1 de noviembre de 2026 - 00:25

Ventajas y límites del petrismo

Quienes escrutan en el ánimo de los mendocinos sostienen que el ahora libertario Luis Petri puede encarnar una opción de cambio “menos disruptiva” que la que podría ofrecer, por ejemplo, el peronismo o la izquierda.

Periodista y profesor universitario

A medida que avanza el calendario y se acercan las definiciones, la política empieza a sacar conclusiones. La presencia contínua de Luis Petri en la consideración mayoritaria de los encuestadores locales y nacionales se convierte en un indicador sostenido al que todos le prestan atención tanto para ratificar como para corregir sus propias estrategias.

Al margen de los movimientos que sólo la política registra, pero no así el ciudadano medio, diversos analistas consultados entienden que el diputado nacional tiene un lugar de privilegio en la opinión pública, que sin embargo supone también algún riesgo; ya que además todavía es demasiado prematuro para sacar conclusiones definitivas.

Si cualquiera de los actores involucrados en la pelea, tanto en el oficialismo como por el impacto que podría tener también en la oposición, tomase una decisión con esta foto de inicio de noviembre posiblemente se equivoque.

En el podio (pero condicionado)

Diversos especialistas coinciden que el sanmartiniano lidera hoy la intención de voto a gobernador para 2027, aunque alguno de ellos aclara que eso es así si se mide de “manera individual”, ya que si se pregunta en el contexto de -por ejemplo- un armado provincial, con referentes departamentales como pueden ser los intendentes (grandes factores de tracción de votos), su presencia disminuye en comparación a un candidato (aún indeterminado) del oficialismo (cornejista, como Tadeo García Zalazar o Natalio Mema; o radical clásico, como Ulpiano Suárez). Aun así, Petri prevalece, aunque más acotado.

Sobre sus fortalezas también hay consenso. Tiene un nivel de instalación en el electorado que sus competidores no tienen, o lo tienen en menor medida. Pero no es la única, el gran público lo asocia en general tanto a Javier Milei como a Alfredo Cornejo y en especial al acuerdo de Cambia Mendoza (CM) y La Libertad Avanza (LLA) como una figura de ese espacio y parte del equipo actual de gobierno tanto en la provincia como en la Nación.

De esa consideración se desprende que Petri puede incluso centrar su narrativa y adecuarla a la circunstancia que el momento reclame tanto como “continuidad”, o incluso “evolución”, si la demanda de cambio se hiciera más palpable.

Quienes escrutan continuamente en el ánimo de los mendocinos sostienen que incluso el ahora libertario puede encarnar una opción de cambio “menos disruptiva” que la que podría ofrecer, por ejemplo, el peronismo o la izquierda. Desde ese lugar, se transforma además en una alternativa no sólo acorde al paladar local, sino también en línea con sus expresiones en las urnas de las últimas elecciones.

Soy lo que (no) soy

Por su parte, también hay quienes consideran que la figura de Petri se ha construido “más por lo que no es, que por lo que es”. Esa identificación por la negativa supone asociar su nombre a que “no es cornejista”, pero “tampoco es peronista”, lo que en Mendoza también supone un diferencial favorable a sus aspiraciones.

Petri también “no tiene”, dice otro agudo observador, “que estar lidiando con la dinámica local” en el contexto de un gobierno como el provincial que exhibe gestos de desgaste en algunos de sus funcionarios históricos (como fueron las salidas recientes de Marcelo D’Agostino o Humberto Mingorance en medio de denuncias) o polémicas insólitas como la de ministra Jimena Latorre y su maestría internacional financiada por un fideicomiso que depende de ella misma. Un intenso ruido que seguramente se irá incrementando de ahora en más y que termina friccionando sobre CM, aunque a Petri eso no le impacte de lleno pues su diferenciación con Cornejo es de antes de 2023.

En términos generales, los mendocinos no sólo lo conocen (“no es tan desconocido") sino que “saben dónde está parado”, una virtud de la que no todos los políticos pueden ufanarse. Pero que hasta hoy no puede configurarse como “una narrativa, una palabra, un sentido que lo defina”, lo que sin embargo le alcanza para ser representativo “como la antítesis de lo que hoy existe” ya sea tanto por dentro como por fuera del oficialismo.

Los exégetas electorales entienden que Petri (y en esto también hay coincidencia) ofrece la imagen preciada de la política: esperanza y que tiene la “posibilidad de encarnar un horizonte mejor, pero sin dar un salto al vacío” como el que ofrece la oposición. Una voluntad que encaja con una demanda social que “no es de cambio de modelo, sino de continuidad dentro de lo conocido”. Una característica que también favorece a Suárez y a García Zalazar (si esa continuidad implica también una nueva impronta personal).

Respecto de los riesgos, los analistas siguen remarcando su vínculo con la Casa Rosada. “Si Milei cae, lo afecta”, y es cierto que incluso en Mendoza, la imagen presidencial sufre desgranamientos que, en virtud de las dificultades económicas, la caída de la actividad y su impacto en el poder adquisitivo o los niveles de empleo puede terminar limando sus chances.

Otro factor de alerta estará dado para más adelante cuando la dinámica de campaña reclame precisiones sobre los problemas que obliguen a Petri a salir del sitial, ahora cómodo que lo tiene expectante, pero sin responsabilidades. La incertidumbre generalizada que tanto en términos políticos como económicos pueda deparar el 2027 deja abierta la puerta a conflictos e inconvenientes que hoy puede esquivar o callar, pero que en la disputa lo obligarán a definir posiciones.

Pese a ser un nombre propio, también hay coincidencia que a Petri le “queda mucho por construir” todavía, casi como advirtiendo que su declamada vocación “tiene que tomar más volumen” para lo que aún tiene tiempo, pero, así como “puede crecer, también puede caer”.

* El autor es periodista y profesor universitario.

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