14 de abril de 2026 - 15:15

Los que dejaron desnuda a Mendoza, ahora hablan

El senador radical Martín Kerchner debate en esta nota con la opinión expresada el domingo pasado en Los Andes por el ex gobernador justicialista Arturo Lafalla, sobre la actual situación económico institucional de Mendoza y sus responsables.

Hay dirigentes que reaparecen para dar lecciones sobre institucionalidad y economía, pero lo primero que hace falta en política es memoria.

Porque algunos de los que hoy se llenan la boca hablando de instituciones fueron parte de una etapa en la que Mendoza vio deteriorar herramientas fundamentales de su desarrollo: se quebraron o vaciaron instrumentos económicos centrales (como los ex bancos estatales), se usaron recursos públicos sin criterio estratégico, se multiplicaron estructuras estatales que después no podían sostenerse, y se consolidó una lógica en la que el desorden fiscal, la discrecionalidad y la falta de prioridades terminaron perjudicando a los mendocinos.

Lo ocurrido con los ex bancos Mendoza y Previsión fue especialmente grave, y merece un párrafo aparte. El deterioro de buena parte de su cartera crediticia, acumulado a lo largo de sucesivas gestiones justicialistas, terminó desacreditando una herramienta financiera que hoy podría ser útil para acompañar el desarrollo económico provincial. Pero la gestión fue tan deficiente en aquellos años que todavía hoy resulta difícil plantear ante la sociedad iniciativas de esa naturaleza. También así se dañan instituciones. Y, sin embargo, muchos de los que ahora hablan parecen haber olvidado su propia mala praxis.

Entonces conviene poner las cosas en contexto. No puede presentarse como defensor de la institucionalidad quien fue parte o cómplice silencioso de etapas en las que se destruyó valor público, se debilitó la calidad del Estado y se hipotecó el futuro de la provincia. Tampoco puede erigirse en voz de autoridad económica quien acompañó, justificó o calló frente a modelos nacionales que dejaron más inflación, más impuestos, más atraso y menos cultura del esfuerzo.

Durante demasiado tiempo, en la Argentina se aplaudió el desequilibrio fiscal, la destrucción de incentivos para producir, invertir y educar, y la inflación galopante de los “planes platita”. Muchos de los que hoy hablan con tono moralizador guardaron silencio ante el deterioro sistemático del país, acompañaron políticamente a quienes saquearon la confianza pública y nunca se mostraron demasiado preocupados por el daño que ese modelo le hizo a Mendoza y a la Argentina.

Por eso sorprende que ahora pretendan dar cátedra. Más todavía cuando, en varios de esos períodos, no se podían pagar salarios públicos con normalidad, se aumentaba la presión tributaria a niveles inéditos para la provincia, se expandía el empleo público sin planificación y se destinaban recursos a prioridades discutibles mientras seguían faltando obras esenciales, infraestructura básica y servicios de calidad para muchos mendocinos.

El pueblo de Mendoza no es ingenuo, por eso ya no los vota. Sabe perfectamente quiénes administraron con irresponsabilidad y quiénes vienen haciendo, aun con todo lo que falta, un esfuerzo enorme por mantener el orden del Estado, cuidar sus recursos, sostener la inversión pública, mejorar servicios y defender una provincia que además carga con desventajas estructurales en materia de coparticipación y financiamiento.

En Mendoza se puede discutir todo. Pero discutir en serio exige honestidad intelectual, memoria política y alguna coherencia. No alcanza con aparecer de vez en cuando con frases efectistas. Hay que hacerse cargo del pasado propio y del silencio frente a los peores abusos del populismo nacional.

En síntesis, la verdadera desnudez no está donde algunos quieren señalar. La verdadera desnudez quedó expuesta cuando durante años se rindió pleitesía a la degradación económica e institucional que empobreció a la Argentina. Y frente a eso, muchos de los que hoy levantan el dedo no dijeron nada, miraban otro partido.

Es por eso que Mendoza necesita debate, claro que sí, el debate que eleva. Pero también necesita, sobre todo, memoria, mucha memoria, para no resucitar a los que nunca funcionaron.

* El autor es senador provincial y presidente provisional del Senado de Mendoza.

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