9 de febrero de 2026 - 00:15

Una recuperación parcial del consumo ¿alcanza?

Para que el consumo vuelva a traccionar con fuerza, la desaceleración inflacionaria deberá traducirse en una recuperación real del poder adquisitivo y el crecimiento económico deberá dejar de concentrarse solo en algunos sectores.

El consumo funciona en la Argentina como un termómetro social y político. Cuando el consumo crece, hay expectativa; cuando se frena, la incertidumbre se instala rápido en la calle. Y este año que recién comienza todavía no ofrece señales claras de que esa confianza haya vuelto de manera sostenida.

No es un dato menor. El segundo semestre de 2025 fue muy malo en la mayoría de los rubros del país y ese golpe aún no terminó de absorberse. La sensación de “amesentamiento” sigue presente en buena parte del entramado comercial, especialmente en el consumo masivo, que suele ser el primero en reaccionar cuando los ingresos se deterioran o cuando el contexto se vuelve imprevisible.

Los últimos datos del informe Economic GPS N°129 de PwC permiten poner números a esa percepción. Según el reporte, el consumo privado real se encuentra todavía en niveles históricamente elevados, pero con una trayectoria claramente irregular. El documento explica que, tras la fuerte contracción registrada entre la segunda mitad de 2023 y la de 2024 —con una caída cercana al 8,7% asociada al proceso de corrección macroeconómica—, el consumo mostró una recuperación intensa hasta el primer trimestre de 2025, con un rebote del 12%. Sin embargo, ese impulso perdió fuerza a partir de abril, cuando la incertidumbre electoral volvió a enfriar decisiones de gasto.

Ese freno no fue casual ni inesperado. El informe identifica con claridad los tres motores que explicaron la recuperación inicial: la mejora de los salarios reales, la recuperación del empleo y la expansión del crédito. Y, al mismo tiempo, muestra cómo esos mismos factores comenzaron a estancarse durante la segunda mitad del año pasado, a medida que las expectativas se volvieron más cautelosas. En la Argentina, la economía real reacciona rápido a la política, y el consumo es el primer canal por donde se expresa esa reacción.

Con el escenario electoral despejado y el rumbo económico ratificado, el punto de partida para 2026 es distinto, aunque no necesariamente más sencillo. PwC señala que el consumo entra al nuevo año con margen para retomar el crecimiento, pero advierte que ese proceso no será uniforme ni automático. La clave estará en cómo vuelvan a activarse —o no— los tres motores que ya demostraron su capacidad de tracción.

En materia salarial, luego de la fuerte recomposición observada hasta marzo de 2025, los salarios reales del sector privado registrado entraron en una pausa. Entre marzo y octubre, la mejora fue prácticamente nula, lo que ayuda a explicar la debilidad del consumo masivo, especialmente en alimentos, bebidas y productos de primera necesidad. Sin una recuperación sostenida del poder adquisitivo, es difícil pensar en una mejora significativa del consumo, más allá de rebotes puntuales o promociones.

El empleo mostró un comportamiento algo más resiliente que los salarios durante el año electoral. La cantidad de puestos de trabajo continuó creciendo, aunque con una reducción en las horas trabajadas, una estrategia defensiva de muchas empresas frente a la incertidumbre. Este dato no es menor: muestra que, si el contexto macroeconómico se estabiliza, existe una base desde la cual recomponer ingresos sin necesidad de partir de un nuevo ajuste en el empleo, algo clave para recomponer expectativas.

El tercer factor, el crédito. Durante la primera mitad de 2025, los préstamos al sector privado crecieron con fuerza en términos reales, impulsados por la baja de la inflación y de las tasas nominales. Pero ese proceso se frenó cuando el costo financiero volvió a subir en el tramo preelectoral y cuando las familias optaron por una mayor cautela. Según PwC, si la inflación continúa desacelerándose y las tasas acompañan, el crédito podría recuperar protagonismo en 2026, especialmente en el segmento de consumo, que suele reaccionar rápido cuando reaparece la financiación.

Los números del cierre de 2025 confirman que el impacto fue profundo en algunos rubros. El consumo de gastronomía cayó alrededor de un 25% en términos reales y también se registró una fuerte retracción en la venta de almacenes y kioscos. Varios empresarios que han pasado por las páginas de Los Andes coinciden en que la pérdida de poder adquisitivo y la inestabilidad del último semestre del año tuvieron un impacto directo en las decisiones de compra. A eso se sumó una financiación más restrictiva, que limitó el consumo incluso en sectores donde la demanda suele ser más inelástica.

¿Es posible una recuperación en 2026? Los analistas coinciden en que sí, pero advierten que será parcial. Para que el consumo vuelva a traccionar con fuerza, la desaceleración inflacionaria deberá traducirse en una recuperación real del poder adquisitivo y el crecimiento económico deberá dejar de concentrarse solo en algunos sectores. Y ese contexto cabe preguntarse cómo se sostendrá las fuentes de empleo y la industria local.

* La autora es periodista. [email protected]

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