27 de septiembre de 2026 - 00:30

La Pato le moja la oreja al León

Nada garantiza que la Pato Bullrich pueda lograr ahora una odisea parecida a la que el León Milei logró al ganarle a ella hace tres años, ganándole ahora ella a él. Ella lo sabe y Milei lo sabe. No obstante, ninguno de los dos subestima al otro.

El 9 de abril de 2023 publicamos en este mismo diario una nota (https://www.losandes.com.ar/opinion/milei-el-devorador-de-pecados) donde sosteníamos, varios meses antes de las elecciones presidenciales, que Milei era la expresión más cabal del estado de ánimo social mayoritario de aquel momento, pero que no sabíamos cómo podría llegar a ser presidente sin tener el instrumento, la organización desde la cual triunfar. No tenía partido ni estructura ni plata contra los dos gigantes del momento: el oficialismo peronista que a pesar de su total crisis y de haber llevado al país al caos más absoluto, aun así, iba a poner -como puso- toda la carne en el asador. Y enfrente estaba el favoritísimo, que era el opositor Juntos por el Cambio, quien había ganado las elecciones legislativas de 2021 y tenía dos candidatos de los cuáles casi nadie en el país dudaba saldría el nuevo presidente: Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. Y de los dos, la favorita parecía ser la Pato.

Sin embargo, ganó Milei porque Massa le financió prácticamente la totalidad del inicio de su campaña (las PASO) creyendo que de ese modo él podría pasar por el medio entre las dos opciones no peronistas. Es cierto que eso lo llevó a que el peronismo casi se impusiera en primera vuelta (le faltaron apenas poco más de tres puntos para ello) pese al monstruoso gobierno que estaba haciendo (lo que indica que nunca jamás de los jamases hay que dar por perdido al peronismo), pero no le alcanzó porque Milei expresaba el sentir popular de ese momento mucho más de lo que creían sus dos rivales. Ganó porque ambos lo subestimaron. O subestimaron lo que la gente sentía por él.

Hoy, a un año de las elecciones de 2027 creemos que la Patricia Bullrich de este momento está intentando construirse como alternativa mediante un estilo muy parecido con el cual forjó Milei su presidencia. Estilo decimos, no contenido, que es distinto. La Pato expresa mejor que nadie el ánimo social mayoritario de este momento, pero sus dificultades para transformarlo en una opción de poder frente a los dos grandes (el peronismo, siempre, y ahora LLA) son cuando menos igual de difíciles a las que tuvo Milei en 2023..

La historia no suele repetirse y por lo tanto, a pesar de que hubiera mil coincidencias, nada garantiza que Patricia pueda lograr ahora una odisea parecida a la que Milei logró al ganarle a ella hace tres años, ganándole ahora ella a él. Ella lo sabe y Milei lo sabe. No obstante, ninguno de los dos subestima al otro. Por eso ella está intentando crear sus condiciones de posibilidad. Mientras que Milei la está buscando neutralizar absolutamente. Este es el gran debate político del presente. Y lo afirmamos porque nunca jamás en toda su presidencia, y muy posiblemente nunca jamás en toda su vida, por su forma de ser, Javier Milei aceptó que alguien le mojara tantas veces las oreja sin reaccionar, pudiéndolo hacerlo. Por muchísimo menos que cualquiera de una de las tantas provocaciones que le viene haciendo Patricia, Milei expulsó de su lado hasta al más pintado. Por la más insignificante disidencia se enemistó con casi todos sus amigos antes de ser presidente, cuando era apenas un habitante humano más de la tierra. Y mucho más, desde que asumió la presidencia y comenzó a creerse dios, expulsando del paraíso a quien osara mirarlo de un modo o decirle algo que no le gustara. Frente a esa realidad indiscutible, que le perdone cien mojadas de orejas a Patricia (que aún no llegó a cien, pero por tantas va) es porque el presidente está calculando, midiendo. Como no recordamos lo haya hecho nunca antes.

Es que, así como sabe que el peronismo es el rival inevitable al que deberá enfrentar, lo represente quien lo represente, y está dispuesto a competirle sin duda alguna y hasta con gusto, no tiene el menor interés en enfrentar a Patricia bajo ninguna circunstancia.

