En 1927 por ley del Congreso se eleva la categoría de nuestra delegación en Londres al rango de embajada, correspondida por el Reino Unido con similar decisión. Esto se celebra por parte del embajador Evaristo Uriburu Tezanos Pintos en una comida que cuenta entre los asistentes al príncipe de Gales, el titular del Foreing Office, a Winston Chrurchill entre otras personalidades políticas, empresarias, académicas. No era un agasajo a un canciller o a un presidente, sino al embajador de la Argentina.
Claro contraste con la patética escena del presidente Milei y su canciller Pablo Quirno recibidos por el secretario de Estado Marco Rubio, en el pasillo del hotel donde se aloja en Nueva York. Similar destrato vemos en la foto del “escudo de las Américas” con la asistencia de Donald Trump en que ni siquiera obtuvo un apretón de manos. ¡Es que los que actúan como empleados reciben trato de empleados! O para decirlo más preciso los que actúan de sicofantes.
El discurso que leyó en la ONU supone cierta preparación. Los que intervinieron parece que quisieron hundir las posibilidades del embajador Rafael Grossi de ser elegido secretario general de ese organismo internacional con sus ataques a la organización. Como si esto no bastara, mostró una ignorancia supina al decir que las Naciones Unidas no hicieron nada para solucionar el conflicto con las Islas Malvinas.
La Argentina ha podido reclamar internacionalmente sus derechos de soberanía gracias a la resolución 2065 de diciembre de 1965, éxito diplomático del canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz en la presidencia de Arturo Illia, siendo embajador en la ONU José María Ruda que reconoce la disputa de soberanía, que es un caso de colonialismo que debe concluir y insta a negociar a las partes teniendo en cuenta “los intereses de sus habitantes”, no de sus deseos.
En 1982, después de la guerra en la que fuimos derrotados el Reino Unido planteó en la Naciones Unidas que dado el resultado de la guerra la disputa había concluido pretendiendo sacar el tema del Comité de Descolonización y que las Naciones Unidas reconociera el derecho a la autodeterminación de los isleños. EL canciller Aguirre Lanari, hombre de la política como Zavala Ortiz, logró que por amplia mayoría la Asamblea General rechaza la solicitud británica.
Viva la Libertad Carajo
Día a día el presidente Milei muestra que su grito es simplemente un slogan y se adscribe a las corrientes populistas que reniegan de la democracia liberal. Ante el escándalo, uno más, del impresentable que gobierna Formosa desde hace 31 años superando a Felipe Ibarra, el caudillo santiagueño que en 30 años no fundó una sola escuela dejando al final de su gobierno 96% de analfabetos, en el que un juez sumiso impuso arresto a cuatro periodistas del diario La Nación por entrevistar para su sección Hambre de Futuro, a pobladores sumidos en la pobreza extrema, el presidente Milei se ha solidarizado con Gildo Insfran, lo más parecido a esos personajes que cada tanto ridiculiza Hollywood cuando usa países imaginarios de Centro América como argumento de sus films.
Claro que tiene Milei un problema con la prensa. Lo vimos también en Nueva York con el mal momento que pasó con un periodista de Blumberg y en una reunión de empresarios de nivel en el que su sarta de agravios e insultos solo sirvió para aumentar el riesgo país. La entrevista en Nueva York confirma la negativa a presentarse en conferencias de prensa o con periodistas independientes en la prensa escrita o en la televisión.
Es preocupante la claudicación de muchos que hacían gala de republicanismo cuando gobernaba la otra variante del populismo. Es un silencio que aturde y los muestra desesperados por mantener cargos abdicando de principios y valores esenciales que hacen a la convivencia civilizada. En ese sentido resalta como una voz distinta y coherente en el oficialismo la senadora Patrica Bullrich, tanto cuando no se prestó a la protección de ese pobre tipejo que hacía de jefe de gabinete, como ahora cuando se diferencia y denuncia a los atropellos a la libertad del caudillejo formoseño.
También pasó por Nueva York el gobernador de Buenos Aires quien pintó un panorama desolador de la Argentina, contribuyendo también a la suba del riesgo país. Parece que no entienden que en esos ámbitos saben lo que pasa y lo que les importa es si cumpliremos con los contratos o seguiremos siendo incumplidores seriales. Porque más allá de Milei y de Kicillof, que les habló en un buen inglés, nuestro país tiene que tomar ejemplo de algunos vecinos como Brasil, Chile y Uruguay donde se alternan derechas e izquierdas, pero nadie hace tonterías que afecten las corrientes inversoras.
Jugando a la polarización se puede tal vez ganar una elección, pero no gana el país.
* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.