López Obrador se fortalece; Petro y Lula se debilitan

López Obrador ha logrado con el triunfo en el estado de México, consolidar las perspectivas políticas del oficialismo de cara a la elección presidencial de junio de 2024, al mismo tiempo que Lula y Petro enfrentan dificultades y desgaste.

López Obrador se fortalece; Petro y Lula se debilitan
Presidente López Obrador. Festejando el triunfo de las elecciones en México (AP).

El 4 de junio tuvieron lugar en México elecciones estaduales en dos estados que han sido gobernados por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante casi un siglo. El más importante es el estado de México, el más poblado del país, que rodea a la capital -como sucede en Argentina con la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal-, y donde predominan los sectores populares afectados por la desigualdad, la violencia y la corrupción. Las elecciones pusieron a prueba la capacidad del presidente Manuel López Obrador y su partido MORENA de imponerse a las fuerzas políticas que dominaron la vida política mexicana en las últimas tres décadas. En este estado, el partido liderado por el presidente compitió contra una coalición del Partido de Acción Nacional (PAN), de centroderecha, el PRI y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), de izquierda. Estas tres fuerzas, que fueron antagonistas en el pasado, hoy están aliadas frente al riesgo que representa para ellas MORENA. En este estado se impuso la candidata apoyada por López Obrador, Delfina Gómez, una docente de la escuela pública. Fue derrotada Alejandra del Moral, una ex alcaldesa con diversos títulos universitarios, por la coalición opositora mencionada en el ámbito nacional. Varios analistas consideran el resultado en el estado de México un anticipo del resultado de la elección presidencial que tendrá lugar en noviembre de 2024. También se realizaron elecciones en el estado de Coahuila, de sólo 2 millones de habitantes y también gobernado por el PRI desde hace casi un siglo. Pero en este caso el candidato de este partido, Manolo Giménez, se impuso en los comicios sobre el candidato de MORENA, Armando Guardiana. La sucesión de López Obrador se centra en la alcaldesa de Ciudad de México y el actual canciller.

En Colombia, a ocho meses de asumir Gustavo Petro, su imagen positiva sigue descendiendo y ya llega a menos de un tercio. El giro populista reciente con el cambio que implicó la salida de su primer ministro de Economía, siendo sustituido por uno identificado con políticas heterodoxas, ha aumentado la inestabilidad y la incertidumbre económica. La política de “paz total” impulsada por el presidente para lograr que dejaran las armas el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), los restos de los paramilitares y determinadas bandas del crimen organizado, ha tenido un éxito parcial con la reanudación del diálogo con la primera de las organizaciones en La Habana. Pero el escepticismo continúa predominando. Se han puesto en marcha medidas distribucionistas, pero con escaso resultado en términos sociales. Ahora, la salida de dos funcionarios de confianza del presidente por realizar actos de espionaje ilegal para encubrir irregularidades y actos de corrupción del entorno presidencial, ha aumentado el deterioro en su imagen. En cuanto a la política exterior, Petro sigue una línea similar a la del presidente brasileño. Ha salido del alineamiento histórico con los Estados Unidos, que llevaba más de medio siglo, y se ha acercado a los regímenes de Venezuela y Cuba, cuyo apoyo ha buscado para su propuesta de paz total. Ha desactivado la llamada “Alianza del Pacífico”, que Colombia compartía con Chile, Perú y México, pese a que los presidentes Boric y López Obrador son también expresiones de la izquierda latinoamericana.

El gobierno de Lula en Brasil se debilita políticamente, al cumplir seis meses de gestión, mientras que la economía crece menos de lo esperado. En el parlamento, históricamente ningún partido tuvo mayoría por sí solo y el presidente debe negociar coaliciones y mayorías circunstanciales con diversas fuerzas políticas. Es así como en Diputados, el PT de Lula es la primera fuerza individual, pero con menos del 15% de los legisladores, y Bolsonaro y sus aliados son la segunda fuerza, aunque no llegan a dicho porcentaje. En el Senado, el partido del ex presidente es el que tiene más legisladores y el PT el segundo, pero entre ambos no llegan a un tercio del total. Las negociaciones para avanzar con los proyectos de ley que impulsa el presidente se demoran más de lo previsto y resultan más difíciles de aprobar que en los dos gobiernos anteriores de Lula. En lo económico, los mercados desconfían del rumbo heterodoxo del gobierno y la tasa de crecimiento anual hoy no llega al 2%. Con ese nivel de crecimiento no se producirá una mejora en los indicadores sociales. La relación con las Fuerzas Armadas -un factor de poder importante en Brasil- sigue siendo tensa y la influencia de Bolsonaro en los militares, sobre todo en los de baja graduación, sigue siendo importante. En política exterior, Lula intenta un equilibrio entre Estados Unidos y China, mientras que se muestra neutral respecto a la guerra de Ucrania, buscando tener un rol negociador junto a países como India e Indonesia. Esta postura genera críticas en Occidente y el presidente Zelensky eludió reunirse con su par brasileño en la Cumbre del G7, que empieza a dudar de la política ambiental anunciada por Lula en su campaña.

En conclusión, López Obrador ha logrado con el triunfo en el estado de México, consolidar las perspectivas políticas del oficialismo de cara a la elección presidencial de junio de 2024, al mismo tiempo que Lula y Petro enfrentan dificultades y desgaste.

* El autor es Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

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