Por ahora, para impedirlo, le está ofreciendo con una mano una flor, tragándose todos los sapos que Patricia día tras día, casi sin solución de continuidad, le hace tragar. Pero, con la otra mano, que la oculta atrás, tiene preparado el garrote con el que durante toda su vida se sacó de encima a los que osaron contradecirlo hasta en lo más nimio. Sabe, como él mismo suele decir de sí mismo ("seré loco pero no tonto") que todo depende de su habilidad para usar la flor y el garrote cada cual en el momento justo. Que, si los usa bien, no tendrá problemas. Es por eso que frente a Patricia estamos viendo al Milei más extrañamente prudente de toda su existencia. Un tragasapos de magnitud singular, una antípoda absoluta del que siempre fue y sigue siendo.

Por su lado, la Pato, disimulando el debate real en aparentes diferencias de formas, está cuestionando muchas de las políticas de fondo de Milei. Hasta se mete en lo que ella siempre hizo agua (en su campaña de 2023 era donde más flojito andaba): la economía, cuando habla de lo que los beneficios macro no bajan a la gente. Ni que hablar del inmenso combate que libró contra la defensa de Adorni que Milei transformó durante tres meses en su principal política de Estado y donde terminó lapidariamente derrotado por una alianza entre la realidad y Patricia. Mejor dicho, por una Patricia que supo expresar la realidad objetiva y subjetiva de la Argentina que Milei se negó a ver intentando un raro experimento que le falló totalmente: el de lograr que su omnipotencia pudiera sostener vivo a un muerto político (que lo fue desde el primer instante), ya que, si se imponía, de allí a la eternidad le quedaba un solo paso. Patricia, en ese combate, lo arrasó, y desde allí no pierde oportunidad de diferenciarse de su presidente en todo lo que puede.

La díscola Pato está aprovechando todos los errores del rey León para armar su propio espacio que busca expresar la siguiente idea: no perder nada de todo lo bueno que se hizo en estos tres años, no volviendo atrás de ninguna manera, pero iniciando una nueva etapa sin ninguno de los errores de estos tres años. Con otros modos, pero también otros contenidos. Reiteramos, Patricia le debate ambas cosas a Milei.

Con sus gestos diferenciales, busca expresar las ideas de su propuesta de continuidad y cambio, a la vez que ir armando el espacio electoral que ella no tiene pero que podría tener si, aunque de modos distintos, la diosa fortuna se le pone a favor como se le puso a Milei hace tres años. Porque la diosa fortuna ayuda a quien ella quiere, es cierto (para eso es diosa) pero simpatiza principalmente con los que suelen expresar los ánimos colectivos de la gente en cada momento.

Milei era un candidato que expresaba mejor que nadie al sentir mayoritario de la Argentina en 2023 pero no tenía nada organizado políticamente hablando.

Patricia tampoco tiene organizado nada propio, pero está tratando de hacer de la crítica a los errores del gobierno al que pertenece, un programa de propuestas, suponiendo que eso es lo que hoy expresa mejor que nada el sentir mayoritario de una sociedad que no está contenta con el presente pero que no quiere reemplazarlo por el pasado, del cual el peronismo no se puede desprender intente lo que intente.

La Pato quiere de alguna manera, con sutiles variaciones, hacerle lo que hace tres años Milei le hizo a ella. Porque ella era la futura presidenta casi cantada (Macri quería que fuera ella porque Larreta era un aparato, un robot) y la terminó superando un outsider. Ahora quiere ella, desde adentro del propio mileismo, ganarle al que ayer fuera outsider pero hoy es el candidato casi cantado para todos los que no quieren volver atrás.

Si todo lo que decimos de Patricia es pura fantasía imposible de transformar en realidad, al menos en 2027, el combate será el de peronismo versus mileismo. Unos tratando de minimizar los horrores que cometieron en el pasado y otros los errores del presente.

Patricia busca convertir ese fifty fifty en tres tercios. No es la única que pretende lograr eso que parecería ser lo que a la sociedad le gustaría votar en mayor medida. Pero hasta ahora la única que tiene el contenido es ella, nadie más expresa la continuidad con cambio que yo creo hoy es el espíritu mayoritario de la sociedad, como hace cuatro años lo era quien mejor expresara la bronca contra todos, contra los políticos, sí, pero también contra el mundo entero. Ese insultador profesional, que lo fue siempre y lo sigue siendo igual o peor que siempre, era en su momento el que conjugaba su personalidad brutal con una sociedad que se sentía brutalmente tratada. Pero en cuatro años, no todas, pero sí muchas cosas cambiaron. Milei no cambió, sigue siendo el mismo de siempre. La sociedad, en cambio, continúa evolucionando y cambiando, como lo hace desde que el mundo es mundo.

