19 de agosto de 2026 - 00:25

El tiempo cíclico de la tierra: Malargüe y la memoria trashumante

Hace unos cuantos años emprendí la tarea de reorganizar mi mirada sobre el Malargüe en el que nací y crecí. Para descripciones ya existía mucho: fotos, alegorías, homenajes, festivales. Me interesaba menos folclorizar ese testimonio que reponer dos interrogantes urgentes: ¿Cómo resiste ese modo de vida puestero? Y ¿puede la trashumancia aportar a nuestra crisis civilizatoria?

    Hace unos años, cuando el cineasta "Tato" Moreno comenzó a rodar Arreo en los campos del sur mendocino, pocos imaginaban que aquella apuesta documental se convertiría luego en testimonio visual de una forma de vida que se sostiene en el filo del olvido. Moreno siguió los pasos de la familia Parada, puesteros trashumantes de Malargüe, y registró con una mirada que no disimula la dureza de una existencia signada por el arreo, el frío de la invernada y la esperanza de la veranada. Ese material fílmico, premiado en festivales internacionales, fue un primer destello: la trashumancia no era apenas un relicario folclórico, sino una práctica viva, compleja y amenazada.

    Sin cámaras, pero con grabadores y cuadernos de campo, hace unos cuantos años emprendí la tarea de reorganizar mi mirada sobre el Malargüe en el que nací y crecí. Para descripciones ya existía mucho: fotos, alegorías, homenajes, festivales. Me interesaba menos folclorizar ese testimonio que reponer dos interrogantes urgentes: ¿Cómo resiste ese modo de vida puestero? Y ¿puede la trashumancia aportar a nuestra crisis civilizatoria? No se trata de preguntas retóricas. Es el eje de una indagación que recorre la apropiación violenta de la tierra, la desestructuración identitaria y la desamorada relación del Estado con una forma de vida que es la columna vertebral del pastoreo en la provincia. Por caprichos de la vida, esas preguntas y ese territorio sedimentaron el libro Malargüe: entre veranadas e invernadas. Pasado y futuro de un pueblo trashumante, como intento de una exploración a la vez que sensible, lo más rigurosa posible.

    Este libro editado por la Ediunc elige visibilizar el cansancio de la vida campesina e indígena en el sur provincial, por la vía de desnudar las estructuras que explican por qué ese cansancio persiste. Esa porfía puestera no emerge como una nostalgia ingenua por un pasado que se desvanece, más bien trasmuta en un análisis crítico del presente: la mayor producción de chivos a nivel nacional no alcanza para garantizar la permanencia de quienes los crían. La vida en los puestos, el ciclo entre veranadas e invernadas, la resistencia de familias enteras que se aferran a la tierra como se aferran a su nombre: todo eso está en el libro, pero también está la pregunta por el futuro.

    Si la película de Moreno filmó el cuerpo de la trashumancia, aquí procuramos escribir sobre su alma. La hipótesis del libro se recuesta sobre ello: estamos frente al ocaso de una cultura de resistencia, pero también frente a la posibilidad de que esa cultura nos enseñe algo sobre cómo habitar el mundo en tiempos de incertidumbre. El signo distintivo de Malargüe no es solo geográfico: es temporal, es cíclico, es la memoria de un pueblo que aprende a moverse con las estaciones para no desaparecer.

    Quizás por eso este libro llega en el momento justo. No para reificar un pasado, sino para interpelar un presente de despojos territoriales, extranjerizaciones y extractivismos, que sigue dándole la espalda a quienes, desde el silencio de la cordillera, sostienen una de las experiencias socioterritoriales más singulares que aún sobreviven en nuestra América. Malargüe: entre veranadas e invernadas es, en el fondo, una invitación a mirar de frente ese campo olvidado y reconocer que, en su permanencia, hay un largo camino de justicias por andar.

    * El autor es docente, escritor e investigador mendocino. Autor de “Malargüe: entre veranadas e invernadas. Pasado y futuro de un pueblo trashumante”. (Ediunc, 2026).

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