17 de mayo de 2026 - 00:20

Cornejo, los Félix o el estilo mendocino derrapa en el barro

El corte de cinta de la repavimentación de una ruta en San Rafael por parte de Cornejo y funcionarios suyos no contó con la presencia de nadie del municipio. ¿Está cambiando el proverbial estilo de armonía institucional mendocina o es sólo una anécdota motivada por coyunturales pasiones políticas exacerbadas?

La foto muestra más de lo que puede verse. Lo que se ve es al gobernador, Alfredo Cornejo, un grupo de funcionarios y legisladores, la Vicegobernadora y un intendente cortando una cinta en medio de una ruta, sin nadie alrededor. Sin embargo, revela más.

Muestra que algo parece estar cambiando en los modos de relación política mendocinos. Eso que desde fuera de la provincia era visto con cierta sorpresa. Ese tono de convivencia cívica, de institucionalidad a pesar de las diferencias y de los esperables conflictos que provoca la contienda por el poder.

Esa foto de la semana pasada corresponde a la inauguración del reasfaltado de un tramo de 34 km. de la ruta provincial 171, que une las localidades sanrafaelinas de Monte Comán y Real del Padre con la ruta nacional 143, que lleva al departamento de General Alvear.

La situación que retrata es casi calcada de otra foto que también había distribuido el Gobierno a fines de marzo. Varios de los protagonistas se repiten en el corte de cinta del reasfaltado de la ruta provincial 160, que une la zona productiva sanrafaelina de Goudge y La Llave con la ciudad de San Rafael.

La ausencia más notoria en ambas es la del intendente que debió ser anfitrión de las comitivas provinciales. Omar Félix, el jefe comunal peronista, no asistió a ninguno de los actos. Tampoco lo hizo alguno de sus funcionarios.

Llama aún más la atención porque en la foto tomada en la ruta 171 aparece un intendente vecino, el radical Alejandro Molero, jefe comunal de General Alvear. En la comuna sureña aseguran que no recibieron invitación oficial para que Félix concurriera a esos actos. En Casa de Gobierno no respondieron esa consulta. Lo cierto es que no estuvo.

El desaire o los faltazos, según la mirada que se adopte, pueden tener una explicación epidérmica: el conflicto político-judicial que el Gobierno provincial mantiene con el municipio de San Rafael por la elección de los convencionales que van a redactar una carta orgánica que declare la autonomía departamental.

Otra, menos superficial, es la construcción política que los hermanos Félix realizan en el PJ buscando terminar con la hegemonía kirchnerista dentro del partido. A principios de mayo, Emir, el diputado nacional, participó del lanzamiento de un sector interno que comienza a etiquetarse como “peronismo federal” que busca presentarse como una alternativa a La Cámpora y al Movimiento Derecho al Futuro que lidera Axel Kicillof.

La colisión es inevitable. Uno de los principales objetivos del radicalismo mendocino es arrebatarle a los Félix un sillón comunal que mantienen desde hace veintitrés años. Los hermanos sanrafaelinos, en tanto, tienen bajo asedio al bastión radical de Alvear y trabajan para que el PJ construya para 2027 una alternativa que cierre esta etapa de doce años de dominio del cornejismo en la política mendocina.

¿Son motivos suficientes para terminar con una tradición de buenos modales políticos? No está claro, pero hay más síntomas. De la reciente edición de la Fiesta de la Ganadería de Zonas Áridas que se realizó en General Alvear no participó casi ningún dirigente opositor a la gestión provincial. Flor Destéfanis y Fernando Ubieta, los intendentes peronistas de dos departamentos del “eje ganadero” del Este mendocino, tampoco estuvieron.

Contrasta con otras fotos. Por caso, una muy reciente en el Desayuno vendimial de la Coviar en la que aparecen los exgobernadores peronistas José Octavio Bordón, Rodolfo Gabrielli, Arturo Lafalla y Celso Jaque, junto a sus pares radicales Julio Cobos y Rodolfo Suárez, además del propio Cornejo. Una muestra del equilibrio que ha dominado la escena política provincial desde 1983.

Hay otra más lejana. En la inauguración del dique Potrerillos, apenas días antes del estallido de diciembre del 2001, el gobernador radical Roberto Iglesias y el presidente Fernando de la Rúa, estuvieron junto a Lafalla, que fue quien licitó e inició una obra a la que algunos técnicos de su propio partido ponían reparos. Un gesto de reconocimiento que Iglesias hizo público en su discurso y que, con los ojos de estos días, suena hasta inapropiado.

Hay una tercera, casi contemporánea. Alfredo Cornejo desayunando con el peronista Francisco Pérez, el mandatario al que iba a suceder, en su casa de Godoy Cruz al otro día de ser electo gobernador en 2015. Una costumbre de la política chilena, incluso entre presidentes que están en las antípodas ideológicas como Gabriel Boric y José Antonio Kast, que Cornejo ha querido incorporar a la tradición local.

Imágenes públicas de un estilo cívico e institucional que, para muchos, es forzado y mentiroso. Pero cuya construcción, otros, adjudican al fuego lento de la restricción a la reelección de los gobernadores que establece la más que centenaria Constitución de Mendoza y a los reiterados fracasos en los intentos por reformarla.

Un estilo que, no sin desdén, muchos describen como conservador y que, por lo mismo, habría alejado a la dirigencia mendocina de los extremos ideológicos. De ahí viene aquello de calificar como “radi-gansos” y “pero-gansos” a quienes han gobernado la provincia durante los últimos cuarenta y tres años, asemejándolos con el Partido Demócrata, la fuerza de centro-derecha liberal cuyos orígenes se remontan a fines del siglo XIX.

Quizás no haya que dramatizar. Tal vez no estemos ante un cambio cultural. Quizás sólo se trate de las escaramuzas de un ajuste de tono inevitable en una época en la que, al parecer, sólo rinde la confrontación. Tal vez no estemos retrocediendo. Esperemos.

* El autor es periodista. [email protected]

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