Estamos frente a un modelo para armar. El peronismo y el mileismo son dos realidades. Patricia hoy no pasa de ser más que una posibilidad objetivamente hablando, pero subjetivamente es mucho más que eso. Ella está haciendo todo lo que está en sus humanas posibilidades para intentar llegar a ser candidata presidencial en 2027; sinceramente no creo que haya en su mente otra idea más que esa. Y Milei está haciendo hasta lo imposible para que eso no ocurra, incluso frenando con una moderación nos atreveríamos a decir extrema, las aristas más feroces de su personalidad naturalmente feroz.

En fin, que cuando en abril de 2023 escribimos la nota que arriba citamos, lo hicimos casi al modo del ensayo de una posibilidad remota pero no imposible. Hoy nuestra intención es exactamente la misma.

El león, al final en 2023, logró imponerse. La pato hoy, lo ignoramos, pero no ignoramos que, por sus muchas actitudes en contra del gobierno al que pertenece pero que son coincidentes con el sentir incluso de muchos que votaron a Milei y que sin ella lo seguirían votando, la Pato ha logrado ser vista como una remota pero posible opción para renovar la política el año que viene. Es cierto que se le desconfía por sus idas y vueltas políticas, aunque se la valora por su audacia, su coraje y porque sin verla nadie como una estadista sí parece una gran gestora en todo lo que hace. Y porque está intentando una dificilísima operación política: la de convertirse (o de que así la vean) en la representante del futuro, dejando a Milei como representante del presente y al peronismo entero como representante del pasado.

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Anexo casi documental

Esta parte del texto no es necesario leerla. Excepto para los que quieran documentarse un poco más sobre las diferencias crecientes entre Patricia Bullrich y Javier Milei. Para eso exponemos a continuación los hitos más significativos a partir de los cuales desde hace unos meses Patricia la viene mojando, con absoluta y total premeditación, la oreja a Milei.

Adorni

Patricia hizo temblar (literalmente) al entonces jefe de gabinete Manuel Adorni y al presidente Javier Milei que lo venía defendiendo irracional y acríticamente sin que nadie entendiera muy bien porqué, salvo que quisiera hacer una demostración de fuerza, mostrar una innecesaria omnipotencia frente al resto de los mortales. Los hizo temblar cuando le exigió públicamente al hombre de la cascada que presentara “de inmediato” su declaración de bienes y eliminara todas las sospechas sobre su enriquecimiento ilícito desde el poder. Ambos, el protegido y su protector, aunque después no cumplirían (porque la misión era de cumplimiento imposible) le dijeron que sí casi aterrados. Ese fue el principio del fin de Adorni y un golpe político durísimo para Milei. Al primero lo eyectó Patricia del paraíso, y al segundo lo hizo recular.

"Esto es más que un error, es una omisión ética". "Nuestro Gobierno tiene la moral como política de Estado, ahora será la Justicia la que tendrá que determinar". "Nadie quiere reconocerlo como jefe de Gabinete". "Es estirar algo que no tiene sentido". "Si no hay contundencia y no hay rapidez, nosotros sufrimos, el proyecto sufre, el país sufre porque la gestión queda atrapada en una discusión ajena a los intereses de la sociedad".

Con esas declaraciones y gestos multiplicados por miles, Patricia abrió la caja de Pandora, porque nunca jamás nadie se había atrevido a tanto. No contra Adorni, que ya era un muerto político el mismo día en que se descubrieron sus trapisondas de medio pelo y de a poco muchos obsecuentes del gobierno se le fueron animando, pero ninguno -salvo la Pato- se le animó a Milei, el hombre más poderoso del país.

Adoctrinamiento estudiantil

Javier Milei dio uno de sus peores, o cuando menos más desagradables e incorrectos, discursos de su presidencia cuando hablando ante estudiantes menores de edad en un colegio secundario (ORT) convocó a los chicos a abuchear periodistas y los adoctrinó burdamente durante toda su charla con una prédica ideológica pseudo religiosa.

