El último informe del Consejo Empresario Mendocino publicado el domingo por Los Andes deja la sensación de que Mendoza exporta, pero que con eso no alcanza.
Mendoza se ubica entre las provincias con menor crecimiento relativo de exportaciones en la última década y aportó menos del 1% al crecimiento exportador nacional en ese período. Mientras tanto, otras regiones encontraron sus motores en la energía, la minería o la agroindustria a gran escala y los aprovecharon.
El último informe del Consejo Empresario Mendocino publicado el domingo por Los Andes deja la sensación de que Mendoza exporta, pero que con eso no alcanza.
Los datos del CEM muestran que la provincia exportó bienes por US$ 1.538 millones en 2025, un 4% menos que el año anterior. La cifra está por encima del promedio de la última década, pero lo cierto es que mientras Argentina en su conjunto se acercó a sus récords exportadores, Mendoza fue perdiendo terreno. Hoy representa apenas el 1,8% de las ventas externas del país. Menos que su propio promedio de los últimos diez años.
Lo interesante es que el problema no es la caída puntual de un año. Es la trayectoria. La provincia está en la rueda del hamster, se ubica entre las provincias con menor crecimiento relativo de exportaciones en la última década y aportó menos del 1% al crecimiento exportador nacional en ese período. Mientras tanto, otras regiones encontraron sus motores en la energía, la minería o la agroindustria a gran escala y los aprovecharon.
Detrás de este dato aparece una clara tentación: la de pensar que la solución es dar vuelta la cancha. Que, si el vino y el ajo no alcanzan, habrá que buscar algo radicalmente distinto.
La identidad exportadora de Mendoza está construida sobre décadas de trabajo concreto. El vino fraccionado sigue siendo el producto estrella. El ajo, las papas preparadas, las manufacturas industriales forman parte de un entramado que genera empleo real, conocimiento acumulado y presencia internacional. Más del 80% de las exportaciones mendocinas son manufacturas, lo que distingue a la provincia de muchas otras que venden básicamente materias primas. Eso no es poco.
Pero el desafío pasa por reconocer que con lo que hay no alcanza para cambiar la foto. Mendoza exporta apenas US$ 751 por habitante, según el informe del CEM. Menos de la mitad del promedio nacional. La Patagonia, impulsada por los complejos energéticos exporta más de seis veces esa cifra por habitante. Incluso dentro de Cuyo, Mendoza quedó detrás de San Juan y San Luis.
La minería hoy aparece con potencial para impulsar los envíos al exterior, pero la pregunta es si la provincia está dispuesta a ampliar su base productiva sin abandonar lo que le da identidad. Porque no se trata de elegir entre vino o minería, entre agroindustria o servicios tecnológicos. Las provincias que mejor les fue en las últimas décadas no hicieron esa elección. Construyeron sobre sus fortalezas históricas mientras incorporaban nuevas actividades capaces de generar escala.
El informe del CEM apunta en esa dirección. La minería y la energía aparecen como sectores con capacidad para atraer inversiones grandes y generar encadenamientos productivos. La logística y los servicios basados en el conocimiento también, especialmente en una provincia con capital humano formado y una ubicación geográfica que tiene valor real.
Es probable que el futuro exportador de Mendoza probablemente no esté en reemplazar lo que tiene. Está en animarse a construir sobre ello. El vino seguirá siendo vino. El ajo, ajo. Pero si la provincia no encuentra sus próximos dólares de exportación en algún lugar nuevo, dentro de diez años los números van a contar la misma historia.
* La autora es periodista. [email protected]