1 de noviembre de 2026 - 00:30

Andanzas de argentinos por el mundo

¿Qué tenemos los argentinos de Milei y de Messi? Es más, ¿hay algo en ellos que nos identifique como colectivo social? Ambos estuvieron en España y muchas páginas de los diarios fueron ocupados para discutir sobre cuánto, cómo y en qué nos representan.

Cuando los argentinos viajamos por el mundo es usual que personas con las que nos cruzamos ocasionalmente nos asimilen con algún otro argentino cuya fama haya trascendido nuestras fronteras.

Pasó con Carlos Gardel y el tango y también con Juan Manuel Fangio hace muchos años. Más acá en el tiempo, Diego Maradona era la contraseña que abría la puerta en cualquier contacto fugaz: “¿Argentina?... Maradona” podía escucharse en los idiomas más disímiles.

Ahora, lo mismo ocurre con Lionel Messi y, en alguna medida, con el presidente Javier Milei, quien ha logrado una visibilidad internacional que otros recientes mandatarios no tuvieron.

Las últimas semanas tuvimos pruebas al respecto. Casi coincidieron en España y las portadas de los medios no sólo no pudieron ignorarlos, sino que las coberturas periodísticas les dedicaron tiempo y tinta.

Milei pasó por Madrid con su habitual desinterés por las formas institucionales. Como en todas las anteriores visitas a ese país evitó cualquier contacto con el gobierno español (aunque intentó reunirse con el rey Felipe VI, quien se excusó de recibirlo) y en sus discursos trató de “impresentable dictador” y “delincuente ladrón” al presidente Pedro Sánchez, a la vez que llamó a “sacar a patadas” al socialismo español.

Messi estuvo en Oviedo, donde recibió el Premio Princesa de Asturias 2026, un galardón que apenas ha recibido un puñado de argentinos (el mendocino Quino, Raúl Alfonsín, Mario Bunge, Les Luthiers y Daniel Barenboim). Él sí estuvo con la familia real en pleno y la princesa Leonor le entregó la distinción en homenaje a su talento y trayectoria deportiva, claro, pero también a sus labores solidarias, su comportamiento, constancia, humildad y compromiso colectivo.

Fue el título principal de toda la prensa especializada, donde se destacó que es el primer deportista en recibirlo a título individual, mientras que los diarios generalistas hicieron foco en aspectos más institucionales, pero la foto de Messi con el diploma y los reyes ilustró las principales portadas de ese sábado 24.

Milei también había ocupado las primeras planas, pero del jueves 22. El aspaventoso abrazo con la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, graficó títulos que apuntaban a la irrupción del presidente argentino en la campaña para las elecciones españolas del 29 de noviembre.

Las reacciones, no obstante, fueron menos amables. El más enfático fue un editorial de El País donde calificó de “soez” el discurso y describió como un “charlatán sin autocontrol” a Milei. “Así es como se expresa ahora la Argentina ante el mundo, para bochorno de buena parte de sus compatriotas”, describe el diario de Madrid ligado al centro izquierda.

Entonces, ¿qué tenemos los argentinos de Milei y de Messi? Es más, ¿hay algo en ellos que nos identifique como colectivo social?

Una encuesta nacional realizada por la consultora Delfos en noviembre del 2025 buscó indagar en la percepción que tenemos de nosotros mismos. La consulta fue simple: ¿Qué palabra nos define hoy? y las respuestas dieron como resultado un retrato cautivante.

Las palabras “buena gente”, “boludos” y “luchadores” ocuparon el podio con entre 12 y 8% de las menciones, seguidas por “ventajeros”, “difíciles”, “Ignorantes”, “antikirchneristas”, “pacientes” y “solidarios”, con entre 4 y 2%.

Un dato relevante al respecto es que, a mayor nivel educativo y edad, mayor es la tendencia a autodefinirse desde la frustración y la desconfianza, predominando las palabras negativas. En los sectores con menor educación y los más jóvenes, en cambio, dominan las palabras positivas y una autopercepción de esfuerzo y voluntad.

“Revela un país que se piensa noble, pero cansado; solidario, pero sin recompensa; moral, pero con la sensación de que siempre paga los platos rotos” concluye un analista de la muestra.

Ernesto Sábato había advertido tiempo atrás sobre las dificultades para definir algo así como el “ser” argentino. “La Argentina no es una esencia inmutable, sino que, como todo país, va cambiando a lo largo del tiempo. Además, hay diferencias evidentes entre el porteño y el provinciano, y entre los habitantes de las distintas provincias: ¿De cuál Argentina, pues, deberíamos hablar? ¿No sería injusto atribuir los mismos defectos a un porteño y a un riojano?”, señala.

Volviendo a los personajes a los que alude esta columna podríamos admitir que, quizás, esa disrupción, ese desacato a las formalidades, ese tono exaltado y pasional de Milei no nos sean tan ajenos como sociedad. Al fin y al cabo, llegó a la presidencia de la Nación por el voto de una mayoría de los argentinos, especialmente de los más jóvenes.

Ahora, ¿hay algo en el estilo de vida familiar sin estridencias, en el don de gentes que Messi deja traslucir que hable de nuestras propias familias y vidas? Porque hay que reconocer que a la Pulga le costó entrar en el corazón de los argentinos. Acaso, ¿serán sólo el éxito en un deporte que es parte de la cultura nacional o sus millones de dólares lo que nos seduce de él? Preguntas incómodas.

Los espejos, en ocasiones, nos devuelven imágenes que nuestra mirada no registra. Tendemos a ver los aspectos más amables, pero lo que importa es la imagen completa.

Tal vez debamos descubrir hasta qué punto el lenguaje vulgar se ha apropiado de nuestra forma de comunicarnos, cuánto somos capaces de respetar opiniones disonantes con la nuestra, qué compromiso y responsabilidad ponemos en el trabajo, el estudio, en los vínculos personales.

A esta altura pueden sonar a valores contraculturales. Pero, quizás, al hacerlo con sinceridad y sin excusas descubramos cuáles son esos argentinos por los cuales nos enorgullecería que el mundo nos reconociera.

* El autor es periodista. [email protected]

LAS MAS LEIDAS