La respuesta de Patricia consistió en dar a los pocos días una charla ante estudiantes visitándolos en el Colegio Saint Jean, donde la totalidad de sus palabras fueron una respuesta y una réplica a cada una de las sandeces expresadas por Milei en el ORT, respetando absolutamente a los jóvenes en vez de buscar inculcarles su doctrina. No dijo nada especialmente original, salvo que defendió exactamente todo lo contrario a lo que sostuvo Milei. Afirmó que la labor de los líderes y educadores es "mostrar los hechos para que los jóvenes elijan libremente con su propio criterio", contraponiéndose a la idea de direccionar políticamente a los alumnos o imponer una visión única. Señaló que la generación actual es diferente y que el verdadero trabajo consiste en "darles herramientas y dejarlos ser libres en sus elecciones y caminos". Nadie dudó que le estaba hablando, además de a los estudiantes, principalmente al presidente Milei.

Discapacidad

Patricia Bullrich criticó duramente los cambios y recortes en el área de Discapacidad incluidos en el Presupuesto 2027, tildándolos de "bomba atómica" y advirtiendo que insistir con esa medida era "ir a chocar directo contra la pared". Y se indignó porque nadie le avisó, diciendo: "A mí no me tomen de tonta". “No nos enteramos... llegás al Congreso sin conocer el contenido y o quedás como un tonto, o como que los engañás”. Incluso cruzó al jefe de Gabinete, Diego Santilli, desmintiéndole que el tema se hubiera debatido luego de que ella se fuera de la reunión. Dijo que fue "un error no forzado y una falta de sensibilidad". Calificó la decisión como un error estratégico que expone innecesariamente la gestión de Javier Milei. “Si cometemos un error no forzado, ¿qué van a pensar? Que somos crueles”. Y ser o parecer crueles con los discapacitados, sostuvo, "es un r iesgo para la gobernabilidad". Luego insistió con que el recorte “parece una provocación” y que enviar un texto que no tiene chances de convertirse en ley solo sirve para “desgastar al Presidente”. Al final, logró que el gobierno se rectificara.

Economía, la micro y la macro

Hasta en el tema en que ella siempre fue muy flojita y en donde Milei demostró ser el más fuerte, la economía, osó darle batalla discursiva al presidente, cuando, como quien no quiere la cosa, deslizó un comentario que de inmediato se multiplicó por todo el país: afirmó que ciertos sectores sociales atraviesan momentos difíciles y pidió que los resultados de las reformas lleguen más rápido a la vida cotidiana. O sea, como todo el mundo y el sentido común indican, diferenció la macro de lo micro, algo que el presidente se niega terminantemente a diferenciar. Otra mojada de oreja y van…

Lula

Con respecto al viaje de Milei a Brasil para apoyar a Bolsonaro contra Lula, no estuvo política ni ideológicamente en contra porque dijo, con verdad, que, en elecciones anteriores, Lula no dudó en visitar la Argentina para defender a los kirchneristas. Pero sin embargo deslizó, también como al pasar, una frase lapidaria porque en realidad lo único que todo el mundo le criticó a Milei es que haya ido a Brasil a insultar del modo procaz, soez, maleducado y absolutamente innecesario al presidente de esa nación: "No está bueno escalar en el lenguaje". “Yo tengo mis razones para pensar que el vocabulario siempre hay que cuidarlo”, dijo la Pato para la ocasión. Y aunque aquí la crítica fuera más suave, se estaba metiendo nada menos que en política internacional, criticando a un Milei que fue a Brasil para operar a favor de Trump como su delegado en jefe en América Latina. Su crítica fue en apariencia suave, pero pegó de lleno en el corazón del poder que Milei busca internacionalmente construir. Le pegó a “su lugar en el mundo”. Y mató dos pájaros de un tiro: criticó a la vez al insultador profesional y al operador trumpista.

Juezas I

Javier Milei ordenó retirar inmediatamente del Congreso el pliego de la jueza María Verónica Michelli, que su propio gobierno había propuesto, al enterarse de qué se trataba de la cuñada de Hugo Alconada Mon, el periodista de investigación que más rotundamente está investigando la corrupción en la era Milei, vale decir, otra mierda humana y/o basura inmunda más. El mayor quizá. Patricia Bullrich protagonizó allí uno de sus desmarques más fuertes al invocar la "objeción de conciencia" para negarse a votar en contra de ella, plantándose de manera directa frente a la orden de la Casa Rosada. Argumentó su rechazo a la persecución por lazos familiares diciendo que "no se pueden atribuir consecuencias disciplinarias a una persona por una relación familiar". Y defendió que las evaluaciones en el Senado deben basarse estrictamente en los méritos profesionales. Además, por si fuera poco, puso a disposición su renuncia a la presidencia del bloque libertario, la cual fue desestimada por el propio Milei para evitar un daño mayor. El pliego de la jueza terminó siendo aprobado por amplia mayoría. Otro golpe en el corazón a Milei, en su odio frenético al periodismo crítico, o simplemente objetivo.

