Política económica, ¿otra vez sopa?

La actual política económica podría denominarse “monetarismo neoclásico”, liderado por Milton Friedman en Chicago. Otro mentor fue Friedrich Von Hayek, rechazado en Chicago por grandes diferencias metodológicas.

Ludwig von Mises y F.A. Hayek,
Ludwig von Mises y F.A. Hayek,

Buscando el bienestar, parecería que los argentinos nos asemejáramos a la tragedia de Sísifo, aquel rey de la mitología griega que, como castigo, estaba condenado a empujar una roca cuesta arriba por una montaña, pero, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo, hecho que se repetía una y otra vez. Así, gobiernos progresistas pretenden quemar etapas, sin suficientes medios y desatendiendo la necesidad de equilibrios, no logran cumplir sus objetivos de proclamada justicia social. Son seguidos por gobiernos neoliberales, que eliminan conquistas y proponen metas alternativas utópicas con instrumentos inadecuados. Ahora, luego de un frustrante gobierno supuestamente progresista, cuyas falencias se atemperan considerando que afrontó una anormal deuda con el FMI, una pandemia paralizante, una sequía inusual y cruentas etapas de una guerra, llega el shock del neoliberalismo. Esta política podría denominarse “monetarismo neoclásico”, liderado por Milton Friedman en Chicago. Otro mentor fue Friedrich von Hayek, rechazado en Chicago por grandes diferencias metodológicas.

Entonces veremos:

Políticas monetarias restrictivas: mantener o reducir la oferta de dinero, pretendiendo lograr una inflación cercana a cero y evitar el riesgo de devaluaciones.

Políticas fiscales restrictivas: aumentar impuestos sobre el consumo, reducir impuestos sobre la producción, renta personal y beneficios empresariales. Eliminar regímenes especiales. Drástica reducción del gasto público, con equilibrio fiscal, desaconsejando el déficit.

Liberalización/desregulación: amplia liberalización de la economía, eliminando restricciones y regulaciones, implicando apertura de mercados, libre comercio en general y de inversiones y movilidad de flujos financieros. Lograr flexibilización laboral y frenar el poder económico y político del sindicalismo.

Privatización: minimizar intervención y participación del Estado en la economía, privatizando empresas públicas. Extensión de la iniciativa privada a todas las áreas de la actividad económica.

Sociedad: remplazar el imaginario colaborativo, solidario y de comunidad por uno individualista y de competencia.

El gobierno exhibe un superávit fiscal trimestral (0,2%), logrado con disminución drástica de transferencias a las provincias, postergando pago de deudas, suspensión de obra pública y reducciones en jubilaciones, educación, investigación científica, cultura y salud, enfoques que no podrán reiterarse. Un presupuesto nos dice algo más que ingresos y gastos. Nos informa claramente las prioridades de quienes gobiernan y nos muestra que tipo de lamentable sociedad se está creando. ¿Cómo se han dado las condiciones políticas y sociales para aplicar estas políticas? Naomí Klein, autora de “La doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre” explica que “Se asocia el neoliberalismo con los valores democráticos y la libertad. Con mi investigación me propuse demostrar que no es así. El capitalismo necesita situaciones de desastre y caos social para imponer sus recetas neoliberales. Necesita el shock para que la gente, ya sea por temor o incertidumbre, quede inmóvil, no pueda reaccionar. ... Cualquier crisis es buena para los ideólogos del desastre”.

Así, ciertos niveles de inflación y diversas desprolijidades del último gobierno condujeron a un descreimiento de los políticos y al anhelo de cambios. El nuevo gobierno destacó un inexistente riesgo de hiperinflación, supuestamente evitado, generando un espacio de tolerancia. El temor y la incertidumbre surgieron provocando cierre de empresas y despidos, desmedidos incrementos de tarifas, devaluación, inflación, pérdidas de subsidios y ayudas sociales, resintiendo temporalmente posibilidades de reacción sindical y social. Es previsible mayor flexibilización y precarización laboral, deterioro del sistema de jubilaciones y pensiones, mayores restricciones en planes sociales, disminución de impuestos para grandes empresas e incrementos en impuestos al consumo, con mayor recesión y desocupación, con caída generalizada del consumo y de las diversas actividades económicas. Ello determinará disminuciones en los ingresos del Estado, alejando la posibilidad del equilibrio. ¿Qué viene ahora? Pretendiendo incrementar ingresos se pondrán en venta diversas empresas públicas en un proceso conocido: a) Establecer su “precio” en función del patrimonio neto, usualmente subestimado, b) Admitir el pago en bonos, que cotizan bajo la par; c) Proceso de reventas y creaciones de sociedades intermedias, oscureciendo lo realmente pagado, revalorizando contablemente activos y costos por “asesoramiento” desde casas matrices, d) Resultado final: la rentabilidad que proporcionan los precios y tarifas sobre la inversión original cuadruplica o quintuplica los rendimientos obtenidos en similares empresas en otros países. Luego, desmantelar y liquidar el Fondo de Sustentabilidad de la Seguridad Social. Se anunciarán “lluvias de inversiones”, próximos semestres de “brotes verdes”, etc. Nada nuevo bajo el sol.

* El autor es profesor Emérito de la Universidad Nacional de Cuyo.

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