Las instituciones odiadas por Milei

Los amigos anarco libertarios que Milei tiene a nivel internacional afirman de manera explícita querer privatizar totalmente la universidad pública y la ciencia financiada por el Estado. Además, desean un mundo donde no haya ni periodismo ni periodistas. Varias políticas aplicadas por el presidente argentino -y casi la totalidad de su discurso ideológico- marchan por ese mismo camino.

Esta semana tuvo lugar en la Argentina un encuentro entre el único presidente anarco libertario del mundo, Javier Milei, y el empresario anarco libertario más rico del mundo, Peter Thiel, quien quiere empezar a hacer negocios en nuestro país. Para ello se acaba de comprar una mansión de 12 millones de dólares a fin de pasar en ella sus estadías por estos pagos donde seguramente, ahora que llega el invierno, no sufrirá demasiado el frío.

Thiel es muy conocido por su provocativa afirmación de que "la democracia es incompatible con la libertad", ya que él cree que la deliberación ciudadana y la representación pública son rémoras del pasado que deben ser sustituidas por un gobierno "privado" conducido de forma "monopólica" por los empresarios creadores de las nuevas tecnologías que hoy están alterando sustancialmente el funcionamiento de todas las instituciones en todo el mundo.

Su interés en la Argentina se explica principalmente porque al tener nuestro país el único presidente libertario del mundo, Thiel busca estudiar en persona el experimento, a ver si es posible contar tanto en la Argentina como más allá de nuestras fronteras, con políticas y políticos que lo ayuden en sus estrambóticos propósitos.

Peter Thiel y el grupo de multimillonarios tecnológicos (quizá el más poderoso de todos sea Elon Musk) creen que las instituciones democráticas o republicanas tal cual las conocemos han caído en una definitiva obsolescencia y por eso deben ser reemplazadas por otra cosa, siempre que esa otra cosa sea conducida por ellos.

Una de sus ideas más provocativas, a la que le ha dedicado mucho tiempo y dinero es el intento de vaciar en todo lo posible la universidad pública en los Estados Unidos. A través de su programa llamado "Thiel Fellowship", ofrece dólares a jóvenes para que abandonen sus estudios universitarios y se transformen en emprendedores privados. Su argumento central es que "el sistema académico actual sofoca el pensamiento original y que la experiencia práctica es superior para crear valor".

En realidad, casi todas las innovaciones científicas y tecnológicas suelen arrastrar consigo, junto a sus innegables aportes al progreso humano, a personalidades delirantes que quieren convertirse en sus propietarios y por ende dominar el mundo. Los actuales -con sus burdas exageraciones- no pasan de ser meros clones humanos de los personajes de ficción magníficamente novelados y luego llevados al cine (en una saga exitosísima que se prolonga desde la década del 60 hasta la actualidad) expresados en la figura mítica de James Bond, el superagente y espía al servicio de su majestad británica que en cada film se enfrenta con un villano distinto, pero todos unificados por dos cuestiones: la de ser supermultimillonarios y la de querer apropiarse del mundo destruyendo todo ordenamiento estatal y/o sembrando el caos en las sociedad con tecnologías inventadas por ellos mismos. Escuchar hablar a cualquier villano ficcional de cualquier película del agente 007 y a estos excéntricos empresarios en su mayoría surgidos en Silicon Valley, muestra una portentosa similitud que reafirma la hipótesis de que muchas veces la realidad imita a la ficción, o que la ficción crea su propia realidad paralela.

Cualquiera de estos intentos desmesurados que en estos tiempos de retorno de la contra ilustración y la barbarie se han apoderado de la conducción política en muchos países, inevitablemente sucumbirán tarde o temprano por sus propias inconsistencias, pero nadie puede negar su peligrosidad presente porque muchos dirigentes con poder real son seducidos por sus hechizos y sus tecnologías son utilizadas para hacer política (Peter Thiel ha puesto muchas de sus empresas al servicio de la política anti inmigratoria de Donald Trump y de su guerra misilística en Medio Oriente).

Así como Thiel apuesta a reemplazar la deliberación democrática por una conducción centralizada de Ceos super tecnológicos y supermillonarios, Donald Trump la emprende contra todos los avances en salud y medio ambiente desde concepciones terraplanistas, proponiendo políticas sanitarias antivacunas o haciendo negacionismo climático afirmando que el ser humano no tiene nada que ver en la degradación ambiental. Las consecuencias de su política anticlimática están por verse porque casi todos los gobiernos del mundo la rechazan, pero su postura antivacunas está haciendo estragos provocando un retroceso de décadas en salud pública, ya que es cada vez mayor la cantidad de padres que se niegan a vacunar a sus hijos, y, por ende, no paran de renacer viejas enfermedades que la ciencia parecía haber eliminado definitivamente.

Con las ideas de este tipo de personajes públicos y privados, nuestro presidente Javier Milei simpatiza profundamente. a las cuales les agrega -desde su secta propia- el libro "Defender lo indefendible" que hace poco tiempo regaló a todos sus ministros y obligó a cada uno de tales súbditos (porque en eso los transforma con este tipo de actitudes) a fotografiarse con el ejemplar en la mano. Su autor, el también anarco libertario Walter Block, considera que existen tres instituciones que perjudican más que benefician a la sociedad: el periodismo en todas sus variaciones, y la universidad y la ciencia en sus versiones públicas o estatales.

Todo indica que el presidente argentino está tomando estas excentricidades muy en serio y sus efectos políticos se evidencian cada vez más en muchas de sus actitudes.

