Luego de los recurrentes gestos de sintonía que Alfredo Cornejo concretó hacia el Gobierno nacional esta semana en la Argentina Oil and Gas (AOG) Patagonia 2026 de Neuquén, los mismos guiños explícitos que tuvo recientemente en la Argentina Week de París, toda la política está en vilo a la espera de definiciones capaces de cambiar significativamente el escenario local.
No es nuevo que el gobernador insista en remarcar su acompañamiento, pero también al considerar que ese vínculo debe fructificar en acuerdos con la mayor cantidad de distritos para asegurar el triunfo nacional del oficialismo en 2027; pero principalmente, la ratificación del rumbo económico. Una dimensión no menor ante las dificultades que exhibe la recuperación económica, con señales de estancamiento y al límite de la recesión técnica, que se expresa en caída de consumo producto de la pérdida de poder adquisitivo, incremento de la morosidad familiar, y, por ende, una promesa de estabilización todavía lejos de concretarse, con el riesgo político que ello implica.
Entre la obstinación y el dogmatismo, la Casa Rosada dilata cualquier posibilidad de un acuerdo mayor con quienes durante este tiempo han funcionado como aliados por el temor de que los gobernadores les arranquen -a cambio de su apoyo- algo más de lo que podrían ceder en una negociación sin urgencias.
Pero lo cierto es que la política es un tango que se baila de a dos, y paciencia infinita de por medio (pero también promesas incumplidas y algún desengaño) obligan a Cornejo y sus colegas a esperar el mejor momento para sus objetivos, pero principalmente para sentarse seriamente a negociar.
Y si bien sólo hay charlas esporádicas, sí se advierte desde los libertarios la urgencia de respaldo para una iniciativa que Javier Milei entiende crucial para su reelección: la eliminación (o en su defecto la suspensión) de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). En esa dirección avanza el jefe de Gabinete, Diego Santilli, aunque todavía sin mayor éxito, o al menos sin el suficiente peso como para llevar la iniciativa al debate legislativo.
Mendoza y su complejidad
La Libertad Avanza (LLA) no puede desarmar por sí sola esa herramienta ordenadora del sistema político, y en particular de un peronismo atravesado por una fuerte interna por la imposibilidad electoral de Cristina Kirchner tras su condena por corrupción. Necesita de los aliados, pero estos a su vez, requieren recursos, obras y particularmente asegurar el año próximo sus propios territorios, lo que significa -en muchos casos- la reelección de los actuales gobernadores. Para ello, evitar que candidatos libertarios compitan en las provincias bajo el paraguas y la tracción que ofrece Milei.
En síntesis, el Gobierno quiere borrar las PASO y los gobernadores quieren garantías de su continuidad en el poder provincial. El dilema es quién saca a bailar a quién.
En el caso de Mendoza, Cornejo no tiene reelección, aunque sí quiere imponer a su sucesor, y eso choca con la aspiración de Luis Petri quien pese a no tener el respaldo pleno de los mileístas locales, sí tiene la simpatía presidencial, lo que en un esquema tan personalista como el libertario es mucho decir.
El gobernador pretende que desde Buenos Aires se le baje el pulgar a Petri, o que en su defecto no pueda participar del acuerdo ya existente entre Cambia Mendoza (CM) y LLA. Una posibilidad que hoy aparece como poco efectiva si se considera que el sanmartiniano ha dado suficientes indicios de que competirá en cualquier circunstancia, lo que debería obligar al gobernador a cambiar su estrategia de obstrucción ya que probablemente no cumpla ese objetivo.
Nada garantiza que, si desde la Nación se le indica y los libertarios mendocinos acatan la orden de no competir con candidato propio en la provincia, Petri desconozca y desafíe los límites, aunque con las restricciones que esa falta de apoyo suponga. Aun así, dicen los petristas y se basan en estudios propios, se impondría tanto en una PASO como en la general.
Y si bien Cornejo aún tiene la posibilidad de desdoblar o hasta hacer suspender también aquí las PASO (aunque haya afirmado lo contrario), su debilidad radica en que son sus propios candidatos los que no terminan de fortalecerse ante la opinión pública. La dispersión no ayuda ni a Ulpiano Suárez, ni a Tadeo García Zalazar ni mucho menos a Natalio Mema a consolidar todavía un rival competitivo para Petri.
¿PASO de largo?
En ese esquema, nada asegura hoy que Cornejo vaya por convicción hacia un acuerdo reeleccionista para Milei y que aun así Petri decida enfrentar a quien el gobernador defina como su delfín. Mucho menos que la adecuación electoral local (con o sin PASO, unificada o desdoblada) tampoco sea suficiente. El solo pensar un escenario de estas características altera gravemente los nervios en el Cuarto Piso. ¿Forzará el gobernador una confrontación aún a riesgo de perder? ¿Explorará alguna salida alternativa vía negociación?
Si se agotaran los plazos previstos para el plan canje “PASO por zona liberada en las provincias” (debería tratarse antes de fin de año para evitar incluirlo en las sesiones extraordinarias) y esa dilación se solape con el deadline autoimpuesto por el gobernador para resolver la interna y nominar un candidato único radical en diciembre, el cornejismo deberá replantearse seriamente su estrategia.
Por delante, un desafío mayúsculo en términos de articulación política: cerrar un acuerdo ahora y atenerse a las consecuencias, o dilatar y que las especulaciones también se diluyan. Un escenario imprevisible en el que no puede asegurarse qué sucederá primero, ni si respondida esa pregunta, el resultado supondrá un alivio o una nueva preocupación.
* El autor es periodista y profesor universitario.