Parque jurásico argentino

En la Argentina la política ha retornado a la era jurásica, porque cada día más está compuesta por dinosaurios. Milei habla de "empresauros", pero sus militantes son más cavernícolas aún. Mientras que el peronismo es "Jurassic Park" en pleno. Y el resto de la clase política no le va en saga, por complicidad o por estupidez.

Los cines en toda Argentina han estrenado por estos días una película de ciencia ficción que homenajea a los dinosaurios que Steven Spielberg trasladara al presente en su recordada saga de "Jurassic Park". El film se llama “El final de la calle Oak” y cuenta cómo un distrito urbano de clase media de los EEUU del presente, por una alteración debido a un evento cósmico se mezcla con un tiempo venido del pasado antediluviano y entonces el barrio se llena de dinosaurios y distinto tipo de criaturas prehistóricas, contra los cuales los vecinos deben luchar para salvar sus vidas, a la vez que los más osados intentan que los bichos monstruosos retornen a su hábitat y puedan de ese modo reconstruir su existencia cotidiana normal.

En otros países, “El final de la calle Oak” puede ser considerado un entretenimiento absolutamente ficcional, pero en la Argentina es inevitable afirmar que su parecido con la realidad política es impresionante. Y no sólo lo afirmamos nosotros, sino los propios actores del poder puesto que cada sector ve a los otros como dinosaurios, cuando lo cierto es que las ideas del pasado incluso prehistóricas, parece ser la práctica cotidiana de todos los miembros de la casta y de los anticasta que vinieron a luchar contra la casta y se han convertido, en un santiamén, es tan o más casta que la casta tradicional.

El primero que considera que sus adversarios son dinosaurios es el presidente Milei (aunque para el primer mandatario, como buen populista, no existen adversarios sino amigos o enemigos). Vive calificando (más bien descalificando) a todos los que odia (que son multitud) de gentuza que lo único que quiere es volver al pasado jurásico. Econochantas llama a todos los economistas incluso a los que son liberales de toda la vida. Ensobrados y corruptos considera al 95% de los periodistas. Y, sugestivamente, denomina “empresaurios” a empresarios como el dueño de Fate o el de Techint y a casi todos los que tienen que ver con la industria, la construcción y el comercio. Para el presidente todos son dinosaurios económicos, empresaurios, a los que les dijo esta semana textualmente " Si queremos ser grandes, tenemos que ponernos los pantalones largos y los prebendarios hijos de puta tienen que quebrar". Como en la película que estamos comentando y en la saga de Jurassic Park, nuestro presidente deviene cazador de dinosaurios y se dispone a matar o morir para que desaparezcan de una buena vez por todas y entremos en " su" modernidad, aunque el "anarcocapitalismo" no parece menos prehistórico que aquéllos a los que critica. También considera a los periodistas como bichos criminales a los que ha decidido combatir con su santa palabra. Por eso esta semana, atacó a un columnista serio, moderado y razonable, con el siguiente tweet: "Para sorpresa de casi nadie la mierda humana mal cagada de Marcelo Bonelli sigue mintiendo. Evidentemente es una de esas tantas mierdas humanas que apuestan a que el país le vaya mal”.

Nuestro héroe presidencial considera que todos estos especímenes, desde Bonelli hasta Paolo Rocca, desde Melconian hasta López Murphy, son dinosaurios a los que si no se los extermina jamás llegaremos a la sociedad anarcocapitalista que nos sacará de la decadencia y que eliminará de una vez por todas a la ideología que en el fondo unifica a todos estos dinosaurios políticos: "el comunismo", al cual nos quieren hacer regresar. Porque para Javier Milei, salvo él y sus chupamedias, comunistas somos todos. No le vendría mal recordar que su admirado senador norteamericano Joseph McCarthy, que también creía que todos los norteamericanos que no se le humillaban eran comunistas y que durante un tiempo en EE.UU. tuvo más poder que el presidente de su nación, terminó sus días en un hospicio, aislado, abandonado por todos, alcohólico y "chapita". Es que las obsesiones ideológicas suelen ser peligrosas.

Lo cierto es que la justa lucha mileista para acabar con los monstruos prehistóricos no está resultando toda lo exitosa que se esperaba porque los combatientes del gobierno son, en su mayoría, tan dinosaurios como sus enemigos ideológicos.

