11 de mayo de 2026 - 00:00

La generación puente: los +50 frente a la inteligencia artificial

Los mayores de 50 conforman una generación puente: fueron educados en paradigmas analógicos, pero buena parte de su vida laboral, social y cotidiana transcurrió ya dentro de la cultura digital. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de estos perfiles frente a la IA?

Aprendieron a adaptarse a sucesivas transformaciones (la computadora personal, internet, el correo electrónico, los teléfonos inteligentes, las redes sociales, las plataformas de gestión y ahora la inteligencia artificial) sin haber sido formados originalmente para ese mundo.

Esa trayectoria coloca a los perfiles de más de cincuenta años en una posición singular: pueden tener menos familiaridad intuitiva con ciertas interfaces nuevas, pero cuentan con experiencia, criterio, memoria institucional y capacidad de contextualización para usar la IA de manera más reflexiva.

Esta mirada permite discutir un prejuicio frecuente: la idea de que innovación y juventud son casi sinónimos. En el mundo laboral actual, atravesado por la inteligencia artificial, esa asociación empieza a quedar corta. Los jóvenes suelen tener mayor velocidad de apropiación tecnológica, más familiaridad con entornos digitales y menos temor a experimentar con nuevas herramientas. Pero la IA no exige solamente rapidez. Exige saber preguntar, interpretar, contrastar, decidir, evaluar riesgos y comprender contextos. Y en esas competencias, muchas personas mayores de 50 tienen una ventaja que el mercado laboral no siempre reconoce.

La inteligencia artificial generativa está modificando tareas en casi todos los sectores: administración, educación, comunicación, salud, finanzas, comercio, atención al cliente, programación, diseño y gestión. Pero los estudios coinciden en que el impacto no será simplemente una sustitución masiva de personas por máquinas.

La Organización Internacional del Trabajo sostiene que la mayoría de los empleos estarán más expuestos a transformaciones que a una automatización completa, porque la intervención humana seguirá siendo necesaria en muchos procesos. Ese dato es clave para pensar a los +50. Si el futuro del trabajo no depende solo de aprender a usar una herramienta, sino de combinar tecnología con juicio humano, experiencia y responsabilidad, entonces la generación puente puede ocupar un lugar estratégico. Su principal fortaleza es el haber atravesado varias olas de cambio y haber aprendido a traducir conocimientos previos a nuevos entornos.

El informe del Foro Económico Mundial sobre el futuro del empleo muestra que, hacia 2030, casi seis de cada diez trabajadores necesitarán algún tipo de formación o actualización. Pero también destaca que, junto con la alfabetización digital, crecerá la importancia de habilidades humanas como el pensamiento analítico, la resiliencia, la flexibilidad, el liderazgo, la influencia social, la creatividad y la capacidad de aprendizaje permanente.

Los adultos de más de 50

Los perfiles +50 reúnen estas características. Muchos de ellos han construido durante décadas competencias que hoy vuelven a ser centrales: resolver problemas complejos, comprender procesos organizacionales, tomar decisiones con información incompleta, leer climas institucionales, coordinar equipos, negociar, comunicar, priorizar y anticipar consecuencias.

En un contexto donde la IA puede producir respuestas rápidas, pero no siempre confiables, esas capacidades pueden convertirse en una ventaja competitiva. En este sentido, deberían tener mayores oportunidades laborales.

La pregunta es si las empresas, los Estados y las instituciones educativas están generando condiciones para que puedan actualizar sus saberes sin quedar atrapados en prejuicios de edad. La OCDE advierte que, en los países miembro, la tasa de empleo de las personas de 50 a 64 años sigue siendo bastante menor que la de los trabajadores de 25 a 49 años. También señala que, cuando una persona mayor pierde el empleo, le resulta más difícil reinsertarse, y que las políticas laborales deben remover barreras, combatir la discriminación por edad y promover lugares de trabajo más inclusivos.

En Argentina, algunos relevamientos recientes también muestran esa tensión. Informes difundidos sobre talento “silver” señalan que una proporción importante de empresas no incorporó personas mayores de 55 años durante el último año y que los trabajadores de entre 50 y 65 años siguen subrepresentados en muchas dotaciones.

Aunque se trata de datos provenientes de relevamientos privados, permiten ver una contradicción conocida: se valora la experiencia en el discurso, pero muchas veces se la excluye en la práctica. El riesgo es que la inteligencia artificial refuerce ese sesgo. Si la capacitación en IA se ofrece primero a los perfiles jóvenes, si los procesos de selección asumen que una persona mayor tiene menos capacidad de adaptación, o si los algoritmos de reclutamiento penalizan trayectorias extensas, interrupciones laborales o cambios de carrera, la tecnología puede profundizar una discriminación que ya existía. La brecha no estaría entonces en la edad, sino en las oportunidades de actualización.

