1 de noviembre de 2026 - 00:10

Los autócratas que se esconden tras la palabra Libertad

Hoy el sueño de los autócratas como los Putin, los Orban y cuantos personajes horribles pululan en los liderazgos de numerosos territorios, es que se deteriore definitivamente la democracia en los Estados Unidos, como intenta hacer desde que ingresó a la política norteamericana el señor Trump.

Presidente de la Academia Argentina de la Historia

El martes 3 de noviembre en los Estados Unidos se votará para renovar la totalidad de la cámara de representantes, un tercio del senado y algunas gobernaciones.

Hace tiempo que una elección en los Estados Unidos no era de tanta importancia global. Es que esa república, concebida por sus padres fundadores en la libertad y "consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales” como expresara Lincoln en un memorable discurso de solo 272 palabras, en estos comicios pone en juego la permanencia del gobierno “del pueblo. por el pueblo y para el pueblo”, esa frase trascendente con la que concluyera Lincoln el discurso de Gettysburg en el cementerio donde estaban enterrados los soldados que combatieron fieramente entre el primero al tres de julio de 1863 en esa localidad del estado de Pennsylvania.

En los años de la guerra civil americana personajes como Napoleón III además de promover la monarquía en México, apoyaban a los confederados sureños pues temía, con razón, que un triunfo de Lincoln en ese conflicto fortalecería las ideas democráticas y que se impondrían en Europa.

Hoy el sueño de los autócratas como los Putin, los Orban y cuantos personajes horribles pululan en los liderazgos de numerosos territorios, es que se deteriore definitivamente la democracia en los Estados Unidos, como intenta hacer desde que ingresó a la política norteamericana el señor Trump.

Hace pocos días. Robert Rubin, secretario del Tesoro de Bill Clinton, advertía en una nota que publicó en Buenos Aires el diario La Nación: “Muchos estadounidenses siguen subestimando una amenaza potencial específica para nuestro futuro económico, el deseo claramente expresado del presidente Trump de interferir en las elecciones de mitad de mandato... El estado de derecho, sustentado en una tradición de elecciones libres y de transferencia pacífica del poder, respalda las decisiones empresariales y atrae en inversiones de compañías extranjeras”. Robert Rubin, que en su gestión logró fuertes superávits fiscales, expresó que en sesenta años dedicado a políticas económicas, nunca pensó que algún día tendría que escribir una nota preocupado por el futuro de la democracia en los Estados Unidos.

En nuestra región en cambio la inestabilidad, el golpismo, el incumplimiento de las reglas, han sido parte de una historia que perjudicó el desarrollo productivo desperdiciando el potencial de los recursos que la naturaleza brindó y las oportunidades que el mundo ofreció. En los ochenta parecía que se iniciaba un cambio que ahora está, otra vez, en crisis, como lo vemos con el intento en Brasil del ex presidente Bolsonaro de no entregar el poder hace cuatro años, o la actitud de su hijo de no reconocer la derrota electoral en las elecciones del 25 de octubre.

Llegó a esta parte del mundo el atropello de Trump cuando perdió la reelección y alentó a un grupo de forajidos a asaltar el Capitolio a los que indultó cuando regresó al poder. Los ataques a la libertad de prensa son una constante en su gobierno, con el maltrato, la difamación, el ocultamiento de información, amenazas financieras. Justo en el país de la segunda enmienda, recogida en nuestra Constitución, que prohíbe al Congreso legislar sobre la libertad de prensa pues es un derecho que el pueblo se reserva para sí. Aquí tenemos un imitador que usa y degrada la investidura presidencial para pasearse por el mundo, financiado por los contribuyentes, para promover a cuanto neo fascista se presenta a elecciones, condicionando los intereses nacionales a sus actitudes de guarango con su lenguaje soez y prostibulario, llegando como un nuevo Torquemada a pedir la hoguera para los que denuncian atropellos o negocios sospechosos que solo una justicia sumisa puede sobreseer.

Patético el papel de algunos que fueron republicanos en gobiernos anteriores pero que ahora miran para otro lado cuando se amenaza la libertad en un intercambio de sumisión por cargos, bancas, canonjías.

En su discurso de despedida de la presidencia el 11 de enero de 1989, Ronald Reegan tomando una frase de John Winthrop, uno de los peregrinos puritanos llegados a América en 163, describía su visión de su país como una ciudad alta y orgullosa construida sobre rocas más fuertes que los océanos… un lugar rebosante de personas de todo tipo que vivían en armonía y en paz. Explicaba qué si la ciudad tenía murallas, éstas contaban con puertas abiertas para cualquiera que tuviera la voluntad y el deseo de llegar hasta allí. La veía como un refugio e imán para los inmigrantes y los amantes de la libertad en todo el mundo…palabras desechadas por quien hoy gobierna Estados Unidos.

Hace ochenta años, al exiliarse de la Alemania nazi, Thomas Mann advirtió sobre los riesgos a futuro en los Estados Unidos: “El gran peligro que amenaza a América es el fascismo, sí, un fascismo disfrazado de americanismo”. No se refería a que volverían como camisas negras o pardas sino disfrazados de demócratas. Planteaba que, apropiándose del lenguaje, las corrientes de extrema derecha futuras no se presentarían en forma explícita como opresoras. Por el contrario, usurparían la palabra " Libertad” para legitimarse.

* El autor es presidente de la Academia Nacional de la Historia.

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