En las redes donde el gordo Dan dirige a un grupo de influencers libertarios (que en el Mundial de fútbol llamaban "musulmonos" a los jugadores egipcios o "equipo africano", en tono claramente racista, a Mbappé y a casi todo el equipo francés) le han dado micrófono al abogado Alejandro Sarubbi Benítez quien propuso arrojar napalm sobre el conurbano para conseguir una limpieza étnica y sino, cuando menos, la esterilización de los bonaerenses. Y si no se los puede exterminar a todos, construir un muro de 15 metros y de francotiradores para que los bárbaros peronistas no ingresen a los territorios civilizados por los mileistas. Pero si aun así, algunos siguen vivos y con capacidad de reproducción porque no los pudieron esterilizar a todos, sugiere independizar la provincia o expulsarla del territorio nacional.

Nadie de todos los mileistas que estaban junto al abogado libertario en su diatriba contra los dinosaurios bonaerenses osó criticarlo, y por supuesto, ni ese día ni nunca jamás al menos hasta hoy, tampoco nadie del gobierno dijo nada. Y que conste que el militante mileista, aunque ironizara o hablara metafóricamente, todo lo que dijo lo dijo en serio, no en broma.

Otro de los supuestos caza dinosaurios reside en París, también es abogado y se llama Santiago Muzio. Fue designado por el gobierno argentino cuando asumió Milei como director de la Casa Argentina en París (también llamada Maison de l'Argentine o Fundación Argentina), que se encuentra dentro de la Cité Internationale Universitaire de París (CIUP), un gran campus universitario ubicado en el sur de la capital francesa, donde se reciben a estudiantes de todo el mundo. La Casa Argentina en París fue creada en 1928 y allí tuvieron su residencia miles de estudiantes argentinos (hasta Julio Cortázar, en los años 50, se alojó en ella), Pues bien, desde que asumió Muzio se dedicó a seleccionar a los estudiantes según su ideología, a eliminar toda referencia a los derechos humanos en la Casa por su prédica anticomunista y de hecho transformó al alojamiento universitario en una unidad básica partidaria donde se hacen reuniones libertarias con los franceses de Le Pen y los españoles de Vox, entre otros exponentes de la ultraderecha europea. El escándalo estalló cuando el alcalde de París le pidió al gobierno nacional francés que investigue lo que está ocurriendo allí, debido a las constantes quejas de las Casas de los otros países.

Así, mientras uno de los combatientes mileistas contra los dinosaurios cavernícolas comunistas, propone borrar del mapa al conurbano bonaerense y otro invade casas históricas argentinas en Europa para realizar conspiraciones neofascistas, el caso más resonante de esta semana fue el de Fernando Cerimedo, un tipo con un currículum (más bien prontuario) fenomenal: asesor de la campaña presidencial de Milei encargado de las difamaciones en las redes sociales, que tuvo luego que ver con el caso de las coimas en discapacidad. Que antes de asesorar a Milei, trabajó para Jair Bolsonaro cuando éste intentó hacer un golpe de Estado al perder las elecciones frente a Lula y por lo cual aún hoy sigue preso. Y que ahora, asesorando al presidente de Bolivia Rodrigo Paz, saltó a la fama por estar acusado de haber intentado mandar matar a su novia contratando sicarios para ello. Una pinturita el muchacho.

Toda esta gente, en mayor o menor medida, son aportes militantes para la guerra contra los dinosaurios, que le ofrenda Santiago Caputo a Javier Milei. Quien es apodado "El Mago del Kremlin", trabaja de asesor general en jefe de la lucha antijurásica que le propone al presidente seguir los pasos del imperio romano y reemplazar la república por el imperio, del cual, por supuesto el emperador será el presidente. En la misma línea de Caputito pero con mucha mayor envergadura, luego se asentaría por estos pagos el tecnólogo y filósofo Peter Thiel, quien sugiere acabar con las universidades e ir creando ciudades liberadas del comunismo y de los dinosaurios en islas ubicadas en el medio de los océanos y también en otros planetas, para el caso que los Trump y los Milei no estén toda la vida en sus presidencias.

En fin, que esa lucha mileista contra empresaurios, econochantas y ensobrados jurásicos no parece estar siendo llevada a cabo por gente menos prehistórica que los combatidos. Algunos de ellos, como Thiel, manejan y conducen, es cierto. las herramientas tecnológicas más modernas creadas por el hombre, pero sus concepciones políticas, ideológicas y culturales son cuando menos medievales, definitivamente arcaicas.

