadena de suministro”, lo que implica muchas cosas; por empezar, que no puede ser contratada por ninguna agencia estatal; por seguir, tampoco por sus proveedores; por terminar, la reputación de la empresa ha sido seriamente afectada, especialmente en plena competencia en su mercado y el internacional.

La razón de la sanción es (en plena utilización de drones en la estrategia militar, el dato toma enorme valor). Las posiciones son antagónicas, pero no dejan de ser atendibles.

La competencia (OpenAI) sacó ventaja inmediata, como reemplazante en todos los contratos, haciendo caso omiso de cualquier prurito moral. Pero lo más destacable son dos datos: el primero es que, hasta acá, el gran valor del mercado tecnológico en Estados Unidos era su neutralidad, es decir, su ajenidad a la influencia estatal. Lo segundo es una línea de “capitalismo dirigista”, que remonta al 10% de las acciones que Intel se vio obligada a entregar al gobierno; lo mismo para un porcentaje de exportaciones a China por NVIDIA. Ya no hay casualidades sino causalidades, que se van acentuando.

Argentina no es ajena a esos devenires, menos aún en tiempos de política de apertura e integración al mundo. Y es acá donde toma especial relevancia el acuerdo de inversión y comercio recientemente firmado con Estados Unidos. Especialmente dos cláusulas: una, que regla el mercado de tecnología argentina, inclinando la balanza a favor de las empresas de aquel país; la otra, la seguridad nacional, que obliga a Argentina a replicar acciones cuando se vea afectada la de Estados Unidos.

Cláusulas en principio genéricas y jurídicamente con apariencia de inofensivas, pero a la luz de estos hechos, de importancia que puede ser capital. ¿Estas acciones gubernamentales limitan las de nuestro país? ¿Nuestro mercado tecnológico? ¿Qué pasa en caso de una decisión judicial adversa en Estados Unidos para su Poder Ejecutivo? ¿y si la acción ocurriera en Argentina?

Los alineamientos internacionales son estratégicos y en los tiempos que corren más centrales que nunca: junto con grandes beneficios, vienen costos que merecen tino y atención, para que prime siempre el interés nacional argentino.

* El autor es abogado. Fue procurador del Tesoro de la Nación.

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