13 de septiembre de 2026 - 00:10

Malvinas y las oportunidades perdidas

El autor nos recuerda varias de las posibilidades que tuvo la Argentina de negociar con Inglaterra los más variados acuerdos para avanzar -aunque fuera parcialmente- en nuestros reclamos y derechos sobre las Islas. Y de cómo las desaprovechamos todas, básicamente por un desconocimiento de casi todos los gobiernos argentinos acerca de la realidad internacional.

Presidente de la Academia Argentina de la Historia

A partir del discurso del presidente de la Nación el jueves 3 de setiembre se iniciaron los comentarios, pues hasta ese día el gobierno mostraba indiferencia por el conflicto por las Malvinas. Incluso una diputada oficialista puso en duda los derechos argentinos y Milei tuvo una de las gafes a que nos tiene acostumbrados, pero riesgosa, porque podía entenderse que aceptaba la autodeterminación de los habitantes. Las palabras deben ser cuidadas.

Se han cometido muchos errores porque Malvinas no escapó a los discursos para la tribuna y a las propuestas delirantes, por no entender -como no se entendió entonces, cuando iniciamos la guerra- las realidades internacionales.

En diarios económicos del exterior como The Economist y Wall Street journal, comentan que las dificultades en la economía real y la baja de la popularidad del gobierno y del propio Milei motivaron el giro en el discurso presidencial que retoma iniciativas del gobierno anterior suspendidas al iniciarse la motosierra, como es el caso de la base de Ushuaia.

El tema de las Malvinas estaría resuelto hace tiempo si el gobierno argentino se hubiera abstenido de ejecutar la operación de desembarco el 2 de abril de 1982. En mayo de 1974, el gobierno de Harold Wilson le hizo llegar al entonces presidente Perón una propuesta de reconocimiento de la soberanía argentina con un acuerdo de arrendamiento por un plazo largo. La muerte del general Perón canceló la propuesta. En 1977, en una visita a Londres del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, desde el gobierno del laborista James Callaghan se recibió el mensaje que el Reino Unido quería negociar la trasferencia de soberanía con un arrendamiento (la solución Hong Kong). Cuando llegó al país se le contestó que esa no era su área de trabajo. En 1979, durante el gobierno de Margaret Thatcher, en otro viaje a Londres se le reiteró el ofrecimiento que tuvo la misma respuesta cuando informó sobre la reunión. El 1 de marzo de 1982 el vicecanciller Ross es contactado en la ONU por el embajador británico que le trasmite la voluntad de su gobierno de integrar una comisión para acordar el traspaso de soberanía. Fue llamado a Buenos Aires y se le impuso silencio.

El 1 de abril de 1982, el presidente Ronald Reagan intentó comunicarse con el general Galtieri para disuadirlo de invadir, con el compromiso de mediar para resolver el conflicto. No le atendieron la llamada hasta que las comunicaciones con la flota, que navegaba hacia las islas, se cortaran, diciéndole a Reagan que ya era imposible suspender la operación.

Ese día, el secretario de Estado, Alexander Haig, le advirtió al embajador argentino en los Estados Unidos, Esteban Takacs, que en caso de guerra, los Estados Unidos apoyarían a Gran Bretaña y le pidió que hiciera llegar el mensaje al gobierno argentino.

Ejecutado el desembarco, el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 502 que exigía la cesación de las hostilidades, la retirada inmediata de todas las fuerzas argentinas de las islas Malvinas y exhortaba a la Argentina y el Reino Unido a procurar una solución diplomática respetando la Carta de la ONU. Hubo diez votos a favor, cuatro abstenciones y solo un voto, el de Panamá, negativo.

La Junta militar desaprovechó la posibilidad de un acuerdo al no aceptar la propuesta de Haig el 30 de abril con las tres banderas ni la de Belaúnde Terry, reiterada por Pérez de Cuellar, secretario general de la ONU y el respaldo de los Estados Unidos el 17 de mayo.

Obtiene un éxito diplomático en noviembre de ese año con el canciller Aguirre Lanari, que logró que la Asamblea general de las Naciones Unidas rechazara la petición inglesa de dar por concluida la cuestión Malvinas, debido a su triunfo militar. La Asamblea aprobó la resolución 37/9 que dice que la guerra no modificó la disputa y pide a ambos países que “reanuden las negociaciones a fin de encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía”. La resolución advirtió qué pese a que fue derrotada en la guerra, sus títulos y derechos sobre el archipiélago no fueron perjudicados. El rechazo a la pretensión inglesa obtuvo 90 votos, 12 a favor de Inglaterra y 52 abstenciones. Los Estados Unidos votaron con la Argentina. Hay un equívoco con la postura de los Estados Unidos, que se reitera ahora, cuando dicen que ese país cambió la posición. Los Estados Unidos siempre fueron neutrales en la cuestión de soberanía, sólo apoyaron a Gran Bretaña cuando estalló la guerra, como nos advirtieran el 1 de abril.

Volviendo al presente, simultáneamente al discurso presidencial de Milei, el gobierno de Chile avaló el acuerdo para que el consorcio anglo israelí que explota el yacimiento petrolero en Malvinas se abastezca en Punta Arenas, a horas de la visita del presidente argentino al presidente trasandino. Tampoco sus visitas a Israel le han servido para evitar esta inversión.

Cabe recordar que el canciller Di Tella había obtenido de Londres un acuerdo para la explotación compartida de estos recursos sin que ello afectara los derechos de soberanía, acuerdo cancelado por el gobierno de Kirchner, otro desconocedor de las realidades del mundo.

* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.

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