A diferencia de la película que comentamos al principio, allí se trata de la lucha de gente normal, de vecinos de un barrio, que quieren exterminar a los dinosaurios antes que éstos los exterminen a ellos. Pero en la Argentina parece que será un poco más difícil porque, aunque la mayoría de los "representados" (las personas que votan) sean gente normal, entre los "representados", los dinosaurios son mayoría en todas las opciones políticas.

Porque así como Milei guerrea contra empresaurios con militantes que son más dinosaurios aún, los peronistas no se quedan tampoco cortos.

Acaban de reunirse, luego de dos años y medio de enfrentamientos internos donde cada cual acusaba a la otra parte de haber hecho volar por los aires al país en la gestión de Alberto Fernández, las tres tribus que siguen comandando al peronismo: la del gobernador Axel Kicillof (cuyas ideas económicas son más prehistóricas que los dinosaurios), la de Cristina Kirchner (que asistió representada por su hijo Máximo porque ella está presa por corrupción) y la de Sergio Massa, quien fue el responsable final de haber hecho estallar y fundir al país con tal de que el peronismo continuara en el poder. Las tres tribus son claramente jurásicas. Es increíble que después de dos años y medio de gobierno mileista el peronismo no haya podido ni siquiera renovar las cabezas dirigenciales que los llevaron a la derrota por haber destrozado el país. Si a ellos les agregamos gobernadores como el riojano Ricardo Quintela que acaba de imponer en su provincia unas cuasimonedas llamadas “chachos”, que propone que el peronismo regrese para volver todo atrás y que anda por su provincia al grito de “expropiése” imitando a Hugo Chávez…… queda claro que hoy por hoy el peronismo sigue dirigido mayoritariamente más que por muertos vivos, por monstruos vivos, por dinosaurios que si los descubre Spielberg podría hacer películas mucho mejores que las que hizo, y eso ya es decir mucho.

Mucho se viene hablando por estos días que, como alternativa posible, frente a los dinosaurios sobreabundantes en el mileismo y en el kirchnerismo, existe en el medio del espectro político, una ancha franja, un espacio vacío a ocupar al cual la gente que no quiere volver atrás pero que a la vez disiente con muchas cosas del actual gobierno, podría votar. Y que ese espacio, de tener un solo candidato apreciado por la sociedad, podría ganar porque reúne más votos que los otros dos. Incluso, tienen una base para construir una alternativa muy fuerte: lo que se dio en llamar la liga de los gobernadores compuesta por radicales, macristas, partidos provinciales y peronistas no kirchneristas. Que son mayoría si fueran capaces de juntarse para constituir una tercera opción.

Lamentablemente, esta semana se vio lo difícil que será eso también, porque hasta los gobernadores cayeron en prácticas jurásicas, como que nadie de la política argentina pudiera eximirse de devenir un dinosaurio prehistórico por más que predique la normalidad y apueste al futuro superador.

Bastó que el mejor vendehumo que tiene el gobierno, su jefe de gabinete Diego Santilli (quien claramente no es un dinosaurio, pero sabe muy bien cómo manejarlos a todos para sus propios fines) marchó hacia el norte argentino y les propuso a los gobernadores de esos lugares que, si le votaban en contra del subsidio de zonas frías por el gas en las provincias que lo tienen, él les otorgaría un subsidio de zonas cálidas por la electricidad a sus provincias. Claro, ese subsidio tiene un costo para el gobierno nacional que es ínfimo comparado con el de zonas frías. Y los gobernadores aceptaron, del mismo modo en que lo hacían los pueblos originarios cuando llegó Colón a estas tierras, para ofrecerles espejitos de colores a cambio de oro o plata. De un saque, el genio de Santilli, conocedor del espíritu cavernícola de toda la clase política argentina, logró dividir a la liga de gobernadores coimeándolos con baratijas que, además, seguramente, luego también se los terminarán quitando.

En síntesis, cómo no comparar la política argentina con la película de ciencia ficción donde los dinosaurios invaden un barrio, cuando a nosotros nos están invadiendo en todo el país sin una idea nueva, ni un político nuevo, salvo outsiders que apenas ingresan a la política se convierten en lo mismo que vienen a criticar porque la vieja casta los coopta en dos segundos con sus encantos, embrujos e influjos. Se necesita mucha sabiduría para no sucumbir al goce que da el poder y usarlo para fines colectivos. Mientras tanto, también igual que en “El final de la calle Oak” o en la saga de "Jurassic Park", los sufridos argentinos de a pie deberán seguir luchando contra los dinosaurios que nos han invadido ocupando todos los espacios políticos.

* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]

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