Se conoció la declaración jurada del ministro de Economía mostrando que la casi totalidad de sus activos están invertidos en el exterior. No es el único caso y otros los tienen, pero a diferencia del ministro están ocultos. El problema es que el ministro de Economía insiste en que los argentinos invierten sus dólares en el exterior y promueve en el mundo que inversores internacionales traigan sus dólares al país, pero no es una buena señal que no ahorre e invierta en nuestro país.
En la década del ochenta un amigo del que esto escribe proyectó encarar un proyecto inmobiliario y buscó financiamiento en Nueva York. La respuesta de su interlocutor, persona con quien había tenido vínculos laborales, fue clara: “Si los argentinos traen su dinero a Estados Unidos, ¿por qué yo tengo que invertir en tu país?”'. Hoy podría decir: “Si tu ministro de Economía invierte aquí, ¿por qué yo tengo que hacerlo en la Argentina?". Se trata de ejemplaridad.
Estas noticias molestan al presidente, por eso cada día está más violento y cruzando los límites de la convivencia civilizada. A los ataques diarios se suma el incidente en la Sala de Prensa de la Casa Rosada donde los periodistas acreditados encontraron el lunes pasado sus cajones abiertos y revueltos, un incidente que se suma al retiro de comodidades y a prohibiciones de circular por las galerías del palacio presidencial.
El ministro de Economía puso su cuota de ataque a la libertad de prensa proponiendo que se dicte una ley para que los jueces castiguen la publicación de noticias falsas. El ministro Caputo mostró que juró cumplir una Constitución cuyo texto no leyó porque la Constitución expresamente prohíbe legislar sobre la libertad de prensa (artículo 32).
Si el ministro quiere enjuiciar a los que dicen falsedades debería empezar por el titular del poder ejecutivo nacional que en su defensa de la marcha de la economía hace afirmaciones que no coinciden con las cifras oficiales, tanto en reservas, superávit, desocupación, pobreza, morosidad.
El episodio con el presidente hablando con un faccionalismo impropio en el Colegio ORT a un grupo de alumnos secundarios es otro límite que ha cruzado y que lo muestra sin dudas en versión populista. También es otra señal de la doble vara de algunos sectores que reaccionaban como corresponde cuando la otra versión populista gobernaba. El que escribe cursó algunos años de la escuela primaria entre 1952 a 1955 quedando grabado en su recuerdo que incluso en la primaria el gobierno peronista de entonces pretendía imponer su discurso en forma obligatoria. Lo que estaba mal con el peronismo y el kirchnerismo, está mal con los que gobiernan ahora y lo más grave es que distorsionan palabras y conceptos porque lo hacen invocando la libertad.
El presidente ocupa su tiempo en jugar a ser profeta y escribir sobre teoría económica, encerrado con su jauría en Olivos. Es toda una anomalía, se vota a un gobernante, pero el elegido para ocuparse de los problemas del país delega la gestión en su hermana mientras él pasa horas revisando las redes sociales y avalando los disparates que se divulgan por las mismas. Su otra actividad es hacer viajes para reunirse con personajes impresentables que forman parte del sector latino de la campaña de Trump, en los que abundan esa fauna de los Scatturice y los Cerimedo, que explican junto a los marginales de la AFA esa desesperación por colonizar la justicia federal, con una complicidad trasversal.
Mientras tanto, los temas que hacen al futuro de la Nación apenas se debaten, como el problema educativo mostrado por los últimos índices y que dejan claro la desigualdad en el nacimiento: según la provincia donde se nace hay más o menos oportunidad de acceder a un buen nivel educativo, sin el cual lograr una inserción laboral adecuada es imposible.
También tenemos la indiferencia hacia los problemas de la Defensa, con el presupuesto más bajo del mundo y de nuestra historia, que se traduce en sueldos bajos, falta de mantenimiento de material, de reposición y que solo se limita a suprimir cuarteles y bases sin ningún criterio estratégico.
Y ni hablar del debate sobre el rol y ubicación de la Argentina en este mundo donde se abandonan reglas y acuerdos multilaterales y aquí estamos sin política exterior.
Motosierra en vez de bisturí, destrucción sin construcción.
Cuando los liberales planteábamos el desarme del Estado empresario decíamos que debían liberarse recursos, suprimiendo el déficit de empresas y servicios ineficientes para ganar eficiencia, mejores prestaciones y liberar recursos a fin de que el Estado cumpliera con sus funciones esenciales: justicia, seguridad, defensa, infraestructura, salud. A las que se deben agregar las funciones de la educación y la salud, con las cuáles ofrecer una base para que la igualdad de oportunidades sea posible y no una frase linda para la tribuna.
* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.