Antes que nada, mostremos unos pocos datos demográficos para entender la importancia crucial que la derrota de Brasil les significó a Javier Milei y Donald Trump.
Justo el mismo domingo en que Javier Milei pensaba que sería el hombre más acompañado y triunfal del mundo habiendo derrotado al ladrón comunista de Lula, se quedó solo jugando a los avioncitos con Flavio Bolsonaro, en lo que se parece excesivamente a un sketch de los tres chiflados.
Antes que nada, mostremos unos pocos datos demográficos para entender la importancia crucial que la derrota de Brasil les significó a Javier Milei y Donald Trump.
Dijimos en una nota escrita después de la primera vuelta brasilera (https://www.losandes.com.ar/opinion/los-trumpitos-n6009126) que a fines de 2023, antes que llegara Milei a la presidencia, América del Sur tenía a casi la totalidad de sus países y al 93,4% de su población conducida por gobiernos de izquierda, mientras que tres años después, o sea ahora, si en Brasil hubiera ganado Bolsonaro, más del 98% del continente quedaría en manos de gobiernos de derecha que, supuestamente, Milei le ofrendaría a Trump gracias a su genio político (así lo vendieron los mileistas y así lo compraron los trumpistas). No obstante, con el sorpresivo y para ellos catastrófico triunfo de Lula, América del Sur queda compensada, en cuanto a su población se refiere, prácticamente en dos partes iguales entre trumpistas y anti trumpistas, porque Brasil alberga al 48% de los habitantes de Sudamérica. Con lo que el delegado argentino del emperador del norte se queda sin hegemonía continental. Apenas empata en lo que a relaciones de fuerza se refiere. Mucho menos de lo que él esperaba obtener.
Y en lo que se relaciona particularmente con Trump, los cosas no son mejores que para Milei. Si el bolsonarismo hubiera controlado Brasil, el 74,96% de la población de la totalidad del continente americano (de norte a sur) quedaba bajo gobiernos afines a la derecha trumpista. Pero con las elecciones del domingo, el escenario geopolítico cambia dramáticamente, porque el 57,49% del territorio americano (la mayor parte de la masa continental) se mantiene gobernada por fuerzas fuera de ese eje ideológico y Trump se queda con el 42,51%.
O sea que tanto América del Sur en particular, como América entera en general, que todo hacía suponer pasarían a ser dominios casi exclusivos, la primera del mileismo y la segunda del trumpismo, se mantienen en un equilibrio formidable de fuerzas, casi diríamos fifty-fifty. Y, además, en un contexto político complicadísimo para el emperador norteamericano dentro de su propio país. Nada, absolutamente nada, resultó de acuerdo al plan.
Es que, con esta derrota aplastante, no tanto por los porcentajes, sino simplemente por la derrota en sí misma (daba lo mismo que se perdiera por un punto o por veinte, porque no era imaginable que se perdiera), Milei se transforma en un devaluado operador de Trump en América Latina y Trump se pierde la posibilidad que con Brasil de su lado habría obtenido, de conducir hegemónicamente a casi toda América como soporte central de resistencia contra la avanzada China por el mundo. Algo mucho más difícil de lograr con un continente tan pluralmente equilibrado ideológicamente como el que tenemos luego del domingo.
Lo cierto es que con las elecciones de Brasil cambió todo, mucho más de lo esperado incluso en un mundo donde todo cambia todos los días. Por más que inventen supuestos fraudes para consolar golpistas y progolpistas que ahora se sienten golpeados, el triunfo de Lula fue indiscutible porque su revertida fue espectacular y sin fraude alguno.
Algo muy grueso falló para que una elección prácticamente ganada por la triple alianza Trump-Bolsonaro-Milei se perdiera y se perdiera así. Con este resultado, el escudo antiChina de Trump se debilitó de modo inmenso. Bolsonaro directamente huyó (cuando le fue a preguntar a papá Jair en su prisión domiciliaria, éste le debe haber dicho: "¡rajá, nene!"). Y Milei se quedó sin su América del Sur propia, luego de protagonizar la comedia de enredos que lo tuvo como alfil trumpista de la "Operación escape" u "Operación rescate" de Flavio Bolsonaro (cualquiera de los dos nombres se ajusta, y cualquiera de los dos puede ser el título de una película de aventuras exóticas).