Dijeron las crónicas de ese momento, que el conflicto Milei-Bullrich acerca de esta jueza significó un quiebre de autoridad interna muy expuesto, forzando días después una reunión de contención en la Casa Rosada junto a Karina Milei para intentar calmar las aguas y ensayar una foto de unidad.

No está de más recordar que, al poco tiempo de haber asumido, Milei echó casi a las patadas al por él mismo designado titular del Anses, el cordobés Osvaldo Giordano (un profesional más que excelente) porque su esposa legisladora le votó en contra un artículo de la ley bases. Su argumento fue toda una declaración de principios, o más bien de anti principios: no puede ser funcionario mío alguien que duerme en la misma cama con el enemigo, dijo el León. Patricia, con la defensa de la cuñada de Alconada Mon, le destrozó ese terrible argumento. Y esta vez lo derrotó.

Juezas II

Esta semana Patricia tuvo otra actitud de enfrentamiento ya no sólo contra el gobierno del cual forma parte, sino en general contra la opinión pública más extremista que lo acompaña. Avanzando un pasito más en su intento de construcción de poder propio a partir de la diferenciación del mileismo. Se trata de su defensa de las juezas Marta Pascual y Laura De Marinis que, por razones distintas pero complementarias, impidieron ciertas aplicaciones (muy acotadas, por cierto) de la nueva ley penal juvenil que permite encarcelar desde los 14 años. Acusándolas de garantistas, se intentó hacerles un juicio político a ambas por lo que dictaminaron. Patricia Bullrich se opuso formalmente a ello marcando un nuevo y fuerte contrapunto institucional con el ala dura del Gobierno de Javier Milei y hasta con el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. Si bien la Pato admitió que estaba absolutamente en la vereda de enfrente de los fallos de las magistradas, sostuvo, como concepto, el rechazo al juicio político por el contenido de un fallo. diciendo: “¿Vale hacer un juicio político por una sentencia? Yo creo que no. Yo estoy totalmente en contra de las dos juezas que pararon el régimen penal juvenil. Ahora, yo no les hago un juicio político por eso. ¿Por qué? Porque es su sentencia”. Argumentó que, si un fallo es incorrecto o ideológico, se debe combatir recurriendo a la propia Justicia en las instancias superiores defendiendo la vía técnica sobre el castigo político a los jueces. Un soplo de republicanismo constitucional que no se caracteriza por ser un valor demasiado considerado por este gobierno.

Lali Espósito

En su batalla cultural contra todo lo que considera la izquierda, el wokismo, el comunismo y en general el mal absoluto ideológicamente hablando, Milei transformó en símbolo personalizado de todas esas “perversidades” a la popularísima cantante Lali Espósito, contra la cual hace meses viene librando un contrapunto dialéctico insólitamente absurdo. Patricia Milei, en respuesta, publicó un video donde es filmada en su despacho trabajando mientras escucha la canción "No me importa" de Lali Espósito. Esto fue interpretado unánimemente por la política argentina como un desplante directo a la conducción verticalista impuesta por Karina Milei y el círculo íntimo del presidente. La canción le sirvió a Patricia para explicitar metafóricamente una definición contundente contra todo lo central que le critica a Milei en lo que se refiere a la búsqueda del control absoluto del poder y de la sumisión a su persona de todas las demás personas. Se trató de otra reivindicación plena de su autonomía política y de pensamiento, algo impensable e imperdonable dentro del gobierno nacional.

No voy a vivir con miedo a nacer

Si voy a morir, que sea más tarde

No voy a parar por miedo a correr

Sé que quisieran poder controlarme

Hice todo lo que quería hacer

Soy todo lo que quiero ser de grande

Y aunque nada sea como era ayer

No voy a cambiar por mucho que ladren,,,,

Nunca fui lo que querían de mí, y no me importa

Siempre están los que estuvieron ahí, el resto sobra

Y las cosas que me puedan decir ya no me importan

Ey, oh, acelero y voy, cuando quieran, saben dónde estoy.

* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]

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