La cancillería brasileña escaló una inédita crisis diplomática con nuestro país desde el retorno de la democracia al decidir que su embajador en la Argentina, Julio Bitelli, no regrese a Buenos Aires. De este modo, rebajó la relación entre los principales socios del Mercosur al nivel de encargado de negocios, una categoría casi protocolar, sobre todo entre naciones con relaciones políticas, económicas, geográficas y culturales de tradición histórica.
El paso del Palacio Itamaraty se produjo apenas horas después de que el presidente Javier Milei lanzara un nuevo round de ataques a su par de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, durante el raid mediático del pasado fin de semana en el que no sólo no se desdijo, sino que justificó el referirse a Lula como “ladrón” y “presidiario”. Antes ya había acusado a su gobierno de aportar 25% de los fondos para una supuesta ”campaña antiargentina” en redes sociales coincidente con la final del reciente Mundial de fútbol y ahora agregó que, en 2023, Lula financió con US$1.000 millones la campaña presidencial de Sergio Massa.
La suma colmó la paciencia del gobierno brasileño que, según la Cancillería argentina, solicitó que también el embajador de nuestro país en Brasilia, Daniel Raimondi, regrese a Buenos Aires de manera de mantener el vínculo al mismo nivel. Un comunicado oficial del Palacio San Martín calificó como “unilateral” la decisión y descartó retirar a Raimondi.
No es el único incidente diplomático reciente de este nivel. En mayo de 2024 ocurrió uno similar con España tras un viaje de Milei a una convención del ultraderechista partido Vox en el que trató de “corrupta” a Begoña Gómez, la mujer del presidente socialista español, Pedro Sánchez, cuya causa por malversación de caudales públicos y tráfico de influencias ya fue elevada a juicio oral y público.
Entonces, la cancillería española llamó a consultas a su embajadora María Jesús Alonso quien nunca volvió a la Argentina y en noviembre del mismo año fue reemplazada por el actual embajador, Joaquín María de Aristegui, tras aplacarse el conflicto. No obstante, el presidente Milei ha realizado seis viajes a España desde que inició su mandato y en ninguno mantuvo contacto alguno con el gobierno de aquel país ni con el rey Felipe VI.
Son los casos más emblemáticos del actual estilo de relaciones exteriores de la Argentina, pero no los únicos. La tensión más evidente es con Venezuela de donde hubo que evacuar la embajada que, paradójicamente, quedó bajo custodia de Brasil durante casi un año y medio entre 2024 y 2025. Por esos días también se registró un cortocircuito con el expresidente izquierdista de Colombia, Gustavo Petro, que incluyó desde el retiro del embajador colombiano hasta la expulsión de diplomáticos argentinos de la embajada en aquel país. El vínculo se recompuso, pero se mantuvo una frialdad que seguramente termine tras la asunción del nuevo mandatario derechista, Abelardo de la Espriella.
El “modo Milei” de relacionarse con el mundo ha provocado sacudones hacia el interior del propio gobierno. El actual ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, es el tercero en tres años de gestión tras las eyecciones de Diana Mondino, primero, por apoyar el fin del bloqueo a Cuba en la ONU (una tradicional posición de la Argentina en ese ámbito) y de Gerardo Werthein, después, por intrigas palaciegas en el vínculo con los Estados Unidos.
La de Brasilia, junto con las de Madrid y Washington DC, son las representaciones diplomáticas más importantes de nuestro país, a las que se suman las de Londres, Roma y París, por historia, y Pekín, por actualidad geopolítica.
Brasil es desde 1991 el principal socio comercial de la Argentina. No hay país en el mundo que tenga un comercio bilateral tan fuerte con nuestro país. De los 49.454 millones de dólares que el país exportó en el primer semestre de este año, US$6.255 millones, el 12,6%, tuvieron como destino a Brasil, que aventajó por algo menos de tres puntos a China y Estados Unidos.
Para Mendoza, en tanto, representa más de una cuarta parte de sus exportaciones y es un socio estratégico para las industrias vitivinícola, frutihortícola y agroindustrial. Según el Informe Anual 2025 elaborado por ProMendoza, el mercado brasileño absorbió US$409 millones en productos mendocinos durante el año pasado, sobre un total exportado de US$1.538 millones, lo que representa alrededor del 27% de todas las ventas externas de la provincia.
Este repaso ayuda a poner en contexto frases que incluye el comunicado de la Cancillería argentina sobre la actual crisis con Brasil. Lamenta la decisión brasileña de “continuar aislándose del resto de la región por razones puramente ideológicas” y la contrasta con la actitud de nuestro país: “Nunca respondimos a una diferencia política con una medida institucional”.
Después indica que la Argentina “reafirma que las relaciones entre los Estados deben responder a los intereses permanentes de sus pueblos y no quedar supeditadas a las necesidades políticas y/o personales de los gobernantes de turno”.
Da la impresión de que la política exterior argentina tiene un problema de autopercepción. Se visualiza con un pragmatismo que la deja a salvo de las acciones concretas de sus funcionarios, en este caso el propio presidente de la Nación.
Como si los insultos fueran pronunciados por un avatar que, empeñado en una batalla cultural, enarbola motosierras o tijeras y pronuncia discursos incendiarios en actos de campaña de candidatos afines en otros países y eso pudiera escindirse del Javier Milei al que el pueblo argentino eligió con el principal mandato de reencausar una economía desquiciada. Ni más, ni menos.
* El autor es periodista. [email protected]