El argumento de la película lo imaginamos más o menos así: Su protagonista principal es un candidato derrotado escapando de una persecución donde no lo persigue nadie, entrando en Argentina con el apoyo de un agente más o menos secreto provisto por Milei según instrucciones de Trump, para que desde aquí partiera a EEUU, país en el cual, apenas bajó del avión, se proclamó "presidente electo de Brasil en el exilio", auto designación que debió dar de baja a la media hora por su ridiculez manifiesta. Sí, estamos hablando de Flavio Bolsonaro, el tipo que invitó a Milei a su acto central para que un presidente extranjero puteara al presidente Lula en su propio país y que en un debate televisivo criticó al mismo Lula por tener un dedo menos. Actitud burdamente racista que Lula, con un millón de años de experiencia y talento político más que Flavio, aprovechó para sumarse varios millones de votos adicionales al explicar que el dedo lo perdió cuando trabajaba como obrero, cosa que el Bolsonaro chico no podía comprender porque jamás había trabajado en su vida. La película, tan estúpida como entretenida, podría finalizar con la siguiente frase previa a la palabra fin: "Bolsonaro que huye, sirve para otro golpe". Y como está basada en hechos reales, basta con esta breve síntesis de su argumento del film para imaginarnos qué tipo de presidente de Brasil hubiera sido Flavio.
Al haber apoyado e intervenido expresamente en las locuras surrealistas de este candidato chiflado, el presidente Milei sigue sumando desastres internacionales: Malvinas I, creyéndose que Trump lo iba a bancar de verdad en su reivindicación de soberanía contra los ingleses. Malvinas II, cuando debió bajar la cabeza frente al reto de los funcionarios yanquis porque -sin darse cuenta- con su ley de soberanía le iba a sacar negocios con los kelpers a empresas norteamericanos. La payasada española donde se sintieron felices con su arribo a la madre patria sus enemigos políticos y se aterraron sin saber dónde esconderse de él sus supuestos aliados políticos.
Es que las consecuencias de inmiscuirse en cosas que lo exceden, a Milei le están resultando carísimas. Lo de Brasil fue una inesperada paliza al haberse entrometido en la elección de otro país como se entrometió, a puro insulto. Lo de España también fue una paliza, gane o pierda Suárez. La gesta a lo Galtieri de Malvinas se desinfló en un par de semanas porque jamás tuvo apoyo norteamericano.
Pero las malas no terminan allí para nuestro hombre. Porque, ni lerdo ni perezoso, luego de la elección brasileña, Trump jugó a la total ambigüedad y mientras le daba asilo a Flavio decía que Lula siempre le cayó simpatiquísimo. Y los trumpitos sudamericanos se desmarcaban de Javier, su supuesto mentor, aceptando en el acto el triunfo de Lula y felicitándolo efusivamente.
Por lo tanto, Milei se quedó solo el mismo domingo a la noche en que esperaba ser el hombre más acompañado y triunfal del mundo. Se quedó solo jugando a los avioncitos con Flavio Bolsonaro, en lo que se parece excesivamente a un sketch de los tres chiflados, donde hasta se incluye un protagonista secundario pero fundamental: Santiaguito Caputo al rescate de Flavio, imitando a "Bond, James Bond", una especie de agente no tan secreto (quiso ser secreto pero lo descubrió un control policial de rutina) de su majestad norteamericana y de su jefe libertario, al que tantas veces soñó proclamar reencarnación de los mejores emperadores romanos (todo lo contrario de lo que se está logrando hasta ahora, que es solo equipararlo con los peores, en particular con Nerón pero en versión moderada, porque éste quiso quemar Roma entera y Milei solo quiere quemar periodistas y diarios).
Para colmo, además de estrellarse estrepitosamente el presidente argentino en estas locuras internacionales, en lo interno, la economía no está funcionando y la política se lo está llevando puesto.
Quizá el libertario tendría que volver un poco más al barrio que tanto menosprecia, porque las alturas mundiales o las macroeconómicas nacionales, no le están resultando.
Algo que, nobleza obliga, hay que reconocer lo intentó esta semana después de la paliza brasileña, “bajando” a Catamarca y Salta para visitar y apoyar emprendimientos productivos, aunque su ministro Luis Caputo, que lo acompañó, se mareó, se apunó, no tanto por las alturas andinas sino porque luego de vivir recorriendo el mundo desde lo más alto y lujoso del mismo, descender a los barros del interior argentino no podía sino producirle una descompensación brutal en su organismo y en su psiquis a este financista y timbero VIP que funge de economista. Hombre habituado a codearse exclusivamente con los líderes globales, cuando se va a recorrer lo profundo de su país, algo a lo que no está acostumbrado, tienen que sacarlo en camilla.
Pero estas anécdotas son pavadas que se pueden arreglar con algunos ajustes internos y ni siquiera deberían impedirle una probable reelección, cosa que Milei puede lograr pensando más en su país y menos en un mundo que le está resultando cada vez más esquivo.
En síntesis, nada de todo lo que hemos narrado en esta nota surgió de la imaginación de un guionista cinematográfico o televisivo o de Netflix, sino de la más pura realidad, si se puede llamar realidad al mundo que estamos viviendo, o cuando menos a los líderes que lo están conduciendo.
* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]