Sin embargo, algunos estudios recientes permiten mirar el escenario con más optimismo. Un informe de AARP, organización sin fines de lucro de EEUU que trabaja por los derechos de las personas de más de 50 años, sostiene que los trabajadores mayores de 50 están cerrando la brecha tecnológica con sus pares más jóvenes. Según ese relevamiento, en los últimos cinco años aumentaron sus habilidades tecnológicas disruptivas y muchos ocupan roles más resistentes a la automatización porque requieren capacidades humanas como liderazgo, criterio y colaboración.

El escenario laboral en tiempos de la IA

Este punto cambia el foco. Los +50 no deberían ser pensados solo como destinatarios de programas de reconversión, sino como protagonistas de equipos intergeneracionales. En una organización inteligente, los más jóvenes pueden aportar velocidad, exploración de nuevas herramientas y familiaridad con lenguajes digitales. Los mayores pueden aportar experiencia, comprensión del negocio, memoria institucional, mirada ética y capacidad para distinguir entre una respuesta técnicamente correcta y una decisión realmente adecuada.

La IA, además, puede abrir oportunidades concretas para esta franja etaria. Puede facilitar la actualización profesional, permitir nuevas formas de trabajo independiente, ayudar a sistematizar conocimientos acumulados, asistir en tareas administrativas, mejorar la productividad, reducir barreras físicas o cognitivas y ampliar la participación laboral de personas que desean seguir activas.

El Urban Institute plantea que los trabajadores mayores necesitan fortalecer alfabetización digital, alfabetización en IA y alfabetización informacional, pero también destaca la importancia de integrar esas habilidades con competencias duraderas como pensamiento crítico y capacidad de interpretación. Ahí aparece una oportunidad enorme: formar a los +50 no desde el déficit, sino desde su capital previo. No se trata de enseñarles IA como si empezaran de cero, sino de mostrar cómo esas herramientas pueden potenciar lo que ya saben hacer. Un profesional con experiencia puede usar IA para analizar documentos, preparar presentaciones, revisar información, explorar escenarios, automatizar tareas rutinarias, crear contenidos, organizar procesos o mejorar la toma de decisiones. Pero para hacerlo bien necesita algo más que un tutorial: necesita criterios de uso, acompañamiento, práctica situada y confianza.

También hay una dimensión cultural. En muchos ámbitos laborales todavía circula la idea de que los trabajadores mayores son menos flexibles, más caros o menos adaptables. La OCDE y AARP han señalado que las fuerzas laborales multigeneracionales aportan valor a las organizaciones, aunque muchas empresas todavía carecen de políticas concretas para contratar, retener y desarrollar talento de distintas edades.

La paradoja es evidente: justo cuando la IA vuelve más necesarias las habilidades humanas, el mercado laboral corre el riesgo de descartar a quienes más experiencia tienen en ellas. La innovación mal entendida puede empobrecer a las organizaciones si solo busca juventud, velocidad y dominio instrumental. La verdadera innovación necesita diversidad generacional, porque los problemas complejos no se resuelven únicamente con herramientas nuevas, sino con miradas distintas.

La inclusión laboral de los +50 en tiempos de inteligencia artificial no debería pensarse como una concesión social, sino como una estrategia de futuro. En sociedades que envejecen, excluir tempranamente a trabajadores con experiencia es un desperdicio económico, cultural y humano. En contextos de envejecimiento poblacional, sostener la empleabilidad de las personas mayores puede ser clave para la productividad, el bienestar y la sostenibilidad de los sistemas laborales. Por eso, hablar de IA y trabajo exige revisar qué entendemos por talento. El talento no está solo en quien aprende rápido una aplicación nueva. También está en quien sabe para qué usarla, cuándo desconfiar de una respuesta, cómo leer una situación, cómo acompañar a otros, cómo cuidar la calidad de una decisión y cómo conectar la tecnología con necesidades reales.

La inteligencia artificial puede convertirse en una amenaza si se usa para acelerar la exclusión. Pero también puede ser una oportunidad si permite ampliar la vida laboral, reconocer saberes acumulados y construir equipos donde distintas generaciones aprendan unas de otras.

Quizá sea momento de dejar de preguntar si los mayores de 50 podrán adaptarse a la inteligencia artificial. Ya demostraron muchas veces que pueden adaptarse: pasaron del papel a la pantalla, del teléfono fijo al celular, del archivo físico a la nube, de la reunión presencial a las plataformas, del correo electrónico a los entornos colaborativos. La pregunta más justa es otra: si el mundo laboral estará dispuesto a reconocer que esa historia de adaptación también es una forma de innovación.Porque la generación puente no representa el pasado. Representa una posibilidad: la de unir experiencia humana y transformación tecnológica para que la inteligencia artificial no sea solo más velocidad, sino también más criterio, más inclusión y mejores decisiones. dad, sino también más criterio, más inclusión y mejores decisiones.

* La autora es especialista en innovación educativa.

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