Esta semana fue una en la que incrementó su guerra permanente contra el periodismo con la misma furia deslenguada con que Trump arremete con sus amenazas contra Irán. Como muestra, llevó la degradación del lenguaje y el insulto como política de Estado a un nivel incomparable, cuando entre las infinitas agresiones verbales que brindó a cientos de periodistas a través de las redes, calificó a uno de los más respetados columnistas del país, Carlos Pagni, con los motes de "delincuente malparido y basura inmunda asquerosa". El aumento exponencial de la cantidad y la graduación ofensiva de sus insultos es de tal magnitud que ya podría considerarse a Javier Milei como el creador de un nuevo género literario: la anti-poesía esperpéntica y cloacal.

Algunos defensores de nuestro libertario siguen insistiendo en que todas estas expresiones son adjetivas, cuestiones meramente de formas que nada tienen que ver con sus profundas transformaciones económicas. Pero a juzgar por los antecedentes internacionales en los que se inspira, es posible suponer que detrás de estas verbalizaciones se esconde toda una interpretación política, filosófica, ideológica y cultural en la que Milei cree a pie juntillas. Básicamente, que al periodismo junto a la universidad y la ciencia públicas no las critica por sus excesos y defectos que las tres instituciones indudablemente tienen (y más en un país tan corporativo y decadente como la Argentina de las últimas décadas) sino en tanto instituciones en sí mismas. O sea que su crítica, aunque la personalice, es esencialmente estructural.

Vale decir, piensa como sus amigos libertarios Thiel y Block, que son instituciones que deberían desaparecer o ser reemplazadas por otras. Que la universidad y la ciencia pública deben tender a su privatización total y definitiva, y que el periodismo y los periodistas en tanto instituciones, deben dejar de existir porque son "estructuralmente" creadores de relatos contra el poder que le impiden a éste desplegar todas sus verdaderas potencialidades.

Si los sistemas políticos actuales no totalitarios, aún con sus enormes quejas, toleran la intromisión periodística (algunos más, otros menos) el mundo "jamesbondesco" imaginado por Peter Thiel no puede admitir bajo ningún punto de vista que alguien cuestione la infalibilidad del nuevo poder científico tecnológico cuando logre dominar el mundo y por ende conducirlo políticamente.

Los Kirchner, como otro ejemplo extremo de obsesión contra las críticas periodísticas, no querían eliminar al periodismo ni a los periodistas, querían que todas las empresas comunicacionales fueran de su propiedad y que todos los comunicadores fueran militantes y súbditos del poder político por ellos ejercido. Milei, conceptualmente avanza mucho más allá (aunque hasta la fecha haya atentado principalmente en palabras contra el periodismo mientras que el kirchnerismo avanzó en hechos concretos): quisiera que el periodismo desaparezca en todas sus formas, incluso -si lo apuramos un poco- hasta en aquellos militantes a su servicio (esta semana se enojó feo con los periodistas libertarios de las redes sociales que criticaron la defensa oficial de Adorni o las internas salvajes dentro de LLA).

Por ende, su guerra no es contra el periodismo crítico, sino contra la institución del periodismo en sí misma. Lo mismo es trasladable, en parte, a la universidad y a la ciencia a las que considera que no son actividades que les corresponden al Estado. Por eso, no las está desfinanciando debido a cuestiones de ajuste o austeridad, sino porque anhela un modelo social con la privatización de la educación superior en todas sus formas. Hoy, al ser presidente, no puede decirlo explícitamente como si lo hacen sus amigos como Peter Thiel, pero esa actitud de querer desestatizar la educación superior y la ciencia es parte consustancial del ideario anarco libertario al que Milei afirmó esta semana continuar adhiriendo sin fisuras ni dudas. Lo ratificó frente a Thiel, el mayor enemigo mundial de la universidad pública.

En síntesis, estamos viviendo un momento crucial y sumamente extraño en el mundo, donde efectivamente se ha llegado a esa utopía positiva que hace pocas décadas se imaginaba de cercana concreción con el auge de las nuevas tecnologías: La sociedad del conocimiento. La cual, efectivamente, hoy se ha concretado. Jamás el ser humano acumuló tanto conocimiento como en lo que va de este siglo. Pero ese innegable progreso de la humanidad vive una dramática paradoja: que los empresarios y los políticos más poderosos del mundo buscan monopolizarlo en su favor, incluso expropiándolo, extirpándolo de las instituciones donde ese conocimiento por siglos se divulgó a la sociedad. Por eso los refugios y reservorios tradicionales del saber desde la Edad Media hasta el presente como las universidades se quieren eliminar. Por eso la separación que iniciaron Copérnico y Galileo entre ciencia y religión y que le permitió a la ciencia el inicio de un progreso jamás antes visto, está buscando ser reemplazado por una nueva unión entre pensamiento científico y pensamiento mágico. Y hasta los herederos de aquella Gazeta que creó Mariano Moreno para comunicar al pueblo las ideas y las críticas al poder, están en peligro de ser borrados de la faz de la tierra. Y nada de eso está siendo provocado por ignorantes primitivos. sino paradójicamente, por los que hoy mandan -y de algún modo han gestado con sus creaciones- la actual "sociedad del conocimiento". Pero que están tratando de poner sus innegables logros científicos al servicio de un misticismo cientificista a partir del cual buscan tutearse con la divinidad.

Lamentablemente, el liderazgo político de la Argentina actual simpatiza con los propulsores de esta nueva barbarie filosófica por la que quienes se creen dueños del mundo (y en algún modo, a diferencia de la ficción, hoy lo son) intentan aprisionar en sus exclusivas manos el avance científico y tecnológico además de eliminar el pensamiento crítico hacia el poder.

Lo más nuevo al servicio de lo más viejo. Ese parece ser el mundo que hoy vivimos.

* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]

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