"Mal de muchos, consuelo de tontos", un viejo dicho que puede aplicarse a la realidad de estos días no solo en el país sino también en el mundo, incluso en países poderosos. Tenemos un gran problema cuando un líder político que no tiene conocimientos de ciertos temas impone, por ser el jefe, su voluntad a los que saben.
Sucedió en los Estados Unidos en la presidencia de George Bush hijo, cuando decidió invadir Irak a pesar de que el Pentágono y el Departamento de Estado, como su titular, el experimentado Colin Powell, no estaban de acuerdo.
Sucedió lo mismo con el ataque a Irán. Los que saben, el Pentágono, la CIA, el Departamento de Estado, no estaban de acuerdo. Tampoco estuvieron de acuerdo cuando en su primer mandato Trump desconoció el tratado obtenido por el presidente Obama por el cual Irán entregaba el uranio enriquecido y aceptaba controles internacionales para verificar que no volviera a hacerlo con fines bélicos.
En nuestro país sucede hace tiempo este problema. En lo personal el que escribe recuerda la preocupación del coronel Luis González Balcarce cuando el gobierno nacional decidió que una fuerza militar desembarcara en las islas Malvinas; este oficial retirado como funcionario de la cancillería tuvo protagonismo durante muchos años en los programas de vinculación con los habitantes de las Islas: maestras argentinas que enseñaban español, vuelos, asistencia sanitaria, pista de aterrizaje, combustible de YPF, becas para estudiar en el continente, etc. Siendo en la cancillería la persona con mayor conocimiento de la población isleña, no fue consultado por nadie. El mismo 3 de abril, al día de la toma de Malvinas por el gobierno militar argentino, le dijo a varias personas que la solución al reclamo de soberanía, que entonces estaba cercana, se postergaría por un largo tiempo como secuela de la decisión adoptada.
El uso faccioso de estos problemas y conflictos no contribuyen a solucionarlos. El desconocimiento, la ignorancia, hacen mucho daño como también las torpezas, la búsqueda de un título efectista, la popularidad efímera. Ese uso faccioso impidió la explotación conjunta de los recursos pesqueros y de hidrocarburos. Con el todo o nada, nos vamos quedando sin nada.
El gobierno nacional preocupado por cifras que en la economía de las personas pesan, como la persistente inflación, el deterioro de los ingresos, la pérdida de empleos formales desplazados por otros de menores ingresos y sin cobertura social, vio en la cuestión Malvinas una oportunidad para distraer a la opinión con un tema sensible a los argentinos y sin comprender, como hace cuarenta y cuatro años, a las relaciones entre los Estados Unidos y el Reino Unido.
Como en 1982 cuando comentarios amables de funcionarios de segunda línea de la administración estadounidense hicieron creer al gobierno argentino de entonces que había respaldo de los Estados Unidos para la operación en Malvinas, olvidando las relaciones especiales que vinculan históricamente a los Estados Unidos con el Reino Unido. También ciertas alusiones del señor Trump no fueron evaluadas con realismo y sin comprender que formaban parte del “toma y daca” que le gusta practicar al actual presidente estadounidense en su relación con los países aliados y en la búsqueda de apoyos en la frustrada aventura iraní que tanto ha dañado la economía mundial y puesto en riesgo su capital político interno en las elecciones legislativas del martes tres de noviembre.
Planteamos un tema de descolonización, pero en la ONU votamos contra la condena al colonialismo. Se anuncian sanciones a las empresas que inviertan en la explotación petrolera en Malvinas, pero la secretaría de Estado norteamericana hace llegar un mensaje para que no avancen porque empresas de capital estadounidense están interesadas en participar en las perforaciones en el mar lindero a las islas.
Otro ejemplo de falta de profesionalismo lo hemos observado en relación a declaraciones sobre el Estrecho de Magallanes por parte de funcionarios de este gobierno, que provocaron reacciones en Chile, coincidentes con el decreto 457/ 21 que estableció que el Estrecho de Magallanes y el Mar de Drake eran espacios estratégicos donde resultaba fundamental fortalecer la “exploración, estudio y control conjunto entre Argentina y Chile”. Un disparate que muestra la liviandad con que se trabaja en la cancillería y la secretaria legal y técnica. Porque el Estrecho de Magallanes desde el tratado de 1881 que fijó los límites entre ambos países con la cordillera de los Andes como frontera el Estrecho es de la República de Chile, aunque abierto a la navegación de todos los países del mundo sin restricción.
En algunas partes del mundo el problema es la imposición del capricho del gobernante sobre el conocimiento acumulado por los organismos del Estado. En nuestro país el problema es más complejo, a los caprichos de gobernantes con poca formación como los que votamos en los últimos años se le suma el deterioro de esos organismos que deben ser el respaldo conceptual de las decisiones de los gobernantes.
* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.