Nuestro Senado Nacional, ejemplo de cómo estamos

Hoy más que nunca es necesario contar con un verdadero liderazgo ético en aquellos hombres y mujeres que se comprometan políticamente con el presente y futuro de nuestra Argentina y en especial de nuestra querida Mendoza.

Nuestro Senado Nacional, ejemplo de cómo estamos
Senado de la Nación. Foto Federico Lopez Claro

Los argentinos y la política

Como profesor universitario, y hombre respetuoso del orden político, quiero expresar mi opinión ciudadana con el objeto de hacer un aporte con algunos conceptos y valores intrínsecos a la política y en los que todavía creemos en ella como medio para el logro del Bien Común de la sociedad.

Hoy vemos con preocupación la situación que se vive en nuestro país respecto al descreimiento de los argentinos en relación a la política y a los políticos a los cuales se los trata de “casta”. Se suma hace pocas semanas la desafortunada decisión de nuestro Senado de la Nación Argentina, “representantes de las provincias”, quienes se aumentaron sus sueldos de manera desproporcionada ante la grave realidad económica que viven la mayoría de las familias argentinas.

Distinción entre política y politiquería

Ante la fuerte crisis económica que vivimos, motivada por la puesta en marcha de un profundo cambio de paradigma y modelo de gobierno -dado que el actual cree más en el mercado que en el Estado, frente a otros paradigmas y modelos de gobiernos que cultivaron lo contrario, en lo cual yo creo críticamente-; como argentinos, y en especial los mendocinos, día a día experimentamos frecuentemente la vivencia traumática cuando vamos al supermercado donde nuestro dinero cada vez compra menos, o ante el fuerte aumento del transporte público o el miedo a que lleguen las nuevas boletas de luz, agua y gas. Entonces con razón se hace responsables a los políticos de estas consecuencias desafortunadas. Si sumamos a ello los malos ejemplos, como el de nuestros senadores en estos días, considero que es necesario clarificar algunos aspectos que se vinculan a nuestra vida en nuestra sociedad.

Desde lo filosófico, seguimos a Aristóteles, quien afirmaba que el ser humano únicamente puede alcanzar su perfección, es decir, su felicidad, en la sociedad. En este sentido, Aristóteles acuña en piedra el principio filosófico de que gobernar es el arte a través del hábito en la práctica de la moral y de la ética, esto con el único objetivo de dar formas a nuestras sociedades y recibir a cambio los frutos y bienaventuranzas de la virtud.

Así, el obrar ético desemboca en la política y en su ejercicio, pues aquellos que se dedican a ella deben ser mujeres y hombres preocupados por gestar el bien de la sociedad y de los ciudadanos. Es de esta forma como la política en el marco de la conducción del Estado argentino y mendocino tiene verdadera legitimidad y es el arte y la ciencia de gobernar respetando los valores y principios que nos hacen ser argentinos y mendocinos. Y es también en ese sentido nuestro respeto hacia tan noble actividad, como hacia los que se comprometen brindando su tiempo, su capacidad y experiencia tratando de dar ejemplo y soluciones a los problemas de nuestras comunidades, como nosotros intentamos hacerlo.

Muchos hemos visto la Democracia como el sistema de gobierno al que todos deberían aspirar, pero hemos visto también en nuestra pasado y presente los pueriles garabatos de muchos “príncipes” improvisando torpemente a la hora de gobernar. ¿Adónde quedó la virtud y la moral como cimientos para convertir la política como el arte de gobernar? Los genuinos esfuerzos de los gobernantes/políticos para mantener un país a flote van más allá de un equilibrio macroeconómico, o de la formulación de mezquinas alianzas electorales que en su mayoría sólo pretenden obtener un cargo sin importar el costo que ello implica y sin importar si se salta de un partido político a otro para lograr el fin: ese cargo mal habido.

Esto pasa en nuestro país y en nuestra Mendoza y es por ello que los ciudadanos han dejado de creer en los políticos, o sea, en los malos políticos, llamados “politiqueros”, quienes buscan más el negocio particular que el Bien Común de la ciudadanía. Eso se llama corrupción, la que debemos arrancar de raíz.

Vale hoy en día echar una mirada a la comunidad internacional, para darnos cuenta que las virtudes heredadas por estos reconocidos pensadores históricos, que mencioné anteriormente, fueron reemplazadas por el orgullo y la vanagloria, por el mal y la avaricia. Las necesidades de los pueblos fueron sustituidas por intereses dinásticos, la lucha por la buena educación y la formación universitaria fueron sustituidas por corrientes ideológicas y filosofías baratas, la libertad del hombre ha sido violada una y otra vez al antojo del tirano de turno, la paz de los pueblos ha sido atropellada por guerras fratricidas, usando irracionalmente el poderío de las naciones mediante el uso de las armas.

Necesidad de un liderazgo ético

Hoy más que nunca es necesario contar con un verdadero liderazgo ético en aquellos hombres y mujeres que se comprometan políticamente con el presente y futuro de nuestra Argentina y en especial de nuestra querida Mendoza, en la cual tanto el oficialismo como la oposición deben tener claro que el liderazgo ético no está en las mejores fotos que aparecen en los medios públicos o en las redes sociales tratando de mostrar quien tiene más poder o más intendentes o más legisladores.

El liderazgo ético implica saber trasmitir a los argentinos y mendocinos qué es lo que se debe hacer aquí y ahora respetando nuestros valores, nuestras tradiciones, nuestra historia y sobre todo dando el ejemplo a las nuevas generaciones todos los días, dando a la Argentina y a nuestra provincia todo, pues el éxito a los líderes éticos no les sale al paso por suerte ni casualidad, ello implica un sueño, que se concibe, se prepara, se ejercita y después se realiza. El éxito en el liderazgo ético, es obra de la previsión, de la organización y la realización del obrar virtuoso dedicado a la resolución de los problemas de la sociedad. En ello estamos, trasmitiendo nuestro conocimiento en forma simple, respetuosa y humilde hacia todos aquellos que estén dispuestos a recuperar la política y el liderazgo ético en beneficio de Argentina y nuestra querida Mendoza.

* El autor es Presidente del Instituto Argentino de Relaciones Internacionales (IARI).

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